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La intermediación financiera no tiene por qué ser un negocio

Foto: Euros / G CACAKIAN

Hace poco salieron las cifras de morosidad del sistema financiero español. En Coop57 también hicimos nuestros cálculos sobre qué cifras de morosidad teníamos al cierre del ejercicio anterior. En la comparación, las diferencias fueron significativas.

En el mes de diciembre de 2013, la morosidad del sistema financiero español llegó al 13,60% del total. A este porcentaje del 13,60% deberíamos sumarle los activos adquiridos por el SAREB, el “banco malo”. Muchos apuntan que, entonces, la morosidad real se situaría alrededor del 17%. Las cifras de morosidad de Coop57 a 31 de diciembre de 2013 se situaron en el 1,98% siendo unas siete veces inferior que las cifras oficiales. Y no es una cosa aislada de Coop57, sino del conjunto del sistema financiero ético. Según cifras elaboradas por el Observatorio de las Finanzas Éticas, en 2012, el conjunto de las finanzas éticas en el estado español tuvo una morosidad del 3’36%.

¿Por qué hay una diferencia tan grande entre unas cifras y las otras?

Razones hay muchas pero todo emana del objetivo que se persigue y como se persigue este objetivo.

El sistema financiero convencional basa su actividad en la búsqueda obsesiva del máximo beneficio y esto hace que se hagan inversiones arriesgadas, que se busque el beneficio rápido y por lo tanto se participe de manera profunda, por ejemplo, en hinchar una burbuja inmobiliaria que la economía española interpretó con desafortunada brillantez (mucha parte de la morosidad viene por los créditos fallidos en este sector). Coop57 es una cooperativa de servicios financieros éticos y solidarios. Lleva a cabo una tarea de intermediación financiera al querer captar ahorro procedente de la sociedad civil para canalizarlo a la financiación de proyectos de economía social y solidaria que generen impactos positivos para el conjunto de la sociedad y fomenten la creación, articulación y crecimiento de modelos económicos y sociales alternativos. El objetivo, aun realizando actividad financiera, no es económico sino que es social, buscando una trasformación en positivo.

Hemos visto el “que”, pero en el “cómo” también hay una diferencia fundamental de planteamiento. El sistema financiero convencional tiene como mecanismo para maximizar sus beneficios buscar la máxima rentabilidad en sus operaciones y por lo tanto se entra en una dinámica de pugnar con la parte prestataria para ver quién consigue mejores condiciones para su propio interés ya que el centro de gravedad de la organización es el capital. En Coop57, como en la economía social y solidaria, el centro de gravedad son las personas y las formas de organización son participativas y democráticas. Las empresas y entidades que reciben financiación de Coop57 son propietarias de Coop57 y saben perfectamente que no se quiere “hacer negocio” con ellas, sino que el objetivo es ayudarlas a que sus proyectos puedan cristalizar con éxito. Por lo tanto, no son dos partes, una frente la otra, que pugnan por una serie de condiciones, sino que la mesa es redonda y se buscan soluciones de manera conjunta.

Pero además de todo esto, el dinero prestado a empresas y familias desde el sistema financiero convencional está en su nivel más bajo desde 2006. Desde que estalló la crisis financiera, el grifo del crédito se ha cerrado de manera significativa con lo que la banca no está respondiendo a las necesidades de financiación de las empresas y familias españolas. En este contexto, el papel que deben jugar las finanzas éticas debe ser justamente el contrario: mantener y potenciar sus servicios financieros para dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades de economía social y solidaria. A pesar de las dificultades económicas que atenazan a estas entidades, las finanzas alternativas deben seguir aumentando la concesión de préstamos para evitar que la falta de financiación acentúe su fragilidad. Todo ello, obviamente, comporta asumir riesgos. Las finanzas éticas no deben rehuir este riesgo, sino afrontarlo y, a la vez, garantizar al máximo los ahorros de las personas que han confiado en ellas. Se trata de un equilibrio difícil, que sólo puede mantenerse si se desarrollan fórmulas de implicación social y se aplican modelos cooperativos, mutualistas y de intercooperación.

