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Banca cooperativa.

Según los calendarios maya e hindú, 2012 (o uno muy cercano) marca la transición de una era de oscuridad, violencia y avaricia a una de claridad, justicia y paz. Es difícil ver ese cambio en lo que nos cuentan los principales medios de comunicación, pero sí parece que está operándose un cambio detrás de los escenarios, y esto es especialmente cierto en el una vez aburrido mundo de la banca.

En la era oscura de Kali Yuga, el dinero es el rey, y es a través de los bancos que los intereses de los adinerados han conseguido su poder. En la era de la avaricia, los bancos están dominados por la usura, el fraude y el abuso del sistema por parte de intereses privados. Pero hay otra forma de hacer finanzas: el planteamiento de buena vecindad de George Bailey en la película Qué bello es vivir. En lugar de alimentarse de la comunidad, la banca puede alimentar a la comunidad y a la economía local.

Hoy, los grandes bancos, demasiado grandes para dejarles quebrar, prácticamente no prestan dinero como George Bailey. No están interesados en prestar a la comunidad. Se dedican a promover sus propios intereses, lo que generalmente significa especular en contra de los intereses locales. Se ocupan en planes intensos que prometen beneficios rápidos: especulación en materias primas que impulsa al alza los precios de los productos básicos; compras con dinero prestado que pueden ocasionar despidos masivos y cierres de fábricas, e inversiones en compañías extranjeras que compiten con nuestras empresas locales.

Podemos hacer muchas cosas para detenerlos. Han conseguido poder, sobre todo a nivel federal. Pero podemos desarrollar un modelo alternativo, y eso es lo que está sucediendo en varios frentes locales.

Los más visibles son los movimientos ‘Move Your Money’ y ‘Occupy Wall Street’. Según el sitio web de la campaña Move Your Money, alrededor de 10 millones de cuentas bancarias han abandonado los bancos más grandes desde 2010. Una consecuencia de ello ha sido el aumento repentino del interés en las cooperativas de crédito. La Asociación Nacional de Cooperativas de Crédito ha informado que en 2012, por primera vez en su historia, los activos de las cooperativas de crédito han sobrepasado el billón de dólares. Las cooperativas de crédito son organizaciones sin ánimo de lucro y orientadas a servir a la comunidad, con menos comisiones y menos letra pequeña que los grandes bancos, y sus usuarios no son solo clientes, sino también propietarios, que comparten la propiedad de forma cooperativa.

Mueve ‘Nuestro’ Dinero: el movimiento de banca pública

La campaña Move Your Money ha sido tremendamente exitosa movilizando gente y elevando la conciencia de los problemas, pero no ha afectado mucho a las reservas de los bancos de Wall Street, que ya contaban con 1,6 billones de dólares en reservas debido a la segunda ronda de flexibilización cuantitativa de la Reserva Federal de 2010. Pero todavía se podría luchar para que los gobiernos locales retiraran sus fondos de Wall Street, y eso es lo que están haciendo ahora algunos de ellos. Los gobiernos locales tienen, en conjunto, más de un billón de dólares depositados en bancos de Wall Street.

Un problema importante en el proceso de retirada de fondos es encontrar bancos locales lo bastante grandes para aceptar los depósitos. Una solución propuesta consiste en que los estados, condados y ayuntamientos creen sus propios bancos, capitalizados con sus propios fondos y financiados con sus propios ingresos como depósito de partida.

En la actualidad, solo un estado ha hecho esto: Dakota del Norte. Dakota del Norte es también el único estado que ha escapado de la crisis crediticia de 2008, luciendo un considerable superávit presupuestario año tras año desde entonces. Tiene la tasa de desempleo y la tasa de impagos más bajas del país, y el gobierno del estado no está endeudado en absoluto. El Banco de Dakota del Norte (BND, en sus siglas en inglés) tiene una excelente calificación crediticia y proporciona cada año sólidos dividendos al estado.

