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¿Por qué no hay crédito disponible?

La respuesta que la banca da a esta pregunta es que no ha y demanda de crédito. Es decir, las empresas medianas y pequeñas y las familias no están pidiendo dinero prestado. Esta es también la réplica que el gobierno español ha estado sosteniendo. Y para sostener tal explicación señalan la baja cantidad de solicitudes de crédito por parte de las pequeñas y medianas empresas y por parte de las familias.

Dicha explicación, sin embargo, no se aguanta ni por los pelos. El hecho de que no haya más peticiones de crédito a la banca se debe a las condiciones económicas que ésta exige, con unos intereses elevadísimos. Y una de las razones de esta situación es que a la banca no le resulta rentable dar este tipo de préstamos, que además considera arriesgados porque sabe que la población está perdiendo capacidad adquisitiva, resultado del descenso de los salarios. La banca puede y hace muchísimo más dinero comprando deuda pública a unos intereses desorbitados, que ofreciendo crédito. Y todo ello cortesía del Banco Central Europeo, su lobby particular, que le presta dinero a los bancos a unos intereses bajísimos (menos de un 1%), dinero con el que compran bonos públicos que les dan unos intereses altísimos (algo más del 6% en 2012) en el caso de los bonos españoles. Hay que reconocer que es un negocio redondo. El hecho de que los intereses de la deuda pública sean tan altos se debe a que el BCE no hace lo que debería hacer, es decir, comprar bonos públicos, protegiendo a los Estados frente a la especulación de los mercados financieros (es decir, de los bancos). En consecuencia, el Estado está recortando ahora el gasto público (incluyendo el social, como sanidad, educación y un largo etcétera) para que pueda pagar los exuberantes intereses a los bancos, y así obtener crédito. Solo este año, el Estado español tendrá que pagar una cantidad equivalente al 3,86% del PIB en intereses a la banca por haberle prestado dinero.

Lo que es escandaloso es que todos estos recortes pudieran haberse evitado fácilmente, creando una banca pública con todo el dinero que se ha pagado a la privada. Sumando los intereses de la deuda pública, más los bonos que el Estado debe vender a la banca para conseguir dinero este año, resulta una cantidad nada menos que equivalente al 19% del PIB, que el estado pagará a la banca este año. Y que no se cree un banco público se debe a la oposición de la banca, y de sus lobbies, tanto el BCE como el Banco de España, a que ello ocurra.

Pero la cosa es todavía peor. En realidad, el BCE no puede comprar bonos públicos del estado español. Pero si que puede, según sus estatutos, prestar dinero a intereses bajos, tal como hace a la banca privada, o a una institución financiera pública, tal como el ICO, Instituto de Crédito Oficial. Y lo ha hecho. Pero el ICO, según la propia normativa oficial (escrita por la banca privada a fin de proteger sus intereses), no puede prestar dinero directamente. Y tiene que hacerlo, de nuevo, a través de la banca privada. Es decir, el ICO da dinero a la banca privada para que esta preste dinero en condiciones económicas a las empresas y a las familias, con lo cual estas se encuentran con el mismo problema que cité antes. No pueden pagar los criterios abusivos que los bancos piden. De ahí que de los 22.000 millones de euros que tenía el ICO en 2012, solo un 25% se gastara ofreciendo créditos, que, repito, solo puede ofrecer a través de la banca.

Y para mayor escándalo y bochorno, si cabe, de este 25%, la mayoría ha ido a grandes empresas como Telefónica, Banco Santander y otras entidades que son las únicas que se benefician de esta afluencia de crédito. Y mientras tanto las empresas pequeñas y medianas están colapsando y creando un enorme problema de paro. Y las familias, endeudadas hasta la médula, no pueden salir del agujero. Los hijos de estas familias con becas han dejado de recibirlas porque es casi imposible conseguir crédito.

Y la causa de todo ello es política. Es decir, es la enorme influencia que la banca tiene sobre el estado. De ahí que los escraches deberían centrarse, no solo en la banca, sino en las instituciones políticas mal llamadas representativas que no defienden los intereses de la ciudadanía sino de los grupos fácticos, tales como la banca, que los controlan. Así de claro.

Vicenç Navarro

Fuente: Coop57

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Economía y ética

Foto: Woody economist / Aldo Cavini Benedetti

Es cada vez más frecuente que los problemas económicos se presenten como cuestiones técnicas cuya solución solo requiere la decisión de expertos, de “tecnócratas” o personas muy especializadas. Se evita que sea la gente normal y corriente la que decida sobre ellos porque se considera que no está preparada y que, por tanto, si decidiera podría ocasionar perturbaciones graves, un mal funcionamiento de la maquinaria económica, más o menos como sucedería si cualquiera de nosotros que no tuviese los conocimientos adecuados se empeñase en arreglar su reloj o cualquier aparato más o menos complicado.