La confianza, flexibilidad y adaptabilidad a las necesidades dinámicas y cambiantes de las entidades socias que reciben financiación son elementos claves (y no económicos) para entender las cifras de morosidad de Coop57. Desde que estalló la actual crisis financiera, en 2008, Coop57 ha concedido casi 1.000 préstamos por valor de más de 35 millones de euros. Y lo más importante: se han denegado poquísimas solicitudes de financiación. Si un préstamo no se ve claro, no se deniega directamente. Se buscan, conjuntamente, las soluciones para poder concederlo. La cifra de la morosidad no tiene sentido por sí sola si no se entiende que es baja debido a la confianza y a la capacidad de adaptarse a las necesidades de las entidades. La cifra de morosidad, cobra sentido cuando se entiende que la intermediación financiera no tiene por qué ser un negocio, sino un servicio en beneficio de la entidad que lo recibe y en beneficio de su actividad que acabará revertiendo en el interés del conjunto de la sociedad.

Cuando el objetivo es la construcción de herramientas colectivas al servicio de este colectivo, cuando las relaciones no son meramente económicas, cuando se da importancia a la confianza y al conocimiento mutuo, cuando se da importancia al hecho de disponer de una base social fuerte e implicada o de estar entrelazadas unas con otras, la efectividad de la actividad económica se demuestra mayor. Actualmente, en Coop57 tenemos 365 préstamos en activo de los que sólo 8 conforman la morosidad de la entidad. Esta efectividad se da, en gran medida, por mecanismos y lógicas no económicas.

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Comienza una nueva etapa para el proyecto Fiare de banca ética

 

En la era del capitalismo financiarizado, y producto de las propias dinámicas generadas por las burbujas especulativas, una de las consecuencias de los excesivos niveles de endeudamiento y de la volatilidad de los capitales puede ser, paradójicamente, la falta de crédito

La ciudadanía debe aspirar a incidir sobre el espacio en el cual se adoptan las decisiones públicas, generando un marco adecuado donde prevalezca el interés general y ejerciendo un control sobre los recursos colectivos a través de los instrumentos adecuados

Durante los pasados días 28, 29 y 30 de marzo se celebró en Barcelona la III Asamblea estatal del proyecto Fiare Banca Ética. Seguramente el concepto “banca ética” resulte a estas alturas familiar para la mayoría de los lectores y lectoras, en gran parte gracias a la expansión que ha experimentado Triodos Bank en su actividad en los últimos años. Por su parte, y con sus propias particularidades, el proyecto Fiare, que tuvo sus orígenes en Euskadi hace ya más de una década, ha ido desarrollándose y evolucionando progresivamente hasta convertirse en lo que es hoy: una organización que agrupa a una red de 4.933 socias, 531 entidades y 4.402 personas físicas, las cuales han desembolsado un total de 4,7 millones de euros en concepto de Capital Social (datos de febrero de 2.014).

Si bien son números modestos, son también cifras relevantes a la hora de calibrar el grado de implantación que ha alcanzado Fiare y desde luego adquieren otra dimensión si se examinan a la luz de la participación e implicación de la base social en el proyecto. Debemos tener en cuenta que, hasta el momento, Fiare ofrece una operativa bancaria limitada, sobre todo para personas físicas, funcionando como agente de la entidad italiana Banca Popoplare Ética (BpE) y comercializado sus productos en el estado español. Dicha operativa bancaria, realizada a través de BpE, había alcanzado a diciembre de 2013 39,3 millones de euros en depósitos y 33 millones de euros en créditos concedidos.

BpE es una entidad de banca ética que cuenta con 15 años de trayectoria en Italia, y constituyó desde sus orígenes un modelo para Fiare. La decisión de trabajar con BpE respondía al deseo de poder hacer intermediación financiera desde una fase temprana, al tiempo que se iba captando capital social. Posteriormente, la irrupción de la crisis y el endurecimiento de los requerimientos de capitalización exigibles a las entidades bancarias hicieron que esa relación se estrechara aún más, hasta el punto de que las dos entidades acordaron fusionar sus bases sociales para integrarse en una única cooperativa de crédito con ámbito de actuación en España y en Italia. Este proceso culminará a lo largo de este año con la apertura de sede en el Estado español, lo cual supondrá a partir del verano del presente 2014 un impulso a la actividad crediticia y también la ampliación de los servicios que ofrece Fiare a las personas y entidades socias.