El modelo del BND no ha sido imitado todavía por otros estados, pero está en marcha un movimiento en este sentido. Desde 2010, 18 estados han presentado leyes de un tipo u otro para la creación de un banco de propiedad estatal.

Bancos éticos: demasiado sostenibles para quebrar

Mientras tanto, existe un fuerte movimiento a nivel local en favor de una banca ética, es decir, bancos convencionales comprometidos con préstamos responsables y servicio a la comunidad local. Son bancos como el de George Bailey, que basan sus decisiones en primer lugar en las necesidades de la gente y en la conservación del medio ambiente.

Uno de los líderes a nivel internacional es Triodos Bank, que tiene oficinas locales en Holanda, Bélgica, Reino Unido, España y Alemania. Su sitio web dice que hace inversiones socialmente responsables, que son seleccionadas de acuerdo con estrictos criterios de sostenibilidad y supervisadas por una comisión internacional de representantes de varios grupos comunitarios, medioambientales y de trabajadores. Triodos Bank ha financiado más de 1.000 proyectos de producción alimentaria orgánica y sostenible, más de 300 proyectos de energías renovables, 33 exportadores agrícolas de comercio justo de 22 países diferentes, 85 entidades de microcréditos de 43 países y 398 proyectos culturales y artísticos.

Dos bancos estadounidenses que siguen este modelo son One PacificCoast Bank y New Resource Bank. Operando en California, Oregón y Washington, One PacificCoast está compuesto de un banco de desarrollo comunitario sostenible, con alrededor de 300 millones de dólares en activos, y una fundación sin ánimo de lucro, la One PacificCoast Foundation. Su política comercial de préstamos se centra en sectores como la agricultura especializada, las energías renovables, construcción ecológica y viviendas para personas de bajos ingresos. Las actividades de la fundación incluyen programas para ayudar a eliminar la discriminación, fomentar la vivienda asequible, aliviar las estrecheces económicas, estimular el desarrollo comunitario y aumentar la educación financiera.

New Resource Bank es una corporación-B [1] con activos por valor de 171 millones de dólares, cuyo objetivo es otorgar préstamos y financiación a empresas locales ecológicas y sostenibles. New Resource ha sido reconocido en 2012 como una de las mejores empresas del mundo, situándose entre el 10 por ciento de las mejores empresas con certificación de corporación-B y con una calificación un 50 por ciento más elevada que otras 2.000 empresas sostenibles por lo que se refiere a los efectos sociales y medioambientales positivos.

Todo esto podría ser bueno para el mundo, pero ¿no es la inversión en bancos éticos locales más arriesgada y menos rentable que poner el dinero en Wall Street? No, según un estudio encargado por la Global Alliance for Banking on Values (GABV). El estudio, realizado este año, compara los perfiles financieros desarrollados entre 2007 y 2010 de 17 bancos éticos con 27 instituciones financieras global y sistémicamente importantes (GSIFIs, en sus siglas en inglés). Estas últimas son, básicamente, esos bancos demasiado grandes para permitir que quiebren como el Bank of America, JP Morgan, Barclays, Citicorp y Deutsche Bank. Según el estudio de GABV, los bancos éticos ofrecieron ganancias financieras más altas que algunas de las instituciones financieras más grandes del mundo, con unos rendimientos medios superiores al 0,50 por ciento, en comparación con el 0,33 por ciento de las GSIFIs, y una rentabilidad media de las inversiones del 7,1 por ciento, en comparación con el 6,6 por ciento de las GSIFIs. Parece, pues, que los bancos éticos son financieramente más sólidos, con niveles de rentabilidad más elevados y mejor calidad de capital, además que es dos veces más probable que inviertan su capital en préstamos.