Eso es lo que sucede, sobre todo, cuando se habla de cuestiones monetarias. De hecho, los bancos centrales (como en Europa el Banco Central Europeo) que son las máximas autoridades en esa materia y que disfrutan de un poder casi omnímodo, son desde hace tiempo independientes de los gobiernos o parlamentos y sus directivos se nombran haciendo creer a la gente que se trata de técnicos que no toman decisiones “políticas”. Equiparando, además, lo “político” a lo caprichoso de la gente o los gobiernos.

Pues bien, esta es una de las mentiras más grandes que acompaña al discurso y a la política económica de nuestro tiempo.

Ningún problema económico tiene solución “técnica”. Todos tienen soluciones políticas, entendiendo por política toda aquella decisión que no depende de un criterio objetivo sino de una preferencia del tipo que sea.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que hay dinero para hacer un puente entre dos ciudades pero que se puede construir en puntos diferentes de ambas por el mismo precio y con igual recorrido o dificultad. La decisión acerca de qué dos puntos concretos va a unir es política porque depende de las preferencias de la gente. Quienes vivan en un sitio o en otro preferirán seguramente que esté cerca de ellos, o lejos da igual, pero por criterios puramente subjetivos. Y la decisión que se tome será siempre política, es decir, resultado de una prefrencia concreta y no de un criterio técnico. Puede ser que esa decisión política la tome un dictador, o que se eche a suerte o que se haga una votación, pero sea cual sea el procedimiento concreto, será el resultado de una preferencia social.

Otra cosa es que, una vez tomada esa decisión, los ingenieros se tengan que poner manos a la obra y determinar las cuestiones técnicas necesarias para construir el puente, a partir de los puntos que se hayan fijado.

Y lo mismo que consideraríamos una barbaridad que la gente quisiera decidir por votación qué tipo de tornillos o sujecciones deben utilizarse, o dónde poner los puntos de fuerza del puente (porque eso sí son decisiones técnicas y no políticas), también lo sería que los ingenieros quisieran decidir por ellos mismos dónde es mejor que vaya el puente y usurparan a la gente el derecho a hacer valer sus respectivas preferencias (porque esa es una cuestión política y no técnica).

En economía ocurre igual…

Cualquier decisión económica comporta un reparto determinado de la renta. Sea cual sea lo que se decida, siempre implicará que unos u otros se beneficien más o menos. Y la decisión acerca de quiénes deben beneficiarse o salir perjudicados es evidente que no es técnica, sino política.

¿Subir o bajar los tipo de interés es una cuestión técnica?

Si yo tengo un millón de euros en el banco querré que suban, porque así me beneficio. Si debo un préstamo, preferiré que bajen.

¿Es mejor que el euro cueste más o menos dólares?

Si yo vendo sillas a Estados Unidos, querré que esté bajo, porque así venderé más, dado que serán más baratas para los estadounidenses. Pero si tengo una fábrica que compra componentes allí, preferiré que esté alto porque me saldrán más baratos a mí.

Por tanto, cuando el Banco Central Europeo sube los tipos de interés o hace que baje la cotización del euro, o al revés, aparentando que toma una decisión técnica lo que hace es decidir que miles de millones de euros pasen o a un bolsillo o a otro. Es decir, tomar una decisión política puesto que se deriva de una preferencia sobre quién se quiere que se beneficie o no de ella.

Así son todas las decisiones económicas.

Muchas veces, cuando la gente pide mejor distribución de la riqueza oímos decir: sí, pero hay que esperar, porque primero hay que producir más y luego podremos repartir, primero hay que hacer la tarta y luego repartirla.

¡Suena tan lógico que parece indiscutible, pero eso no es verdad!

Eso funciona así en repostería: para poder repartir una tarta hay que crearla antes. Pero en economía, no es así, porque a medida que vamos produciendo ya estamos repartiendo. Si producir un lápiz cuesta un euro es porque hemos retribuido por esa cantidad a todos los que han ido contribuyendo a producirlo (al que sacó la madera, al dueño de la serradora, al que lo cortó, al que lo empaquetó, etc.).

Por tanto, si eso es así, si siempre que se toma una decisión económica se toma en función de una preferencia y no de un criterio técnico, resulta que las decisiones económicas dependen siempre de nuestros principios morales, de nuestros criterios éticos: ¿somos indiferentes al crecimiento de la desigualdad? ¿nos da igual que al consumir destrocemos el medio ambiente? ¿creemos que se debe producir solo lo que pueda pagar la gente que tenga dinero o debemos conseguir que todos los seres humanos tengan acceso a los bienes imprescindibles para vivir, como la alimentación, la sanidad o la educación? ¿es justo que quienes más tienen no paguen impuestos?

Es evidente que las decisiones económicas dependerán siempre de esos principios, de la respuesta que cada uno de nosotros le demos a preguntas de esa naturaleza.