¿Qué razones pueden explicar y justificar el desarrollo de la banca ética y más específicamente de un proyecto como Fiare? Evidentemente, muchas personas han vuelto su mirada hacia este tipo de iniciativas como consecuencia de la generación de un período de inestabilidad económica que ha tenido su origen en las finanzas.

No obstante, el cuestionamiento sobre el uso del dinero, un elemento fundamental y vertebrador del concepto de banca ética, junto con la transparencia, nace mucho antes de la crisis y va en la práctica más allá de una censura al papel de las finanzas. Ya no se trata solamente de evitar un uso no ético o no apropiado del dinero, sino de promover actividades e iniciativas acordes con nuestros valores y explorar las posibilidades que herramientas como Fiare ofrecen para impulsar un modelo distinto de economía, una economía social y solidaria al servicio de las necesidades de las personas.

En la era del capitalismo financiarizado, y producto de las propias dinámicas generadas por las burbujas especulativas, una de las consecuencias de los excesivos niveles de endeudamiento y de la volatilidad de los capitales puede ser, paradójicamente, la falta de crédito. Sirva como ejemplo el estado de la economía y de las entidades financieras españolas tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Muchos economistas han denunciado el estrangulamiento a la financiación de la economía productiva, con efectos que son palpables en la destrucción de empresas y las elevadas tasas de desempleo.

Sin duda, la ciudadanía debe aspirar a incidir sobre el espacio en el cual se adoptan las decisiones públicas, generando un marco adecuado donde prevalezca el interés general y ejerciendo un control sobre los recursos colectivos a través de los instrumentos adecuados. Ahora bien, aún en un contexto favorable, debemos observar que determinados proyectos e iniciativas no tienen acceso a la financiación porque no se ajustan a los estándares o a la lógica de la rentabilidad. Romper con esta lógica, mayoritaria por otra parte, implica un cambio de mayor calado. El valor del proyecto Fiare, de BpE o de cooperativas de servicios financieros como Coop57, integrada a su vez en la red Fiare, es que demuestran que es posible crear herramientas financieras basadas en la creación de redes y en la cooperación y el apoyo mutuo, viables económicamente, aun cuando sus inversiones tienen en cuenta preferentemente criterios de rentabilidad social.

Fiare contribuye por tanto a hacer efectivo el derecho de acceso al crédito, pero además se constituye como espacio de participación de las organizaciones y personas socias en la gestión del proyecto. Un espacio autónomo que se construye desde abajo, desde la ciudadanía, y no desde arriba, y que se materializa en una estructura de grupos locales que impulsan el proyecto en cada territorio y en la participación de la base social en las comisiones de evaluación ético-social que valoran las solicitudes de crédito.

Como conclusión, nos gustaría reivindicar el valor de las iniciativas de banca ética en sí mismas. Los procesos de transformación profundos, si se plantean ir más allá de meros cambios cosméticos, exigen consensos sociales amplios, y la banca ética no solamente expresa ese deseo de transformación por parte de la sociedad civil, sino que contribuye a generarlo en la medida en que se constituye como espacio abierto de participación.

Por otro lado, quizás procesos como el que están desarrollando BpE y Fiare permitan aventurar que otra construcción europea es posible.

Juan Luis del Pozo es de Economistas Sin Fronteras.

Fuente: eldiario

 

 

La economía solidaria se organiza para transformar el Mercado

Las representantes de las diferentes entidades posan después de firmar el acuerdo.

El viernes 14 de febrero se ha constituido en Zaragoza la Asociación de Redes de Mercado Social, que aglutina a las redes y entidades más representativas de la economía solidaria y consumo responsable del estado.

