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Comienza una nueva etapa para el proyecto Fiare de banca ética

 

En la era del capitalismo financiarizado, y producto de las propias dinámicas generadas por las burbujas especulativas, una de las consecuencias de los excesivos niveles de endeudamiento y de la volatilidad de los capitales puede ser, paradójicamente, la falta de crédito

La ciudadanía debe aspirar a incidir sobre el espacio en el cual se adoptan las decisiones públicas, generando un marco adecuado donde prevalezca el interés general y ejerciendo un control sobre los recursos colectivos a través de los instrumentos adecuados

Durante los pasados días 28, 29 y 30 de marzo se celebró en Barcelona la III Asamblea estatal del proyecto Fiare Banca Ética. Seguramente el concepto “banca ética” resulte a estas alturas familiar para la mayoría de los lectores y lectoras, en gran parte gracias a la expansión que ha experimentado Triodos Bank en su actividad en los últimos años. Por su parte, y con sus propias particularidades, el proyecto Fiare, que tuvo sus orígenes en Euskadi hace ya más de una década, ha ido desarrollándose y evolucionando progresivamente hasta convertirse en lo que es hoy: una organización que agrupa a una red de 4.933 socias, 531 entidades y 4.402 personas físicas, las cuales han desembolsado un total de 4,7 millones de euros en concepto de Capital Social (datos de febrero de 2.014).

Si bien son números modestos, son también cifras relevantes a la hora de calibrar el grado de implantación que ha alcanzado Fiare y desde luego adquieren otra dimensión si se examinan a la luz de la participación e implicación de la base social en el proyecto. Debemos tener en cuenta que, hasta el momento, Fiare ofrece una operativa bancaria limitada, sobre todo para personas físicas, funcionando como agente de la entidad italiana Banca Popoplare Ética (BpE) y comercializado sus productos en el estado español. Dicha operativa bancaria, realizada a través de BpE, había alcanzado a diciembre de 2013 39,3 millones de euros en depósitos y 33 millones de euros en créditos concedidos.

BpE es una entidad de banca ética que cuenta con 15 años de trayectoria en Italia, y constituyó desde sus orígenes un modelo para Fiare. La decisión de trabajar con BpE respondía al deseo de poder hacer intermediación financiera desde una fase temprana, al tiempo que se iba captando capital social. Posteriormente, la irrupción de la crisis y el endurecimiento de los requerimientos de capitalización exigibles a las entidades bancarias hicieron que esa relación se estrechara aún más, hasta el punto de que las dos entidades acordaron fusionar sus bases sociales para integrarse en una única cooperativa de crédito con ámbito de actuación en España y en Italia. Este proceso culminará a lo largo de este año con la apertura de sede en el Estado español, lo cual supondrá a partir del verano del presente 2014 un impulso a la actividad crediticia y también la ampliación de los servicios que ofrece Fiare a las personas y entidades socias.

¿Qué razones pueden explicar y justificar el desarrollo de la banca ética y más específicamente de un proyecto como Fiare? Evidentemente, muchas personas han vuelto su mirada hacia este tipo de iniciativas como consecuencia de la generación de un período de inestabilidad económica que ha tenido su origen en las finanzas.

No obstante, el cuestionamiento sobre el uso del dinero, un elemento fundamental y vertebrador del concepto de banca ética, junto con la transparencia, nace mucho antes de la crisis y va en la práctica más allá de una censura al papel de las finanzas. Ya no se trata solamente de evitar un uso no ético o no apropiado del dinero, sino de promover actividades e iniciativas acordes con nuestros valores y explorar las posibilidades que herramientas como Fiare ofrecen para impulsar un modelo distinto de economía, una economía social y solidaria al servicio de las necesidades de las personas.

En la era del capitalismo financiarizado, y producto de las propias dinámicas generadas por las burbujas especulativas, una de las consecuencias de los excesivos niveles de endeudamiento y de la volatilidad de los capitales puede ser, paradójicamente, la falta de crédito. Sirva como ejemplo el estado de la economía y de las entidades financieras españolas tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Muchos economistas han denunciado el estrangulamiento a la financiación de la economía productiva, con efectos que son palpables en la destrucción de empresas y las elevadas tasas de desempleo.

Sin duda, la ciudadanía debe aspirar a incidir sobre el espacio en el cual se adoptan las decisiones públicas, generando un marco adecuado donde prevalezca el interés general y ejerciendo un control sobre los recursos colectivos a través de los instrumentos adecuados. Ahora bien, aún en un contexto favorable, debemos observar que determinados proyectos e iniciativas no tienen acceso a la financiación porque no se ajustan a los estándares o a la lógica de la rentabilidad. Romper con esta lógica, mayoritaria por otra parte, implica un cambio de mayor calado. El valor del proyecto Fiare, de BpE o de cooperativas de servicios financieros como Coop57, integrada a su vez en la red Fiare, es que demuestran que es posible crear herramientas financieras basadas en la creación de redes y en la cooperación y el apoyo mutuo, viables económicamente, aun cuando sus inversiones tienen en cuenta preferentemente criterios de rentabilidad social.

Fiare contribuye por tanto a hacer efectivo el derecho de acceso al crédito, pero además se constituye como espacio de participación de las organizaciones y personas socias en la gestión del proyecto. Un espacio autónomo que se construye desde abajo, desde la ciudadanía, y no desde arriba, y que se materializa en una estructura de grupos locales que impulsan el proyecto en cada territorio y en la participación de la base social en las comisiones de evaluación ético-social que valoran las solicitudes de crédito.

Como conclusión, nos gustaría reivindicar el valor de las iniciativas de banca ética en sí mismas. Los procesos de transformación profundos, si se plantean ir más allá de meros cambios cosméticos, exigen consensos sociales amplios, y la banca ética no solamente expresa ese deseo de transformación por parte de la sociedad civil, sino que contribuye a generarlo en la medida en que se constituye como espacio abierto de participación.

Por otro lado, quizás procesos como el que están desarrollando BpE y Fiare permitan aventurar que otra construcción europea es posible.

Juan Luis del Pozo es de Economistas Sin Fronteras.

Fuente: eldiario

 

 

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