Y por todo ello es por lo que podemos decir que la economía va de la mano de la ética. Plantear las cuestiones económicas, qué política realizar, qué medidas adoptar, etc., sin plantear al mismo tiempo la cuestión moral que comportan es hacer trampa, porque significa que se decide en función de la preferencia particular de quien toma la decisión siendo ajeno a las preferencias de los demás.

La economía sin una explícita reflexión ética sobre los objetivos, sobre las consecuencias y los modos de decidir y aplicar lo decidido es una dictadura, normalmente, de los que tienen más sobre los que tienen menos o no tienen nada. Por eso hemos de reclamar siempre que, antes de tomar cualquier decisión económica, la población pueda pronunciarse sobre ella y que la que se tome sea la preferida por la mayoría. Y que, para que eso se pueda decidir con fundamento, que se pongan antes en claro sus efectos sobre las cuestiones básicas que afectan a la vida y el bienestar de las personas.

Juan Torres López, en ganas de escribir

Fuente: Coop57

Crisis, economía solidaria y finanzas éticas.

Desde distintos ámbitos, se ha incidido en que las finanzas éticas no son un fin en sí mismo, si no una herramienta para transformar la sociedad en base a los planteamientos de la economía social y solidaria. Su función debe ser suministrar financiación a las entidades de economía social y solidaria para que puedan llevar a cabo sus proyectos, y eso deben hacerlo con planteamientos mutualistas y cooperativistas, innovando, sin copiar miméticamente el funcionamiento de los bancos o las sociedades financieras mercantiles convencionales.

En un contexto de recesión económica generalizada y de profundos recortes en el Estado del Bienestar que afectan también a la economía solidaria, ¿qué papel deben jugar las finanzas éticas? El que juegan las entidades financieras convencionales está claro: cerrar el grifo del crédito y encarecer y endurecer las condiciones de sus servicios. El de las finanzas éticas debe ser justamente el contrario: mantener y potenciar sus servicios financieros para dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades de economía social y solidaria. A pesar de las dificultades económicas que atenazan a estas entidades, las finanzas alternativas deben seguir aumentando la concesión de préstamos para evitar que la falta de financiación acentúe su fragilidad. Por otra parte, ante el crecimiento exponencial del paro y el inmenso descrédito de los modelos económicos capitalistas, tenemos la oportunidad de promover nuevos proyectos cooperativos y de economía social y solidaria que creen puestos de trabajo, de manera que den respuesta a una necesidad acuciante (la falta de empleo), pero que también contribuyan a articular una realidad económica alternativa. Las finanzas éticas deben contribuir a este objetivo priorizando los préstamos para financiar inversiones y la puesta en marcha de nuevos proyectos.

Todo ello, obviamente, comporta asumir riesgos. Las finanzas éticas no deben rehuir este riesgo, si no afrontarlo y, a la vez, garantizar al máximo los ahorros de las personas que han confiado en ellas. Se trata de un equilibrio difícil, que sólo puede mantenerse si se desarrollan fórmulas de implicación social y se aplican modelos cooperativos, mutualistas y de intercooperación. Las fórmulas son variadas y ninguna de ellas por si sola es suficiente: hay que combinar varias con imaginación y flexibilidad. Por una parte, es importante aumentar el capital social de las entidades de finanzas alternativas de forma muy capilar para implicar al máximo de personas posible. Así aumentarán sus fondos propios y, en consecuencia, podrán conceder más préstamos. Y la capilaridad garantiza que nadie pueda adoptar posiciones de control y que, en la medida que el capital social está muy repartido, también se distribuye el riesgo que asume toda persona o entidad que efectúa aportaciones al capital social.

 Por otra parte, se pueden aplicar fórmulas mutualistas a las garantías que se piden a las entidades que solicitan préstamos, como por ejemplo el sistema de avales personales mancomunados. Si una entidad social pide un préstamo para hacer una inversión, consiste en pedir a sus miembros y a su base social que avalen el préstamo mediante la firma de un documento en el que cada persona se compromete a retornar una determinada cantidad (nunca la totalidad del préstamo) en el caso de que la cooperativa no pueda hacerlo. Este documento es un compromiso asumido por cada persona, y no implica desembolsar dinero ni aportar o pignorar propiedades como garantía. Se trata de buscar que la entidad que pide el préstamo aporte el máximo de avales. Este sistema de avales refuerza los lazos de ayuda mutua y de solidaridad, y cuando se aplican son un revulsivo que amplia y refuerza la red de personas y entidades vinculadas al proyecto que recibe el préstamo. Asimismo, permite superar la paradoja de que sólo los proyectos que cuentan con patrimonio o dinero (o personas adineradas que las avalen) puedan acceder al crédito.

Por último, hay que potenciar la intercooperación y la generación de sinergias entre todas las entidades interesadas en potenciar la economía solidaria y el cooperativismo para compartir riesgos, cada una desde su ámbito de actuación: bancos éticos, cooperativas de crédito, cooperativas de servicios financieros, sociedades de garantía recíproca, fundaciones de promoción de la economía social y solidaria, administraciones locales, etc. Si estamos de acuerdo en que debemos hacer todo lo posible para evitar que entidades y proyectos de economía social y solidaria viables fracasen por problemas de financiación, debemos tratar de aunar esfuerzos y compartir (o mutualizar) los riesgos que comporta toda concesión de préstamos.