Tras varios años de reflexión, debate, conocimiento mutuo y colaboración entre entidades que trabajan por el consumo responsable y la economía solidaria en el estado, el pasado viernes 14 de febrero se constituyó formalmente la Asociación de Redes de Mercado Social de ámbito estatal, como primer paso hacia la constitución de una Cooperativa de Servicios del Mercado Social.

Las entidades promotoras constituyentes de esta Asociación son REAS Red de Redes, Coop57 (Servicios financieros éticos y solidarios), Fundación Fiare (Banca ética), Seguro ético y solidario CAES, Som Energia (cooperativa de energías renovables), Centro de Información e Investigación en Consumo (editores de la revista Opciones), Ecologistas en Acción (300 grupos ecologistas confederados), Diagonal (periódico quincenal de actualidad crítica) y los mercados sociales de cuatro territorios representados por Aragón, Euskadi, Navarra y Madrid. Entre todas estas organizaciones suman más de 50.000 personas socias, 10.000 trabajadoras contratadas y más de 1.500 entidades organizadas alrededor de la economía solidaria.

Susana Ortega, del Mercado Social de Aragón destaca de esta iniciativa que “se pretende crear espacios de coordinación y cooperación entre redes y entidades que fomenten una producción y un consumo justo, ecológico, inclusivo, social y solidario y promover los instrumentos necesarios para desarrollar mercados sociales que pongan en el centro de las relaciones económicas a las personas y que fomenten prácticas más justas y democráticas, comprometidas con el entorno y basadas en la satisfacción de necesidades reales.”

Por su parte Fernando Sabín del Mercado Social de Madrid apunta a que “los diferentes mercados sociales conectados en la Asociación funcionan como una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios” y añadea que “está constituida por empresas y entidades de la economía social y solidaria junto a consumidores y consumidoras, individuales y colectivos.”

Son varias las herramientas que ya están en marcha de cara al desarrollo de la Asociación de Redes de Mercado Social, herramientas como la certificación participativa, monedas complementarias, lugares de encuentro entre consumidores y empresas, además de puntos de distribución y logística alternativos. “Con estas herramientas queremos entre todas, ayudar a crear nuevas empresas, productos o ramas de actividad donde ahora mismo la economía solidaria no se haya presente, con el objetivo de cubrir una parte significativa de nuestras necesidades desconectando de la economía capitalista tanto como sea posible”, explica Clara Soler de Fiare.

El Mercado Social se centralizará en el portal konsumoresponsable.coop, “como espacio de referencia que aúna información, formación, denuncia y un catálogo con productos y servicios de economía solidaria de ámbito estatal y territorial donde próximamente podrá visualizarse de una manera integrada una amplia y diversa oferta de productos y servicios que hagan más accesible y sencillo ejercer desde las empresas, la administración pública o la ciudadanía un consumo responsable y diferenciado en valores y principios al de la economía capitalista”, detalla Leire Álvarez de REAS Euskadi.

Para ampliar información: www.mercadosocial.net

Fuente: Economía solidaria

Grietas en el muro XXV: Banca Ética en la Universidad

La Banca Ética es una realidad ampliamente conocida por todas aquellas personas que se plantean qué pueden cambiar de su vida cotidiana para apoyar la transición hacia un sistema económico y financiero más justo y solidario.

Des del inicio de la crisis, la Banca Ética ha crecido a pasos agigantados. El ahorro gestionado por las entidades de finanzas éticas se ha multiplicado por siete, creciendo el último año (2012) en un 60% y llegando a los casi 1.000 millones de euros. (Barómetro de las Finanza Éticas y Solidarias)

Aunque la Banca Ética cuenta ya con más de 100.000 usuarios en España, aún tiene un largo recorrido para convertirse en alternativa que, por su volumen y base social, pueda mirar de tu a tu a la banca comercial. Una verdadera lucha del David de las buenas intenciones contra el Goliat de intereses económicos amplios con mucha capacidad de maniobra e intrusismo político y con altas dosis de corrupción, amiguismo y falsa transparencia.

