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“AL NEOLIBERALISMO SE LE COMBATE CON LA PRAXIS”

De izq a derch. Javier Victoria, Carlos Askunze, Antoni Comín, Peru Sasia, Cristina De La Cruz.

Hay espacios para la economía alternativa y solidaria. En Bilbo se debatió, de la mano de REAS Euskadi y de la Universidad de Deusto, sobre la democracia económica. se vio la necesidad de romper con el gran circulo de poder que nos atenaza, el neoliberalismo, para mejorar nuestra vida.

La Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS Euskadi) organizó un debate sobre las alternativas al capitalismo. Tomó como excusa el libro publicado por Icaria hace ya un tiempo, «Democracia Económica. Hacia una alternativa al capitalismo». Uno de sus autores, el profesor de Filosofía de Esade, Antoni Comín i Oliveres, participó en el encuentro. Igual que en el libro, aparecieron diferentes maneras de desarrollar procesos económicos de una forma más amable y eficaz frente al capitalismo más feroz que en estos últimos años ha recobrado un protagonismo especial entre nosotros para desgarrarnos en nuestro interior, pero también en la forma práctica. Porque, en realidad, estamos viendo que a la vez que se agranda la desigualdad social, se disparan los índices de pobreza, se alcanzan niveles de paro desconocidos en las dos últimas décadas y los beneficios económicos empresariales son muy elevados. Unos pocos tienen mucho y, por el contrario, muchos tienen muy poco.

Entre los ejemplos que aparecen en el libro y que formaron parte del debate -«como embriones del sistema alternativo», puntualizó Javier Vitoria, del Centro Cristianisme i Justicie e introductor del debate- se encuentran la banca ética, como explicó Peru Sasia, director del proyecto Fiare, o las apelaciones continuas al cooperativismo como un sistema más «democrático» de desarrollar la actividad económica. Según Comín i Oliveres, es una referencia alternativa de primer orden en Estados Unidos. Carlos Askunze citó una iniciativa que REAS está poniendo en marcha como es el «mercado social», que se resume en generar una cadena de producción, comercialización y consumo en la que esté toda la oferta de servicios de la economía solidaria en sentido amplio.

Comín i Oliveres, que también fue diputado socialista catalán hasta el 2010, defendió la idea del «socialismo de mercado» porque «una economía sin mercado es una economía sin futuro». A su juicio, la clave se encuentra en «cómo conseguir crear economía de mercado pero sin capitalismo. Es decir, sería la economía social, la primera oportunidad de desarrollo». Antoni Comín i Oliveres atribuyó a la sociedad civil organizada la responsabilidad de provocar «la transformación», y añadió que «sin suprimir el mercado, debemos cambiarlo desde dentro a modo de infiltración».

Atrapados por Morfeo

La realidad demuestra, sin embargo, que para terminar con el «capitalismo que mata», como lo calificó Carlos Askunze, no se puede hacer desde dentro, porque sus raíces son muy profundas. Está demostrando en la práctica de la socialdemocracia europea que lo único que ha conseguido es que sus líderes hayan abrazado el ideal capitalista en todos sus extremos y han quedado prendados del sueño de Morfeo que les ha convertido en simples marionetas del neoliberalismo.

Lo que está ocurriendo en esta crisis económica es un ejemplo más, porque todos hemos podido comprobar que, una vez que dejan su hueco en la política o en los gobiernos, pasan a formar parte activa de los consejos de administración de grandes empresas multinacionales. Por lo tanto, desde dentro, nada o nada.

Por su parte, Peru Sasia advirtió de que iba a utilizar un tono de provocación. Así fue. Sentenció que «no hay alternativa al capitalismo» porque «no hay suficiente academia productiva; ni motivación entre quienes deberían gobernar el cambio; y, porque debería ser pilotado a nivel global».

Sin embargo, tras esa incisión en el corazón de muchos de los asistentes, la mayoría de ellos con sus ideas anticapitalistas, reconoció que el proyecto de banca ética Fiare también surgió antes de la crisis para ir sembrando otras maneras de hacer, de actuar y de desarrollar el mundo de las finanzas. «Seguimos en ello, porque creemos que esa manera cooperativa de actuar nos identifica».

Cristina de la Cruz, del Centro de Ética Aplicada de la Universidad de Deusto, invitó a lograr «procesos participativos, de autogestión y de descentralización», porque «no podemos ser condescendientes con el sistema. Hay que enfatizar el enfoque anticapitalista. Al neoliberalismo no se le combate con ideología, sino con la praxis».Entretanto, Askunze remarcó que «sí hay alternativas al capitalismo» y llamó a construir, teniendo «en cuenta primero a las personas», y a que «en el centro de la democracia se sitúe la actividad política frente al poder económico, que la controla en este momento». Entre otras ideas, apuntó que «hay que cultivar la resistencia, la creatividad y la capacidad de ser felices».

Juanjo Basterra

FuenteGara

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El proyecto Fiare de Banca Ética ¿Qué queremos decir cuando hablamos de alternativas?

La respuesta puede parecer obvia: frente al sistema económico actual, pensar en alternativas es pensar en otros modos de realizar actividades económicas que no generen los problemas que produce este sistema: insostenibilidad medioambiental, pobreza extrema, bienes básicos sujetos a especulación, oligopolio de las agencias de rating, países en manos de “mercados”… Sin embargo, afirmar algo tan evidente no es suficiente. Es necesario profundizar un poco más si no queremos caer en una simplificación que allane el camino a un fácil desprestigio de cualquier propuesta alternativa en manos de argumentos de índole práctico que sitúan dichas propuestas en el cementerio de los sueños imposibles.