En momentos difíciles como el actual es cuando se debe visualizar, en la práctica, la razón de ser de las finanzas éticas: suministrar, de forma colectiva y cooperativa, financiación a entidades de la economía solidaria que contribuyan a transformar la sociedad.

Raimon Gassiot, coordinador adjunto de Coop57

Fuente: Blog Idearia

Banca ética, como debieron ser siempre las finanzas.

Movimientos sociales surgidos en torno 15M han llevado cada vez a más ciudadanos a acercarse a la banca ética. Una forma diferente de recibir y prestar dinero que tiene la transparencia y la ética como pilares básicos. En definitiva, como defienden desde el sector: “no somos más que lo que debieron ser las finanzas desde siempre”.

Cerrar cuentas, sabotear el trabajo de oficinas bancarias o empapelar cajeros automáticos con lemas como ‘este banco estafa y echa a la gente de su casa’, son algunas de las acciones que han llevado a cabo actores del 15M como protesta al funcionamiento del actual sector financiero. Pero los movimientos sociales han dado un paso más allá y se han atrevido a preguntarse si otro banco es posible.

Una cuestión que han sabido recoger desde la banca ética. “Vivimos en un mundo desdoblado, donde la necesidad real de la gente está al margen de las necesidades especulativas”, señala Marcos de Castro Sanz, presidente de FIARE Madrid, una de las entidades más relevantes del sector. Así explica que el sistema financiero de ahora se ha dejado llevar por la especulación y ha creado exclusión financiera, dejando a muchos proyectos fuera del acceso a créditos: “al principios las cajas de ahorro nacieron para luchar contra esta exclusión, de ahí el carácter popular de los clientes. Sin embargo, durante los últimos años nos han robado también las cajas de ahorro. Han roto la credibilidad que tenían ante sus clientes, les han engañado con preferentes y se han metido también en procesos especulativos”, defiende de Castro. Y es precisamente ante este contexto de deriva de las cajas de ahorros cuando surge la banca ética.

En definitiva, la banca ética se trata, según explica de Castro, de “una forma de hacer banco donde la persona es el eje y las finanzas son entendidas como un instrumento y no un fin en sí mismo”. FIARE, un proyecto surgido en Euskadi en 2001 y que funciona como un agente cooperativo de crédito de la Banca Popolare Etica italiana, explica: “sólo damos crédito a entidades o proyectos de transformación social y que pasan nuestros criterios financieros y de sostenibilidad”.

Menos intereses, más responsabilidad

Así, la banca ética nace de la confluencia entre personas ahorradoras responsables que quieren apoyar actividades económicas con impacto social y proyectos sociales que no encuentran financiación en los bancos tradicionales. Los clientes que depositan sus ahorros en instituciones como FIARE tienen la tranquilidad de ser supervisados por el Banco de España y de estar respaldados por el Fondo de Garantía de Depósitos. Eso sí, son conscientes de que deberán renunciar a altos intereses. “Puede que muchos nos califiquen de tontos, pero de esta forma se puede saber a qué se destinan nuestros ahorros”, explican. Y es que la transparencia es, junto con la ética, la principal característica de este sistema. Así, todos los cooperativistas de Fiare conocen a qué proyectos va el dinero, cómo evolucionan e incluso pueden orientar a qué proyectos quieren ayudar. “Poco a poco se está luchando contra un error muy común de la gente, que pasa por luchar contra determinadas ideas pero que sus ahorros sirvan para financiar armas”, explican. Algo muy a tener en cuenta según la campaña de Setem ‘La banca es la bomba’, donde se recoge que 42 entidades financieras están relacionadas financiera y económicamente con financieras tienen invertidos 1.000 millones de euros de nuestros ahorros en el sector armamentístico.

Además, curiosamente, se trata de una banca que apenas tiene impagos. Durante 2012, la tasa de morosidad de la banca ética apenas era de un 3,3%, frente a la media del sector del 10,5%. “Cuando pones a las personas en el centro de tus acciones, es evidente que todo funciona mejor y que la respuesta es positiva”, defiende Xavi Tesi, representante de la entidad Financiación Ética y Solidaria. 

Al calor de los movimientos sociales

Pese a que el concepto de finanza ética nacía hace más de dos décadas, parece que es ahora cuando empieza a crecer su importancia. Concretamente, durante 2012, incrementaron un 60% el ahorro de los usuarios y un 20% los préstamos concedidos en España. “El número de ahorradores que se han interesados por nosotros ha aumentado muchísimo en el último año gracias al 15M”, aseguran desde Coop57, una cooperativa de servicios financieros que destina sus recursos a dar préstamos a proyectos de economía social que promueven el asociacionismo y la solidaridad. De hecho, a pesar de llevar funcionando desde 1996, de los 500 de los 2.000 socios ahorradores que lo forman han llegado durante el último año.