Para continuar ampliando esta base de gente convencida y transformadora, nace la campaña “Pide Banca Ética” (“Demana Banca Ética”).  Promovida en Catalunya por Setem, Fets y Justícia i Pau, quiere hacer llegar la propuesta de la Banca Ética a toda la comunidad educativa del ámbito universitario.

Conscientes que hasta la fecha  todos los carnés emitidos por universidades están vinculados a algún banco o caja tradicional, proponen una campaña de sensibilización y concienciación para que la gestión de servicios financieros de la universidad (becas, tarjetas universitarias, etc.) sean hechas a través de Banca Ética.

El pasado mes de junio ganaron su primera batalla. El Campus Universitario Manresa (que agrupa a varias universidades catalanas), saco la primera tarjeta universitaria que promueve la Banca Ética. Una pequeña grieta de una campaña que acierta en la propuesta y en el público al que va dirigida y que debería mirar de ser replicada en muchos otros lugares.

Para más información – Web de la campaña “Demana Banca Ética(sólo en catalán).

Fuente: El bloc de Cristianisme i Justícia

Economía y ética

Foto: Woody economist / Aldo Cavini Benedetti

Es cada vez más frecuente que los problemas económicos se presenten como cuestiones técnicas cuya solución solo requiere la decisión de expertos, de “tecnócratas” o personas muy especializadas. Se evita que sea la gente normal y corriente la que decida sobre ellos porque se considera que no está preparada y que, por tanto, si decidiera podría ocasionar perturbaciones graves, un mal funcionamiento de la maquinaria económica, más o menos como sucedería si cualquiera de nosotros que no tuviese los conocimientos adecuados se empeñase en arreglar su reloj o cualquier aparato más o menos complicado.

Eso es lo que sucede, sobre todo, cuando se habla de cuestiones monetarias. De hecho, los bancos centrales (como en Europa el Banco Central Europeo) que son las máximas autoridades en esa materia y que disfrutan de un poder casi omnímodo, son desde hace tiempo independientes de los gobiernos o parlamentos y sus directivos se nombran haciendo creer a la gente que se trata de técnicos que no toman decisiones “políticas”. Equiparando, además, lo “político” a lo caprichoso de la gente o los gobiernos.

Pues bien, esta es una de las mentiras más grandes que acompaña al discurso y a la política económica de nuestro tiempo.

Ningún problema económico tiene solución “técnica”. Todos tienen soluciones políticas, entendiendo por política toda aquella decisión que no depende de un criterio objetivo sino de una preferencia del tipo que sea.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que hay dinero para hacer un puente entre dos ciudades pero que se puede construir en puntos diferentes de ambas por el mismo precio y con igual recorrido o dificultad. La decisión acerca de qué dos puntos concretos va a unir es política porque depende de las preferencias de la gente. Quienes vivan en un sitio o en otro preferirán seguramente que esté cerca de ellos, o lejos da igual, pero por criterios puramente subjetivos. Y la decisión que se tome será siempre política, es decir, resultado de una prefrencia concreta y no de un criterio técnico. Puede ser que esa decisión política la tome un dictador, o que se eche a suerte o que se haga una votación, pero sea cual sea el procedimiento concreto, será el resultado de una preferencia social.

Otra cosa es que, una vez tomada esa decisión, los ingenieros se tengan que poner manos a la obra y determinar las cuestiones técnicas necesarias para construir el puente, a partir de los puntos que se hayan fijado.

Y lo mismo que consideraríamos una barbaridad que la gente quisiera decidir por votación qué tipo de tornillos o sujecciones deben utilizarse, o dónde poner los puntos de fuerza del puente (porque eso sí son decisiones técnicas y no políticas), también lo sería que los ingenieros quisieran decidir por ellos mismos dónde es mejor que vaya el puente y usurparan a la gente el derecho a hacer valer sus respectivas preferencias (porque esa es una cuestión política y no técnica).

En economía ocurre igual…

Cualquier decisión económica comporta un reparto determinado de la renta. Sea cual sea lo que se decida, siempre implicará que unos u otros se beneficien más o menos. Y la decisión acerca de quiénes deben beneficiarse o salir perjudicados es evidente que no es técnica, sino política.

