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¿Somos Éticos?

Esta crisis financiera que azota el primer mundo, ha provocado que se tambalee uno de los principales ingredientes de lo que denominamos el sistema capitalista, la seguridad en el dinero. Esta falta de seguridad en el dinero, nos azota el temor de no tener satisfechas ni siquiera nuestras necesidades básicas, lo que según la teoría de Maslow “la jerarquía de las necesidades humanas”, puede suponer un tremendo desasosiego para el individuo. Afectando directamente a las necesidades individuales para alcanzar el primer nivel, y a las colectivas en el segundo nivel de esta pirámide.

Lo más sencillo es culpar a los demás, y asimismo, esperar que otros nos aporten solución a todos nuestros problemas. Pero hay que hacer un poco de auto-reflexión, y descubrir que porción de responsabilidad tenemos en esta crisis, que no es poca. El que piense que el dinero es vil, se equivoca, el dinero apareció en nuestra sociedad, de la mano de los templos, el dinero es en su origen, algo sagrado, proveía la capacidad de intercambiar, entre colectivos, lo que en un inicio, era intercambio entre particulares.

El desarrollo social, el paso de la vida nómada, a la vida sedentaria, la diversidad de territorios y climas, la especialización de la producción, favoreció la aparición de excedentes de consumo, así pues el colectivo ganadero, podía alimentarse de la carne y los derivados de su ganado, cubrirse con sus pieles, y hasta cierto punto, intercambiar estos derivados de su actividad con los colectivos agrícolas, o incluso los cazadores recolectores. El sistema de trueque era altamente ineficiente, puesto que un ganadero que necesitara herramientas, tal vez no encontrara un herrero con necesidad de pieles, carne o leche, pero en cambio si necesitara trigo para hacer pan.

La aparición del dinero, favoreció este intercambio entre diversos colectivos. Pero suscitó un problema de seguridad, por lo que en los grandes mercados de intercambió, se crearon las figuras de los bancos, que permitían a los comerciantes, poder disponer de dinero en los puertos y en los mercados sin necesidad de cargar con ellos. Podían disponer de títulos reconocidos por los banqueros, donde se reconocían las cantidades depositadas. La gestión de estos depósitos de dinero, provocó un nuevo tipo de excedente, el del dinero. Los bancos, entonces, empezaron a comerciar con este dinero, ofreciendo préstamos a los particulares, con los depósitos de otros particulares, cobrando una comisión o interés por ello.

El interés, es lo que favoreció el desarrollo de grandes infraestructuras para los gobernantes o empresas, dado que emitiendo deuda, los particulares acaudalados, financiaban guerras, infraestructuras, etc. Mayores eran los intereses que pedían los prestatarios, mayores eran los intereses que se exigían a los deudores, lo que provocó que en muchos estados, se declararan leyes contra la usura. La globalización, las guerras, la explotación infantil, el malbaratamiento de los recursos en los países emergentes, la especulación con productos, bienes y servicios de primera necesidad. Ha favorecido que los bancos entren en negocios de alta rentabilidad, ofreciendo a sus clientes, muy buenos intereses por sus depósitos.

Por lo que se da la paradoja, que nos manifestemos contra las guerras, nos alarmemos con el hambre en el tercer mundo, critiquemos los gobiernos dictatoriales en los países en vías de desarrollo, pero en cambio, seamos a la vez, los patrocinadores de esta situación. De forma absolutamente activa. Quien no tiene una batería de cocina adquirida en un depósito, un despertador obtenido gracias a los puntos de las tarjetas de crédito, o un plan de pensiones. Nunca nos hemos preguntado, ni hemos preguntado a nuestro director de oficina, que hacen con nuestro dinero, la pregunta es, ¿cuánto me vas a dar?

Por lo que si no hacemos un cambio de chip en este sentido, las entidades bancarias, no se verán con la obligación de decirnos, que un 30% es de productos de primera necesidad, un 20% con activos inmobiliarios, un 20% con deuda soberana, un 15% en valores tecnológicos, y un 15% en divisas. Esto pasado por la traductora, quiere decir, que estamos colaborando con nuestro dinero en un 30% con el hambre en el mundo, con un 35% en la especulación con la deuda de países como Irlanda, España, Grecia, Italia o Portugal, con un 15% en guerras, y con un 20% en fomentar la diferencia entre ricos y pobres en los países emergentes.

La elección es muy sencilla, nuestro excedente económico, es nuestra mayor contribución al bienestar o no del mundo, una gestión ética de este recurso, es exigir además de un rendimiento para nosotros, un respeto a la humanidad.

Fuente: Banca Ética.

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