Desde FIARE tienen la misma experiencia: “hemos estado en muchas asambleas del 15M, no piden que vayamos a informar, y ya son muchos los que nos han apoyado. También es cierto que tras la nacionalización de Bankia fueron muchos los que se interesaron por nosotros”. Eso sí, reconocen que “son principalmente nuestros socios los que traen a otros nuevos”.

No hay cambio sin finanzas

Desde las finanzas éticas son conscientes que “en el siglo XXI, los cambios que no pasan por las finanzas pueden morir de estrangulamiento”. Quizá por esto sigan pensando que el terreno de juego está en el sector financiero. Y por ello, antes de finales de año veremos cómo Fiare se constituye en un banco tal y como lo entendemos ahora y siguiendo la estela del ya constituido como banco Triodos. “Cuando sea un banco, no será una opción más, sino otra manera de entender la relación con el sistema financiero, de ser dueño de nuestras propias decisiones económicas”, explican. En definitiva, dicen, “funcionaremos como siempre debió funcionar la banca”.

Ante la posibilidad de crear una banca ética a nivel mundial, se muestran convencidos: “si todo el mundo funcionara con banca ética, ya no sería necesaria. Si existe es porque responde a un déficit, porque el sistema financiero tradicional no cumple su función”. Eso sí, defienden que la banca tradicional siempre tendrá un nicho de mercado que nunca cubrirá la banca ética: “nunca financiaremos un crédito para un viaje a Hawai o para comprarse un Jaguar”.

Anaclara Padilla

Fuente: Catodia

CONCIENCIA SOCIAL Y COMPROMISO ECONÓMICO (“ya no somos inocentes…”)

Imagen de dominio público / tecnico

Comienzo esta reflexión, realizando algunas constataciones sobre la situación actual: Si algo estamos aprendiendo en esta crisis sistémica y global (no hay que olvidar que una mayoría de la humanidad está en crisis desde hace tiempo) es que el poder financiero, siempre en la sombra, se ha hecho más visible, los focos mediáticos y sociales le han iluminado, pero su poder no ha mermado; al contrario, ha aumentado, se ha concentrado y se ha impuesto al poder político.

Otras de las evidencias es cómo ha calado la máxima capitalista de “ganar el máximo dinero en el menor tiempo posible” en el conjunto de la sociedad, llevándose por delante, cual tsunami, valores esenciales para la construcción de la sociedad.

También experimentamos cómo el dinero ha pasado de ser un instrumento al servicio de las personas y la comunidad a ser un fin en sí mismo; ayudado en gran medida, por otra condición que a veces  olvidamos: a los bancos se les ha concedido el poder de crear dinero, dinero bancario, que ha sido el que se ha insuflado al sistema en los últimos años a gran escala, montando un auténtico casino de especulación financiera; desligando el dinero de la economía productiva.

Desde mi punto de vista, una de las máximas expresiones, en España, del poder financiero sobre el poder político la tenemos en la reforma de la constitución española, en 2011 con la modificación del artículo 135, estableciendo el concepto de “estabilidad presupuestaria” y la imposición de garantizar el déficit cero, con nefastas consecuencias.

Ni siquiera ha sido  preciso “ser intervenidos” pues a partir de ese momento lo prioritario es lo que dicten los mercados, los lobbys de presión financiera: devolver el dinero a los bancos, no atender las necesidades de los españoles, y si para eso es preciso recortar derechos, se recortan, y a ello se ha aplicado el gobierno,  con su plasmación en los presupuestos.

Ahí comenzó la dinámica de destrucción de derechos esenciales: sanidad, educación, servicios sociales, justicia, investigación…Con uno básico y transversal: los derechos laborales y sindicales; esencial para afrontar las regulaciones laborales y así ponerle en bandeja a la patronal los despidos de trabajadores y trabajadoras. Eso sí, realizados desde una aparente objetividad, como si fuese algo natural, cuando es algo calculado y promovido para  facilitar los despidos en general, favoreciendo un  mayor beneficio de los grupos industriales y financieros y de paso privatizar una parte de la administración pública.

Ante esos recortes de derechos, sin precedentes en España, han ido surgiendo cada vez más voces de protesta y movilización, que se han ido plasmando en Huelgas generales, en la constitución de las mareas ciudadanas, blancas, verdes, naranja, azul, violeta; conformando un auténtico arco iris de la indignación.

Esas movilizaciones, manifiestan que no queremos participar en una democracia testimonial votando cada cuatro años. Se reivindica participar y hacer política todos los días desde la realidad social y económica; se pide ser protagonistas de unas políticas más centradas en las personas y el bienestar social. Y ello es posible, pero desde otras políticas económicas. La democracia real pasa por la economía.