¿Subir o bajar los tipo de interés es una cuestión técnica?

Si yo tengo un millón de euros en el banco querré que suban, porque así me beneficio. Si debo un préstamo, preferiré que bajen.

¿Es mejor que el euro cueste más o menos dólares?

Si yo vendo sillas a Estados Unidos, querré que esté bajo, porque así venderé más, dado que serán más baratas para los estadounidenses. Pero si tengo una fábrica que compra componentes allí, preferiré que esté alto porque me saldrán más baratos a mí.

Por tanto, cuando el Banco Central Europeo sube los tipos de interés o hace que baje la cotización del euro, o al revés, aparentando que toma una decisión técnica lo que hace es decidir que miles de millones de euros pasen o a un bolsillo o a otro. Es decir, tomar una decisión política puesto que se deriva de una preferencia sobre quién se quiere que se beneficie o no de ella.

Así son todas las decisiones económicas.

Muchas veces, cuando la gente pide mejor distribución de la riqueza oímos decir: sí, pero hay que esperar, porque primero hay que producir más y luego podremos repartir, primero hay que hacer la tarta y luego repartirla.

¡Suena tan lógico que parece indiscutible, pero eso no es verdad!

Eso funciona así en repostería: para poder repartir una tarta hay que crearla antes. Pero en economía, no es así, porque a medida que vamos produciendo ya estamos repartiendo. Si producir un lápiz cuesta un euro es porque hemos retribuido por esa cantidad a todos los que han ido contribuyendo a producirlo (al que sacó la madera, al dueño de la serradora, al que lo cortó, al que lo empaquetó, etc.).

Por tanto, si eso es así, si siempre que se toma una decisión económica se toma en función de una preferencia y no de un criterio técnico, resulta que las decisiones económicas dependen siempre de nuestros principios morales, de nuestros criterios éticos: ¿somos indiferentes al crecimiento de la desigualdad? ¿nos da igual que al consumir destrocemos el medio ambiente? ¿creemos que se debe producir solo lo que pueda pagar la gente que tenga dinero o debemos conseguir que todos los seres humanos tengan acceso a los bienes imprescindibles para vivir, como la alimentación, la sanidad o la educación? ¿es justo que quienes más tienen no paguen impuestos?

Es evidente que las decisiones económicas dependerán siempre de esos principios, de la respuesta que cada uno de nosotros le demos a preguntas de esa naturaleza.

Y por todo ello es por lo que podemos decir que la economía va de la mano de la ética. Plantear las cuestiones económicas, qué política realizar, qué medidas adoptar, etc., sin plantear al mismo tiempo la cuestión moral que comportan es hacer trampa, porque significa que se decide en función de la preferencia particular de quien toma la decisión siendo ajeno a las preferencias de los demás.

La economía sin una explícita reflexión ética sobre los objetivos, sobre las consecuencias y los modos de decidir y aplicar lo decidido es una dictadura, normalmente, de los que tienen más sobre los que tienen menos o no tienen nada. Por eso hemos de reclamar siempre que, antes de tomar cualquier decisión económica, la población pueda pronunciarse sobre ella y que la que se tome sea la preferida por la mayoría. Y que, para que eso se pueda decidir con fundamento, que se pongan antes en claro sus efectos sobre las cuestiones básicas que afectan a la vida y el bienestar de las personas.

Juan Torres López, en ganas de escribir

Fuente: Coop57

Crisis, economía solidaria y finanzas éticas.

Desde distintos ámbitos, se ha incidido en que las finanzas éticas no son un fin en sí mismo, si no una herramienta para transformar la sociedad en base a los planteamientos de la economía social y solidaria. Su función debe ser suministrar financiación a las entidades de economía social y solidaria para que puedan llevar a cabo sus proyectos, y eso deben hacerlo con planteamientos mutualistas y cooperativistas, innovando, sin copiar miméticamente el funcionamiento de los bancos o las sociedades financieras mercantiles convencionales.