CDFIs

Además de los bancos éticos, la inversión comunitaria en EEUU es también realizada por instituciones financieras para el desarrollo comunitario (CDFIs, en sus siglas en inglés), que incluyen bancos de desarrollo comunitario, cooperativas de crédito para desarrollo comunitario, fondos de préstamos para desarrollo comunitario, fondos de capital-riesgo para desarrollo comunitario y fondos de préstamos para microempresas. Según la Coalición de CDFIs, hay más de 800 CDFIs certificadas por el Fondo de CDFIs, las cuales operan en los estados del país y en el Distrito de Columbia. En 2008, el último año para el que existen datos disponibles, las CDFIs invirtieron 5.530 millones de dólares para crear oportunidades económicas en la forma de nuevos puestos de trabajo, viviendas asequibles, servicios comunitarios y servicios financieros para ciudadanos con bajos ingresos.

Dos de los muchos ejemplos interesantes son la Alternatives Federal Credit Union y el Boston Community Capital. La primera de ellas, con sede en Ithaca, Nueva York, está comprometida con el desarrollo comunitario y el cambio social, y forma parte del Alternatives Group, que incluye una corporación sin ánimo de lucro (Alternatives Community Ventures), una asociación comercial de grupos comunitarios, cooperativas, empresas propiedad de los trabajadores y personas individuales (Alternatives Fund), y una organización sin ánimo de lucro que facilita inversiones de capital secundario en la cooperativa de crédito (Tomkins County Friends of Alternatives, S.A.). La cooperativa de crédito tiene un capital superior a los 70 millones de dólares en activos y ofrece muchos productos financieros innovadores, incluyendo cuentas individuales de desarrollo —cuentas de ahorro especiales para residentes de bajos ingresos que ofrecen depósitos equivalentes de dos a uno hasta una cierta cantidad—, además de los servicios más tradicionales como préstamos para empresas propiedad de mujeres y otras minorías y créditos hipotecarios asequibles. La cooperativa de crédito también ofrece clases, seminarios, asesoría y programas cibernéticos para el desarrollo de pequeñas empresas, ayudas sobre exención de impuestos y una cooperativa estudiantil de crédito.

Aunque sus programas de préstamos se centran en personas de bajos ingresos, Alternatives Federal Credit Union ha tenido tasas más bajas de fraudes y morosos que muchos bancos importantes, que evitan este tipo de clientes. Boston Community Capital (BCC) es una CDFI que no es realmente un banco, pero invierte en proyectos que proporcionan viviendas asequibles y empleos en barrios de bajos ingresos. BCC se compone de un fondo de préstamos, un fondo de capital-riesgo, un fondo de préstamos hipotecarios, una asesoría de bienes raíces, un fondo de energía solar y un vehículo de inversión en el programa federal New Markets Tax Credit [2]. Desde 1985, ha invertido más de 700 millones de dólares en organizaciones y empresas locales. Estos fondos han ayudado a construir o preservar más de 12.800 viviendas asequibles, así como servicios de guardería para casi 9.000 niños y servicios de salud que han atendido a 56.000 personas. Sus inversiones han ayudado a renovar 80.000 metros cuadrados de bienes inmuebles comerciales, generar 5,9 millones de Kwh de energía solar y crear más de 1.500 puestos de trabajo.

Menos dinero para los bancos y más para los trabajadores: los modelos de Alemania y Japón

Los bancos éticos y las CDFIs son pasos en la buena dirección, pero su cuota de mercado en EEUU es pequeña. Para ver las posibilidades de un sistema financiero con vocación de servir a los ciudadanos, tenemos que mirar fuera de nuestras fronteras.

Alemania y Japón son potencias exportadoras, ocupando el segundo y tercer lugar a nivel mundial en exportaciones netas. (EEUU se sitúa en el puesto 192.) Una ventaja competitiva de estos dos países es que sus compañías tienen fácil acceso a créditos baratos de bancos de propiedad cooperativa.