Se puede afirmar que hay una conciencia social que actúa contra la desmesura del gobierno, contra los ataques a la dignidad de las personas. Tal vez el más visible es el movimiento stop desahucios, con sus acciones y su iniciativa legislativa popular para impulsar una legislación sobre  la vivienda, que incluya  la dación en pago, entre otras cuestiones. Hay una inquietud en la sociedad para dar respuesta a las agresiones estructurales que se están sufriendo  y también por atender las necesidades básicas de las personas. Evidencia una conciencia social que sigue anhelando y  alimentando una sociedad más justa e igualitaria.

Ahora bien, si vamos a la raíz de lo que motiva esas medidas contra las que nos movilizamos nos encontramos un elemento común: el dinero, el factor económico que recorre y atraviesa cada una de ellas.

Sin embargo no considero que haya el mismo grado de conciencia ciudadana sobre nuestro ser sujetos sociales que económicos. ¿Hemos pensado en nuestro impacto, nuestra huella económica de cada día? ¿Somos conscientes de cómo consumimos, e invertimos?,¿Qué opciones económicas tomamos?,¿Para quién trabaja mi dinero?. ¿Sabemos qué sobre la base de nuestro dinero se monta el tinglado financiero? ¿Qué los bancos crean dinero a partir de nuestros ahorros o hipoteca?

Nuestro dinero no es neutro, en este momento está actuando, por acción o por omisión, como decía Benedetti “ya no somos inocentes / ni en la mala ni en la buena”.

Es preciso conectar de una forma más nítida y coherente nuestro ser social con nuestro ser económico, recuperando nuestro protagonismo económico, para ponerlo en sintonía con los valores sociales por los que luchamos. De tal forma que nuestras luchas sociales vayan acompañadas de nuestra intervención económica; se trata de hacer un USO ÉTICO DEL DINERO. De lo contrario, si no intervenimos económicamente puede ser que desde la movilización  atendamos a las víctimas y nuestro dinero esté generando otras nuevas.

Desde esa perspectiva se lleva tiempo trabajando, para poner la economía al servicio de las personas. Como referente están las experiencias de la economía solidaria, que cada día llegan a más sectores: instrumentos financieros éticos, seguros, energía, consumo agroecológico y comercio justo, entre otros.

Centrándonos en la experiencia de  finanzas éticas, considero que es preciso conectar las movilizaciones desde la conciencia social con un modelo económico diferente, alternativo, puesto que de fondo se persiguen los mismos objetivos.

Los principios en los que se basan los instrumentos de finanzas éticos son: Equidad, Trabajo, Sostenibilidad ambiental,  Cooperacion, Sin ánimo de lucro,  Compromiso con el entorno, Propiedad colectiva, Participación y democracia directa.

Esos principios son el hilo conductor de la economía solidaria, con su apuesta por la transformación social. Es desde las personas y entidades desde donde debemos ir dando pasos. Para ello es preciso ser conscientes de nuestro protagonismo económico, sintonizar y ser coherentes entre los valores sociales y humanos por los que luchamos, el modelo social al que aspiramos,  y nuestras inversiones o gestos económicos.

Estamos convocados a participar en la construcción de las alternativas económicas que están poniendo la economía al servicio de las personas, de una sociedad más justa y medioambientalmente sostenible.

Dentro de las Finanzas Éticas destaco dos: COOP57, una cooperativa de servicios financieros, surgida de la crisis del 85 desde la lucha de movimiento obrero para evitar la pérdida de puestos de trabajo; formada por cooperativas, entidades, asociaciones y personas, que permite hacer un uso ético del dinero con participación y transparencia.

La otra es FIARE, que surgió para construir una herramienta de intervención financiera; hoy  aliado con la cooperativa de banca popular ética italiana, en lo que ya es una realidad: la creación de una cooperativa de banca ética europea. Supone la creación de un banco en manos de la ciudadanía,  para dirigir el ahorro hacia proyectos que suponen una transformación de nuestra sociedad, rescatando el valor social del dinero y la actividad económica.

La apuesta por la transformación social mediante el crédito se plasma en que los ámbitos prioritarios de trabajo son: la cooperación al desarrollo y comercio justo, la inserción social de personas en situación o riesgo de exclusión, la sostenibilidad medioambiental, la agroecología, el cooperativismo, los valores sociales, la educación y la cultura.

Sus valores son: crédito al servicio de la justicia, un proyecto en red con los movimientos sociales, ahorro responsable con la transparencia y la participación como señas de identidad y sin ánimo de lucro.

Son herramienta financieras que nos permiten intervenir desde lo local, muy pegadas al terreno y a las personas, pero con una proyección global. Se están construyendo desde abajo y como tal su evolución dependerá del grado de implicación de personas y entidades que trabajamos por la transformación social.

Está claro que ante la situación actual no caben salidas individuales sino colectivas, y estas lo son y te invito a que la experimentes y participes, pasando de ser consumidor a constructor de banca… para las personas.