Esta necesaria profundización en la naturaleza de las alternativas económicas resulta imprescindible al entender que, frente a todas esas situaciones absolutamente rechazables, abrumadoramente injustas, se muestra una sombría realidad: hoy no es posible pensar en que se promueva una alternativa formalizada y completa al neoliberalismo, y muy especialmente al sistema financiero, que es su núcleo. Las llamadas a su refundación o, al menos, a una profunda revisión, realizadas tras el crack financiero desde muy diversos ámbitos, en muchos casos por personas nada sospechosas de tener aspiraciones ni tan siquiera levemente progresistas, finalmente han quedado en nada. Cualquier intento, surja de donde surja, choca con formidables barreras: la imposibilidad que surge de la necesidad de conjugar una transición necesariamente global con estructuras políticas no globalizadas es una de ellas. Otra, quizás la más determinante, es la cada vez más alarmante subordinación del poder político al económico, que imposibilita pensar en poderes públicos lo suficientemente libres como para impulsar transiciones que pudieran ir en perjuicio de las personas y organizaciones más poderosas del planeta.

Los contornos de la Banca Ética

Es ante esta sombría realidad ante la que cabe reconocer el valor y alcance de las propuestas de alternativa. ¿Quiénes tienen (tenemos) la legitimidad, la capacidad y, sobre todo, la motivación para promoverlas? Ante esta radical pregunta, la Banca Ética plantea una posible respuesta, quizás la única hoy en día: es necesario articular a la ciudadanía organizada, que rescata un lugar y una responsabilidad social que nunca debió perder. Los proyectos de Banca Ética no se sitúan en las grandes estructuras macroeconómicas. No es esa su vocación. Sus dinamismos van íntimamente unidos a una estrategia de agregación ciudadana para la transformación, como medio de ir articulando un espacio de alternativa. Banca Ética y responsabilización ciudadana se vinculan de forma muy estrecha desde el convencimiento de que la ineludible superación del sistema económico actual pasa necesariamente por esa reconquista del espacio público que supere nuestra condición de meros consumidores.

Esta inspiración esencial de la Banca Ética condiciona radicalmente los contornos de estas iniciativas y ayuda a entender su valor. Es bien cierto que una mirada ética a la intermediación financiera nos remite inmediatamente al bien social de esta actividad y plantea preguntas tan sencillas como los criterios de reconocimiento del derecho al crédito, la distribución de los excedentes, los mecanismos de retribución, la cartera de inversión, el uso de paraísos fiscales, etc.

Pero esa misma mirada nos plantea también cuál es el lugar de la ciudadanía en la construcción y desarrollo de proyectos de intermediación financiera que respondan a las exigencias de la justicia. Es importante no olvidar este segundo horizonte ético, porque en muchas propuestas autocalificadas como solidarias, cívicas, sostenibles o éticas no se encuentra ni rastro de la efectiva participación, con poder e información, de la ciudadanía en ellas. La Banca ética trata de rescatar el valor social de la intermediación financiera, planteándola de tal manera que las respuestas a esa mirada ética que la orienta al bien común se sacudan el yugo de la utilidad económica para quienes tienen el poder, al tiempo que promueven un marco de transformación al que esa ciudadanía hoy adormecida se encuentra convocada como protagonista y responsable. Se condiciona así no solo la práctica bancaria de los proyectos de Banca Ética, sino aspectos tan esenciales como su estructura de poder y propiedad o su estrategia de crecimiento.

El Proyecto Fiare

Esta naturaleza de alternativa ciudadana es la principal seña de identidad del Proyecto Fiare (www.proyectofiare.com), una iniciativa en marcha desde el año 2003 y que reúne ya una base social de más de dos mil personas y organizaciones, articuladas en redes territoriales y grupos locales por toda España. Operando inicialmente con el apoyo de la italiana Banca Popolare Ética hasta el momento de su establecimiento definitivo como cooperativa de crédito, ha recogido ahorro por valor de más de 30 millones de euros, y ha concedido financiación a más de 150 proyectos por un valor superior a los 23 millones de euros.

Vinculada estrechamente su actividad de crédito al apoyo de proyectos de alto valor social como la lucha contra la exclusión, la cooperación al desarrollo, la agroecología o la economía solidaria, el Proyecto Fiare declara su compromiso por convertirse en una alternativa posible hoy, que vaya desarrollándose sobre la base de una ciudadanía que entiende que no solo es necesario consumir responsablemente, sino que es urgente contribuir a la construcción de proyectos sostenibles que ofrezcan desde la autonomía y el conocimiento de la realidad palancas de transformación social.

Por eso resultan tan importantes para el Proyecto Fiare aspectos como su estilo de construcción, su estructura de propiedad, su carácter esencialmente no lucrativo o su metodología de evaluación de los proyectos a financiar. Por eso el marco jurídico es cooperativo. Por eso mantiene vivos más de treinta grupos locales y una red organizacional presente en casi todo el estado, que garantiza la cercanía y mutua implicación de la herramienta financiera y la base social, desarrollando la estructura operativa sobre la base de una estrecha cercanía y conocimiento de las realidades de injusticia que persigue cambiar.

En las Islas Baleares, contamos con la Asociación Fiare Illes Balears nacida de los esfuerzos de numerosos ciudadanos y entidades sociales. Los objetivos son los de contribuir en la construcción de la cooperativa facilitando las aportaciones al capital y el ahorro, fomentar las finanzas éticas e incentivar y evaluar los nuevos proyectos medioambiental y socialmente positivos en el territorio. Ser miembro de la asociación es ser miembro del proyecto colectivo, ciudadano y cooperativo de finanzas éticas Fiare.

www.proyectofiare.com

Peru Sasia.

Fuente: Revista Namaste.