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El proyecto Fiare de Banca Ética ¿Qué queremos decir cuando hablamos de alternativas?

La respuesta puede parecer obvia: frente al sistema económico actual, pensar en alternativas es pensar en otros modos de realizar actividades económicas que no generen los problemas que produce este sistema: insostenibilidad medioambiental, pobreza extrema, bienes básicos sujetos a especulación, oligopolio de las agencias de rating, países en manos de “mercados”… Sin embargo, afirmar algo tan evidente no es suficiente. Es necesario profundizar un poco más si no queremos caer en una simplificación que allane el camino a un fácil desprestigio de cualquier propuesta alternativa en manos de argumentos de índole práctico que sitúan dichas propuestas en el cementerio de los sueños imposibles.

Esta necesaria profundización en la naturaleza de las alternativas económicas resulta imprescindible al entender que, frente a todas esas situaciones absolutamente rechazables, abrumadoramente injustas, se muestra una sombría realidad: hoy no es posible pensar en que se promueva una alternativa formalizada y completa al neoliberalismo, y muy especialmente al sistema financiero, que es su núcleo. Las llamadas a su refundación o, al menos, a una profunda revisión, realizadas tras el crack financiero desde muy diversos ámbitos, en muchos casos por personas nada sospechosas de tener aspiraciones ni tan siquiera levemente progresistas, finalmente han quedado en nada. Cualquier intento, surja de donde surja, choca con formidables barreras: la imposibilidad que surge de la necesidad de conjugar una transición necesariamente global con estructuras políticas no globalizadas es una de ellas. Otra, quizás la más determinante, es la cada vez más alarmante subordinación del poder político al económico, que imposibilita pensar en poderes públicos lo suficientemente libres como para impulsar transiciones que pudieran ir en perjuicio de las personas y organizaciones más poderosas del planeta.

Los contornos de la Banca Ética

Es ante esta sombría realidad ante la que cabe reconocer el valor y alcance de las propuestas de alternativa. ¿Quiénes tienen (tenemos) la legitimidad, la capacidad y, sobre todo, la motivación para promoverlas? Ante esta radical pregunta, la Banca Ética plantea una posible respuesta, quizás la única hoy en día: es necesario articular a la ciudadanía organizada, que rescata un lugar y una responsabilidad social que nunca debió perder. Los proyectos de Banca Ética no se sitúan en las grandes estructuras macroeconómicas. No es esa su vocación. Sus dinamismos van íntimamente unidos a una estrategia de agregación ciudadana para la transformación, como medio de ir articulando un espacio de alternativa. Banca Ética y responsabilización ciudadana se vinculan de forma muy estrecha desde el convencimiento de que la ineludible superación del sistema económico actual pasa necesariamente por esa reconquista del espacio público que supere nuestra condición de meros consumidores.

Esta inspiración esencial de la Banca Ética condiciona radicalmente los contornos de estas iniciativas y ayuda a entender su valor. Es bien cierto que una mirada ética a la intermediación financiera nos remite inmediatamente al bien social de esta actividad y plantea preguntas tan sencillas como los criterios de reconocimiento del derecho al crédito, la distribución de los excedentes, los mecanismos de retribución, la cartera de inversión, el uso de paraísos fiscales, etc.

Pero esa misma mirada nos plantea también cuál es el lugar de la ciudadanía en la construcción y desarrollo de proyectos de intermediación financiera que respondan a las exigencias de la justicia. Es importante no olvidar este segundo horizonte ético, porque en muchas propuestas autocalificadas como solidarias, cívicas, sostenibles o éticas no se encuentra ni rastro de la efectiva participación, con poder e información, de la ciudadanía en ellas. La Banca ética trata de rescatar el valor social de la intermediación financiera, planteándola de tal manera que las respuestas a esa mirada ética que la orienta al bien común se sacudan el yugo de la utilidad económica para quienes tienen el poder, al tiempo que promueven un marco de transformación al que esa ciudadanía hoy adormecida se encuentra convocada como protagonista y responsable. Se condiciona así no solo la práctica bancaria de los proyectos de Banca Ética, sino aspectos tan esenciales como su estructura de poder y propiedad o su estrategia de crecimiento.

El Proyecto Fiare

Esta naturaleza de alternativa ciudadana es la principal seña de identidad del Proyecto Fiare (www.proyectofiare.com), una iniciativa en marcha desde el año 2003 y que reúne ya una base social de más de dos mil personas y organizaciones, articuladas en redes territoriales y grupos locales por toda España. Operando inicialmente con el apoyo de la italiana Banca Popolare Ética hasta el momento de su establecimiento definitivo como cooperativa de crédito, ha recogido ahorro por valor de más de 30 millones de euros, y ha concedido financiación a más de 150 proyectos por un valor superior a los 23 millones de euros.

Vinculada estrechamente su actividad de crédito al apoyo de proyectos de alto valor social como la lucha contra la exclusión, la cooperación al desarrollo, la agroecología o la economía solidaria, el Proyecto Fiare declara su compromiso por convertirse en una alternativa posible hoy, que vaya desarrollándose sobre la base de una ciudadanía que entiende que no solo es necesario consumir responsablemente, sino que es urgente contribuir a la construcción de proyectos sostenibles que ofrezcan desde la autonomía y el conocimiento de la realidad palancas de transformación social.

Por eso resultan tan importantes para el Proyecto Fiare aspectos como su estilo de construcción, su estructura de propiedad, su carácter esencialmente no lucrativo o su metodología de evaluación de los proyectos a financiar. Por eso el marco jurídico es cooperativo. Por eso mantiene vivos más de treinta grupos locales y una red organizacional presente en casi todo el estado, que garantiza la cercanía y mutua implicación de la herramienta financiera y la base social, desarrollando la estructura operativa sobre la base de una estrecha cercanía y conocimiento de las realidades de injusticia que persigue cambiar.

En las Islas Baleares, contamos con la Asociación Fiare Illes Balears nacida de los esfuerzos de numerosos ciudadanos y entidades sociales. Los objetivos son los de contribuir en la construcción de la cooperativa facilitando las aportaciones al capital y el ahorro, fomentar las finanzas éticas e incentivar y evaluar los nuevos proyectos medioambiental y socialmente positivos en el territorio. Ser miembro de la asociación es ser miembro del proyecto colectivo, ciudadano y cooperativo de finanzas éticas Fiare.

www.proyectofiare.com

Peru Sasia.

Fuente: Revista Namaste.

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