Soy consciente de que es algo pequeño, y es bueno que así sea en este momento, pero también estoy convencido, de que MUCHA GENTE PEQUEÑA, EN MUCHOS LUGARES PEQUEÑOS, HARÁN COSAS PEQUEÑAS QUE TRANSFORMARAN EL MUNDO… Y esas cosas pequeñas irán convergiendo y teniendo más cohesión en medida que personas y entidades también vayamos siendo más coherentes entre nuestra conciencia social y nuestro compromiso económico.

Dedicado a José Luis Sampedro

Andrés Esteban – aestebanpo@gmail.com

Urge otro tipo de banca.

La crisis que está padeciendo este país no ha caído del cielo, ha sido generada en buena parte por una carrera desenfrenada de las entidades financieras nacionales y extranjeras por la búsqueda de beneficios a ultranza. El  soporte empleado ha sido el sector inmobiliario, que ha recibido  una  gigantesca  masa de crédito provocando una espiral de precios  y ganancias  absolutamente insostenibles a medio plazo. La ruptura de este período  de euforia por  la súbita interrupción de la financiación exterior como consecuencia de la crisis internacional ha conducido a la quiebra de varias entidades, especialmente cajas de ahorro, y  a la inutilización del sector para suministrar financiación a la economía.

Esta arriesgada secuencia se ha visto agravada especialmente porque las entidades financieras jugaron con un dinero del que no disponían, que tomaron prestado de los bancos europeos,  que también optaron por participar y beneficiarse del festín de la burbuja inmobiliaria española que entre todos crearon. Sin la manga para regar de euros de los bancos alemanes y franceses, no habría sido posible hinchar tanto el globo inmobiliario.

El cierre del grifo crediticio  ha generado un parón económico de terribles consecuencias que ya se ha llevado por delante 3,5 millones de empleos, ha expulsado de sus  viviendas a  decenas de miles de familias  y  ha utilizado  los ahorros de cientos  de miles de titulares de participaciones preferentes  como primera fuerza de choque para sanear  a bancos y cajas.

Los años del desbarajuste  financiero están pasando una factura tremenda, especialmente a los ciudadanos que han perdido el empleo, los ahorros  o la vivienda, o todo a la vez. Resulta difícil comprender  la ceguera  del Banco de España y del Banco Central Europeo ante  las dimensiones  desproporcionadas  que  iban adquiriendo la burbuja crediticia y unas  prácticas financieras tan heterodoxas.  Ante la ineficiencia de los gobiernos y de los grandes partidos  políticos, la defensa de los intereses ciudadanos está cada vez más en manos de nuevas plataformas  sociales. Igualmente  están mostrando una mayor sensibilidad  por los dramas sociales   los Defensores del Pueblo y Síndics de Greuges, así como algunos jueces de las instituciones  oficiales.

El balance del papel desempeñado por las entidades financieras es  inaceptable por  lo ocurrido. En los años del boom  obtuvieron unos rendimientos extraordinarios de hasta el 30% anual del capital, lo cual ha supuesto unos beneficios acumulados de 190.000 millones de euros (1996-2010). Por el contrario, desde que estalló la crisis, los bancos y sobre todo las cajas  han consumido ayudas, de hasta 185.000 millones, en su mayor parte públicas, nacionales y europeas. Además, el conjunto del sistema financiero español ha sido rescatado literalmente  de la bancarrota por el Banco Central Europeo (BCE) con la inyección de más de 300.000 millones  en condiciones privilegiadas  con tipos de interés del 1% durante tres años.  En resumen,  la crisis ha supuesto una clara transferencia de rentas. Los titulares de acciones bancarias se beneficiaron extraordinariamente en los años  buenos, mientras que los contribuyentes han pagado la factura de los rescates.

En pocos años hemos pasado de tener “el sistema financiero más sólido del mundo” a descubrir unos bancos y cajas  maltrechos que han precisado toda suerte de auxilios públicos, que en contra de lo prometido no han servido para reanudar el crédito a familias y empresas. La realidad es que no sabemos cuál es el estado real de las instituciones españolas . Es necesaria una investigación realizada  por las propias instituciones del país. En  2011, el Gobierno de Estados Unidos realizó  un examen a fondo de su banca  cuyas conclusiones  fueron recogidas  en  The Financial Crisis Inquiry Report, que ha sido de gran utilidad para corregir las irregularidades cometidas. En el Reino Unido, el informe Vickers, encargado por el Gobierno británico, impulsa una reforma estructural del sistema bancario para evitar que las futuras crisis supongan un coste para el contribuyente. En la UE, el informe Liikanen aboga por exigir más capital de los bancos y mayor uso del au-torrescate. El poder, sin precedentes, alcanzado por el sistema financiero en España exige urgentemente una regulación más estricta. Hace falta una radiografía de la situación  real de nuestro sistema financiero, para acabar con las  repetidas sorpresas como  el reciente reconocimiento de una morosidad oculta a través de  la refinanciaciones  de créditos morosos por valor de 150.000  millones. No es  soportable que el volumen de los créditos impagados  en las actividades inmobiliarias  sea ocho veces más elevado que los  fallidos de la  industria.

