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Economía solidaria y banca ética: alternativas sin la minoría opulenta.

Economía verde, grupo de trabajo de la Coordinadora Verde.

“Si las elecciones estuvieran abiertas a todo tipo de gentes, la propiedad de los terratenientes estaría insegura”. Esta frase no es de ningún dictador bananero, sino del principal forjador del sistema constitucional de EE. UU., James Madison. Madison fue el ideólogo de la Carta Magna norteamericana, que después sirvió como referencia para la Revolución Francesa y las posteriores revoluciones burguesas que dieron lugar a nuestras actuales democracias.

El gobierno tiene la responsabilidad de proteger a la minoría opulenta frente a la mayoría, decía Madison. Y de inyectar a nuestros opulentos banqueros todo el dinero público que sea preciso, podría haber añadido actualmente. La minoría opulenta es también la que fija los términos del debate público y la que determina en todo momento de qué hay que hablar y en qué términos. Si Eisenhower habló en su momento del complejo militar industrial, también se puede hablar hoy día de la existencia del complejo político mediático. Complejo que impone de qué se debe hablar y cuáles son las posibles opciones dentro de cada cuestión, excluyendo otros enfoques posibles. Ahora está sucediendo con la crisis económica. Da igual que sea un partido o un medio de comunicación de derechas o de “izquierdas” –o lo que nos venden como izquierdas–, al final los análisis acaban siendo muy similares y la conclusión es básicamente la misma: no hay alternativa al sistema económico actual y la ciudadanía de este país tiene que asumir que vendrán ajustes duros y necesarios; es decir, que ellos van a pagar la factura de la crisis creada por la minoría opulenta.

Se dice que ésta fue en origen una crisis financiera provocada por un exceso de avaricia de unos cuantos desaprensivos. Un análisis más profundo nos haría entender que la avaricia, o mejor dicho, la usura, es precisamente la seña de identidad del sistema financiero global. Resulta que el 95% del dinero en circulación es creado por los bancos a través de créditos sin una base de dinero real. Los Estados sólo crean un 5% del dinero, que es un producto prácticamente monopolizado por entidades financieras privadas. Por ejemplo, en la UE, los bancos sólo tienen que tener en reserva el 2% del dinero total. El resto está invertido y prestado, pero no hay nada real detrás de estas operaciones, ese dinero no existe materialmente, no está depositado en ningún lado. Es un contrato que tiene valor porque así se lo concede la sociedad. Todo el mundo sabe que si la gente fuera en masa a sacar el dinero de los bancos, éstos quebrarían porque no hay tanto dinero real como el que mueve su actividad; en realidad, repito, sólo hay un 2% de ese dinero en Europa, incluso menos, porque ciertos fondos están excluidos de este coeficiente de caja. Los bancos no tienen el dinero que nos prestan. Eso sí, los ciudadanos y ciudadanas que piden préstamos tienen que devolver a los bancos todo lo que han pedido más unos suculentos intereses. ¿No es esto usura, más teniendo en cuenta que los Estados tienen la capacidad legal de crear el dinero, y sin embargo dejan que sean los bancos, entidades privadas con afán de lucro, los que asuman esta tarea? Mayer Rothschild, miembro de la dinastía europea de banqueros más poderosa, dijo una frase reveladora: “dejadme emitir y controlar la creación del dinero de una nación y me dará igual quién haga las leyes”.

Tal vez haya llegado el momento de practicar la verdadera democracia y empezar a construir un mundo nuevo al margen de la minoría opulenta. Tenemos el talento de millones y millones de personas sin trabajo que piensan que su única manera de salir adelante es siendo empleadas por cuenta ajena por una empresa que además les explota por un sueldo miserable. A estos desempleados hay que unir a aquellas personas que, a pesar de trabajar, no ganan el suficiente dinero como para poner en marcha su propio proyecto vital. ¿De verdad que no es posible vivir mejor aprovechando el potencial de tanta gente? Tal vez sí haya alternativas. Ciertamente no son alternativas que gusten a la minoría opulenta, pero existen para su desgracia. Según CEPES, la patronal de las empresas de la economía social, este sector genera más de 2,5 millones de puestos de trabajo y supone el 10% del PIB. Estoy hablando de la autoorganización, de la formación de cooperativas y de pequeños mercados locales basados en la economía real y en la consolidación de redes de productores, distribuidores y consumidores responsables. La Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS), que tiene cada vez más miembros en todo el territorio nacional y que no deja de crecer, es un buen ejemplo de ello.

La economía local y solidaria funciona, y funciona precisamente porque no puede meter sus garras la especulación, ni con los productos, porque se basa en la producción de bienes destinados a satisfacer necesidades reales, ni con las finanzas, gracias a que también existen las finanzas éticas: bancos y cooperativas de crédito que sólo destinan sus fondos a negocios basados en la economía real. Su objetivo es financiar iniciativas socialmente beneficiosas y medioambientalmente sostenibles. Este es el caso de las entidades pertenecientes a la Alianza Global por una Banca con Valores, fundada por el banco bengalí BRAC Bank, el banco cooperativo estadounidense ShoreBank y Triodos Bank, el líder europeo en banca ética. Muchos de estos bancos y cooperativas de crédito éticos incorporan además un modelo de gestión participativo en el que los ciudadanos y ciudadanas se convierten en gestores de la entidad, como es el caso de  Coop 57 y el Proyecto  Fiare. Entidades que ponen la intermediación financiera al servicio de las personas, y no a las personas al servicio de los intereses de una minoría opulenta.

Daniel de Cuestiones sobre economía verde.

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