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Finanzas éticas: dinero al servicio de las personas y del bienestar colectivo.

Las finanzas éticas son aquel conjunto de entidades que, a través de la intermediación financiera (recoger ahorro y dar financiación) intentan hacer una tarea de transformación social en positivo. Cómo lo hacen? Muy sencillo: incorporando criterios éticos a la hora de decidir cuáles son los proyectos, entidades y empresas que se financian con el dinero captado a través del ahorro.

La banca convencional orienta el dinero recogido desde el ahorro a realizar inversiones que le permitan maximizar su beneficio y esto provoca que muchas veces estén financiando empresas empresas que vulneran de forma grave y sistemática los derechos humanos, laborales y medioambientales que generan ingentes beneficios que repercuten positivamente en las cuentas de los bancos y de sus accionistas pero no por el conjunto de la sociedad.

Las finanzas éticas, en cambio, orientan el ahorro recogido hacia la financiación de proyectos que sean viables económicamente pero que, además, aporten un valor añadido en el desarrollo de su actividad. Se centran en financiar proyectos enmarcados en la lógica de la economía social y solidaria, financian empresas productivas que generan valor social, especialmente el sector cooperativo, empresas de inserción social y laboral, proyectos medioambientales, culturales, educativos, el asociacionismo de base y los movimientos sociales. Empresas, entidades y colectivos que orientan su labor a generar impactos positivos para el conjunto de la sociedad.

Pero las finanzas éticas, aparte de las aportaciones directas que hacen con su labor de intermediación financiera, aportan otro valor añadido tanto o más importante que el primero: romper paradigmas.

El papel de los bancos en nuestra sociedad

Seguramente la pregunta que más veces se hace alrededor de las finanzas éticas es aquella que dice: “y esto de banca y ética ya puede ir junto? No es un oxímoron, una contradicción? ”

Esta pregunta nos enseña cómo de fuertes son algunas premisas y / o estructuras mentales en torno al papel que los bancos deben jugar en nuestra sociedad. Nos hemos acostumbrado y hemos normalizado tanto la idea de que los bancos deben perseguir el beneficio económico por encima de todo y de todos que cuando el planteamiento es diferente nos suena a planteamiento irrealizable, a contradicción ya algo que no puede ser viable o que es algo antinatural.

Bien, pues el primero de los paradigmas que rompen las finanzas éticas es precisamente este y nos demuestran que un banco o entidad financiera puede jugar un papel beneficioso para el desarrollo social y humano de una sociedad. Las finanzas éticas entienden la función de intermediación financiera como un servicio que puede ayudar a sacar adelante proyectos que aportan un valor añadido para el conjunto de la sociedad y que contribuyen a que nuestra sociedad y entorno sea un espacio donde mejore el bienestar colectivo.

Los objetivos de las finanzas éticas

Las finanzas éticas también modifican y rompen paradigmas en los objetivos que persiguen. Cuando nos preguntamos cuál es el objetivo de un banco, lo que nos viene a la cabeza enseguida es: “ganar dinero”.

En cambio, las finanzas éticas lo que hacen es convertir en herramientas lo que también nos hemos acostumbrado a que sean objetivos. Recoger ahorro, tener más clientes, generar beneficios, crecer,… no son objetivos. Todo esto son simples herramientas que cuanto más fuertes y potentes sean más bien permitirán a las entidades de finanzas éticas perseguir el verdadero objetivo: una transformación social en positivo. Y como contribuirá? Pues a través del crédito. Las finanzas éticas han entendido que un banco por sí solo no puede transformar la sociedad, sino que son las personas, entidades y empresas que hacen las cosas de manera diferente las que podrán trabajar y guiar a la sociedad hacia este objetivo.

La estructura de propiedad de las entidades financieras

En las finanzas convencionales, los bancos pertenecen a sus accionistas bajo la premisa de “1 acción = 1 voto” y por tanto quien más tiene, más capacidad de decisión acumula. En cambio las finanzas éticas, en la mayoría de sus proyectos, establecen una estructura de propiedad democrática y participativa donde la entidad financiera está en manos de la ciudadanía, las entidades sociales y que se rige bajo la premisa de “1 persona = 1 voto”, independientemente del capital que se posea. Esto provoca un control sobre la gestión de la entidad mucho mayor y provoca que se tomen decisiones de forma colectiva y democrática.

Adicionalmente embargo, estas entidades se dotan de organismos sociales internos conformado por personas y entidades con capacidad de decisión dentro de la entidad financiera, por ejemplo, sobre la concesión de préstamos desde el punto de vista social y económico o sobre la fijación de los distintos tipos de interés o de los productos financieros que se ofrecerán a los socios y/o clientes.

La información: la transparencia

La manera de trabajar la información de las finanzas éticas es radicalmente opuesta a lo que estamos acostumbrados en el sector bancario donde la opacidad lo tiñe todo.

Las finanzas éticas son absolutamente transparentes en referencia a su actividad crediticia y por tanto consiguen, principalmente dos cosas: por una parte, dotar de solidez y coherencia los planteamientos teóricos de las finanzas éticas ya que si se explica que orientará el crédito hacia la generación de valor social, pero luego se esconde, se podría desconfiar de que esto no fuera una estratagema comercial para atraer a un sector de público determinado. Por tanto, para consistencia y por ética, las finanzas éticas informan de los créditos que se conceden, a quien se le conceden y para hacer qué. Por otra parte, la transparencia permite a los ahorradores saber exactamente y de manera clara y sencilla para que se estarán utilizando su dinero y por tanto a qué modelo económico y social estarán ayudando a construir.

Con todo ello, vemos que las finanzas éticas trabajan con otros objetivos y de otra manera. Dan la vuelta al “que” y el “cómo” y eso termina beneficiando a los ahorradores conscientes, los receptores de los préstamos y en definitiva, al conjunto de la sociedad.

¡Ahora se trata de sumarse y construirlo entre todos! 

Fuente: araemprenem

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