No estamos en contra de los bancos, ni muchos menos, sino en contra de sus abusos y de sus disfunciones económicas. Es evidente que necesitamos otro tipo de banca y otro tipo de regulación financiera más rigurosa en la línea de las recomendaciones de los informes Vickers y Liikanen. Es urgente disponer de una banca útil, con menos ínfulas,  en la que no tengan cabida los sueldos estratosféricos, que esté efectivamente al servicio de la economía y de los ciudadanos. Los ahorradores deberían disponer de una garantía pública efectiva de sus depósitos y los empresarios y emprendedores, de recursos  necesarios  para financiar nuevos proyectos, único camino para volver a generar rápidamente empleo.

Es necesaria una clara separación entre las actividades financieras útiles para  la inversión y el empleo, que deberían contar con protección pública, de las actividades  especulativas.

Andreu Missé es director de Alternativas Económicas

Fuente: Alternativas Económicas

La importancia de decidir dónde ponemos nuestro dinero.

En las últimas décadas, y de forma mucho más intensa en los últimos años, hemos asistido a una reconversión y concentración del sistema bancario especialmente en lo que se ha llamado al proceso de “bancarización” de las cajas de ahorro.

Estas entidades tenían, en su espíritu fundacional, una función social muy marcada si bien es cierto que esto se ha ido diluyendo con el paso de los años. Acompañados por una legislación cada vez más favorable, las cajas de ahorro han entrado paso a paso en la espiral de competencia, crecimiento y búsqueda continua del máximo beneficio provocando que mucha parte de esta función social fuera desapareciendo. Con el decreto Fuentes Quintana del año 1977, se equiparaba la operativa de las cajas de ahorro a la de los bancos y posteriormente las cajas de ahorro pudieron empezar a expandirse más allá de su ámbito de actuación territorial.
Esto ha permitido que poco a poco, las cajas hayan pasado de ser entidades pequeñas vinculadas al territorio y con unos servicios básicos específicos poco relacionados con la economía especulativa a ser entidades mucho más grandes, luchando con los bancos para liderar el sector, creciendo muy más allá de su territorio y actuando como artistas principales de los mercados más especulativos.
Sin embargo, las obras sociales seguían dando salida a proyectos socialmente interesante por bien que a veces la actividad financiera de las cajas de ahorro era contradictoria con el espíritu de su obra social.

Ahora que nos encontramos en una situación de práctica extinción de este actor en el sistema financiero seguramente todavía cobra más importancia el hecho de que entidades financieras se dediquen a trabajar en beneficio de la sociedad.
La mejor alternativa para el ahorrador que quiere que los su dinero también sirvan en beneficio de la sociedad, son las entidades de finanzas éticas.

Las entidades de finanzas éticas trabajan para ser una herramienta más para el desarrollo de nuestra sociedad poniendo a la persona en el centro de la actividad y priorizando la satisfacción de necesidades humanas. Combinar la rentabilidad económica y la rentabilidad social buscando la maximización de esta segunda.

Por tanto. el objetivo de la banca ética es recoger recursos de la ciudadanía y de los diferentes agentes económicos para dirigirlos a la financiación de proyectos con fuertes impactos sociales y medioambientales aplicando criterios éticos en las decisiones de inversión, organizándose con estructuras de propiedad democráticas y llevando a cabo políticas radicales de transparencia. En definitiva recuperar el uso social de nuestro dinero y entender que éstos, bien dirigidos, pueden ser una herramienta muy potente de transformación social hacia realidades más justas y sostenibles.

En un momento como el actual, donde el sistema bancario tradicional tiene muy restringida el grifo del crédito, las entidades de finanzas éticas se ven desbordadas en peticiones de financiación. Esta demanda es positiva ya que esto significa que se podrán financiar más proyectos que trabajan por la transformación social en positivo, se reducirá el porcentaje de excluidos financieros y en definitiva aumentará la capacidad de incidencia de las entidades de finanzas éticas.

Pero, evidentemente, sin un aumento del volumen de ahorro recogido por parte de estas entidades no se podrá dar respuesta a todas las demandas de financiación. Por lo tanto, es más necesario que nunca que todos hacemos de altavoz de las finanzas éticas y convencemos a nuestros entornos, familia, amigos, empresas o entidades a depositar los ahorros en las entidades de finanzas éticas. De esta manera tendremos la tranquilidad de saber por qué se están utilizando nuestro dinero y ayudaremos a un mejor desarrollo del bienestar colectivo de nuestra sociedad.

Xavi Teis Batlle es economista y técnico de FETS (Financiación Ética y Solidaria), entidad que promueve las finanzas éticas en Cataluña.

Fuente: Ara emprenem