En un contexto de recesión económica generalizada y de profundos recortes en el Estado del Bienestar que afectan también a la economía solidaria, ¿qué papel deben jugar las finanzas éticas? El que juegan las entidades financieras convencionales está claro: cerrar el grifo del crédito y encarecer y endurecer las condiciones de sus servicios. El de las finanzas éticas debe ser justamente el contrario: mantener y potenciar sus servicios financieros para dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades de economía social y solidaria. A pesar de las dificultades económicas que atenazan a estas entidades, las finanzas alternativas deben seguir aumentando la concesión de préstamos para evitar que la falta de financiación acentúe su fragilidad. Por otra parte, ante el crecimiento exponencial del paro y el inmenso descrédito de los modelos económicos capitalistas, tenemos la oportunidad de promover nuevos proyectos cooperativos y de economía social y solidaria que creen puestos de trabajo, de manera que den respuesta a una necesidad acuciante (la falta de empleo), pero que también contribuyan a articular una realidad económica alternativa. Las finanzas éticas deben contribuir a este objetivo priorizando los préstamos para financiar inversiones y la puesta en marcha de nuevos proyectos.

Todo ello, obviamente, comporta asumir riesgos. Las finanzas éticas no deben rehuir este riesgo, si no afrontarlo y, a la vez, garantizar al máximo los ahorros de las personas que han confiado en ellas. Se trata de un equilibrio difícil, que sólo puede mantenerse si se desarrollan fórmulas de implicación social y se aplican modelos cooperativos, mutualistas y de intercooperación. Las fórmulas son variadas y ninguna de ellas por si sola es suficiente: hay que combinar varias con imaginación y flexibilidad. Por una parte, es importante aumentar el capital social de las entidades de finanzas alternativas de forma muy capilar para implicar al máximo de personas posible. Así aumentarán sus fondos propios y, en consecuencia, podrán conceder más préstamos. Y la capilaridad garantiza que nadie pueda adoptar posiciones de control y que, en la medida que el capital social está muy repartido, también se distribuye el riesgo que asume toda persona o entidad que efectúa aportaciones al capital social.

 Por otra parte, se pueden aplicar fórmulas mutualistas a las garantías que se piden a las entidades que solicitan préstamos, como por ejemplo el sistema de avales personales mancomunados. Si una entidad social pide un préstamo para hacer una inversión, consiste en pedir a sus miembros y a su base social que avalen el préstamo mediante la firma de un documento en el que cada persona se compromete a retornar una determinada cantidad (nunca la totalidad del préstamo) en el caso de que la cooperativa no pueda hacerlo. Este documento es un compromiso asumido por cada persona, y no implica desembolsar dinero ni aportar o pignorar propiedades como garantía. Se trata de buscar que la entidad que pide el préstamo aporte el máximo de avales. Este sistema de avales refuerza los lazos de ayuda mutua y de solidaridad, y cuando se aplican son un revulsivo que amplia y refuerza la red de personas y entidades vinculadas al proyecto que recibe el préstamo. Asimismo, permite superar la paradoja de que sólo los proyectos que cuentan con patrimonio o dinero (o personas adineradas que las avalen) puedan acceder al crédito.

Por último, hay que potenciar la intercooperación y la generación de sinergias entre todas las entidades interesadas en potenciar la economía solidaria y el cooperativismo para compartir riesgos, cada una desde su ámbito de actuación: bancos éticos, cooperativas de crédito, cooperativas de servicios financieros, sociedades de garantía recíproca, fundaciones de promoción de la economía social y solidaria, administraciones locales, etc. Si estamos de acuerdo en que debemos hacer todo lo posible para evitar que entidades y proyectos de economía social y solidaria viables fracasen por problemas de financiación, debemos tratar de aunar esfuerzos y compartir (o mutualizar) los riesgos que comporta toda concesión de préstamos.

En momentos difíciles como el actual es cuando se debe visualizar, en la práctica, la razón de ser de las finanzas éticas: suministrar, de forma colectiva y cooperativa, financiación a entidades de la economía solidaria que contribuyan a transformar la sociedad.

Raimon Gassiot, coordinador adjunto de Coop57

Fuente: Blog Idearia