En Alemania, aproximadamente la mitad de todos los activos financieros de la banca están en manos del sector público, mientras que otra parte sustancial pertenece a bancos de ahorros de propiedad cooperativa. El importante sistema financiero público de Alemania incluye 11 bancos regionales (Landesbanken) y miles de bancos de ahorros de propiedad municipal (Sparkassen). Después de la Segunda Guerra Mundial, fueron los bancos regionales públicos los que ayudaron a las empresas familiares de ámbito provincial a entrar en los mercados internacionales. Los bancos regionales públicos son herramientas fundamentales de la política industrial alemana, especializados en préstamos para medianas y pequeñas empresas, que constituyen el motor exportador del país.

Debido a los bancos regionales públicos, las pequeñas empresas tienen en Alemania tanto acceso al capital como las grandes firmas. Los trabajadores de las pequeñas empresas tienen los mismos salarios que los de las grandes corporaciones, tienen la misma formación y la misma capacitación, y tienen la misma productividad. En enero de 2011, el valor neto de las exportaciones alemanas, descontadas las importaciones, fue del 7 por ciento del PIB, el mayor índice del mundo. Pero no ha tenido que subcontratar su fuerza de trabajo para obtener esos resultados. La remuneración media por hora (salarios más beneficios) de los trabajadores fabriles alemanes es de 38,5 euros, un 50 por ciento más que los 32 dólares (25,5 euros) de media que ganan los trabajadores norteamericanos.

En Japón, los bancos no suelen ser propiedad de los accionistas, sino de otras compañías del mismo keiretsu o grupo industrial, siguiendo una estructura circular en la que las compañías son propiedad unas de otras, y viceversa. Incluso cuando hay propietarios nominales ajenos, las corporaciones son gestionadas de forma que el grueso de la riqueza generada por la corporación va a parar a los trabajadores en forma de ingresos o a la inversión en la compañía.

Desde los años 80 del pasado siglo, las compañías estadounidenses se han centrado en maximizar los beneficios a corto plazo, a expensas de los trabajadores y de los objetivos a largo plazo. Esta tendencia proviene, en parte, del hecho de que ahora son financiadas en gran parte por el capital de los accionistas, que son dueños de la compañía y solo quieren que sus beneficios crezcan. Según un informe de 2005 del Centro Europeo de Estudios Políticos de Bruselas, la financiación de capital es más de dos veces más importante en EEUU que en Europa, representando el 116 por ciento del PIB, en comparación con el 62 por ciento de Japón y el 54 por ciento de los países de la eurozona. En Europa y Japón, la mayor parte de la financiación de las corporaciones no proviene de los inversores, sino de préstamos, bien de los bancos o del mercado de bonos.

La financiación con préstamos baratos de los bancos de propiedad cooperativa deja más control de la compañía en las manos de los empleados, que o bien son dueños de ella o tienen más voz sobre su funcionamiento. El acceso a préstamos baratos puede también reducir drásticamente los costes de producción. Según la investigadora alemana Margrit Kennedy, cuando se añaden los intereses en todos los niveles de la producción, una media del 40 por ciento del coste de los bienes procede de esos intereses.

A nivel global, el emergente movimiento en favor de una banca local, de propiedad cooperativa y orientada al servicio de la comunidad está alumbrando el camino hacia un sistema financiero nuevo y sostenible. Puede que los resultados no se correspondan aún con la Era Dorada profetizada por la cosmología hindú, pero son un paso importante en esa dirección.

Notas

[1] Un nuevo tipo de corporación que utiliza el poder de los negocios para resolver problemas sociales y medioambientales [N. del T.].

[2] New Markets Tax Credit es un programa creado por el gobierno de EEUU en 2000 que ofrece incentivos fiscales para proyectos de revitalización de comunidades marginadas y empobrecidas del país.

Ellen Brown es abogada, escritora y presidenta del Public Banking Institute. Su último libro es Web of Debt.

Publicado originalmente en: Cooperative Banking, the Exciting Wave of the Future, AlterNet.

Traducción: Javier Villate.

Fuente: Disenso.

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