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Grietas en el muro XXV: Banca Ética en la Universidad

La Banca Ética es una realidad ampliamente conocida por todas aquellas personas que se plantean qué pueden cambiar de su vida cotidiana para apoyar la transición hacia un sistema económico y financiero más justo y solidario.

Des del inicio de la crisis, la Banca Ética ha crecido a pasos agigantados. El ahorro gestionado por las entidades de finanzas éticas se ha multiplicado por siete, creciendo el último año (2012) en un 60% y llegando a los casi 1.000 millones de euros. (Barómetro de las Finanza Éticas y Solidarias)

Aunque la Banca Ética cuenta ya con más de 100.000 usuarios en España, aún tiene un largo recorrido para convertirse en alternativa que, por su volumen y base social, pueda mirar de tu a tu a la banca comercial. Una verdadera lucha del David de las buenas intenciones contra el Goliat de intereses económicos amplios con mucha capacidad de maniobra e intrusismo político y con altas dosis de corrupción, amiguismo y falsa transparencia.

Para continuar ampliando esta base de gente convencida y transformadora, nace la campaña “Pide Banca Ética” (“Demana Banca Ética”).  Promovida en Catalunya por Setem, Fets y Justícia i Pau, quiere hacer llegar la propuesta de la Banca Ética a toda la comunidad educativa del ámbito universitario.

Conscientes que hasta la fecha  todos los carnés emitidos por universidades están vinculados a algún banco o caja tradicional, proponen una campaña de sensibilización y concienciación para que la gestión de servicios financieros de la universidad (becas, tarjetas universitarias, etc.) sean hechas a través de Banca Ética.

El pasado mes de junio ganaron su primera batalla. El Campus Universitario Manresa (que agrupa a varias universidades catalanas), saco la primera tarjeta universitaria que promueve la Banca Ética. Una pequeña grieta de una campaña que acierta en la propuesta y en el público al que va dirigida y que debería mirar de ser replicada en muchos otros lugares.

Para más información – Web de la campaña “Demana Banca Ética(sólo en catalán).

Fuente: El bloc de Cristianisme i Justícia

Economía y ética

Foto: Woody economist / Aldo Cavini Benedetti

Es cada vez más frecuente que los problemas económicos se presenten como cuestiones técnicas cuya solución solo requiere la decisión de expertos, de “tecnócratas” o personas muy especializadas. Se evita que sea la gente normal y corriente la que decida sobre ellos porque se considera que no está preparada y que, por tanto, si decidiera podría ocasionar perturbaciones graves, un mal funcionamiento de la maquinaria económica, más o menos como sucedería si cualquiera de nosotros que no tuviese los conocimientos adecuados se empeñase en arreglar su reloj o cualquier aparato más o menos complicado.

Eso es lo que sucede, sobre todo, cuando se habla de cuestiones monetarias. De hecho, los bancos centrales (como en Europa el Banco Central Europeo) que son las máximas autoridades en esa materia y que disfrutan de un poder casi omnímodo, son desde hace tiempo independientes de los gobiernos o parlamentos y sus directivos se nombran haciendo creer a la gente que se trata de técnicos que no toman decisiones “políticas”. Equiparando, además, lo “político” a lo caprichoso de la gente o los gobiernos.

Pues bien, esta es una de las mentiras más grandes que acompaña al discurso y a la política económica de nuestro tiempo.

Ningún problema económico tiene solución “técnica”. Todos tienen soluciones políticas, entendiendo por política toda aquella decisión que no depende de un criterio objetivo sino de una preferencia del tipo que sea.

Pongamos un ejemplo. Supongamos que hay dinero para hacer un puente entre dos ciudades pero que se puede construir en puntos diferentes de ambas por el mismo precio y con igual recorrido o dificultad. La decisión acerca de qué dos puntos concretos va a unir es política porque depende de las preferencias de la gente. Quienes vivan en un sitio o en otro preferirán seguramente que esté cerca de ellos, o lejos da igual, pero por criterios puramente subjetivos. Y la decisión que se tome será siempre política, es decir, resultado de una prefrencia concreta y no de un criterio técnico. Puede ser que esa decisión política la tome un dictador, o que se eche a suerte o que se haga una votación, pero sea cual sea el procedimiento concreto, será el resultado de una preferencia social.

Otra cosa es que, una vez tomada esa decisión, los ingenieros se tengan que poner manos a la obra y determinar las cuestiones técnicas necesarias para construir el puente, a partir de los puntos que se hayan fijado.

Y lo mismo que consideraríamos una barbaridad que la gente quisiera decidir por votación qué tipo de tornillos o sujecciones deben utilizarse, o dónde poner los puntos de fuerza del puente (porque eso sí son decisiones técnicas y no políticas), también lo sería que los ingenieros quisieran decidir por ellos mismos dónde es mejor que vaya el puente y usurparan a la gente el derecho a hacer valer sus respectivas preferencias (porque esa es una cuestión política y no técnica).

En economía ocurre igual…

Cualquier decisión económica comporta un reparto determinado de la renta. Sea cual sea lo que se decida, siempre implicará que unos u otros se beneficien más o menos. Y la decisión acerca de quiénes deben beneficiarse o salir perjudicados es evidente que no es técnica, sino política.

¿Subir o bajar los tipo de interés es una cuestión técnica?

Si yo tengo un millón de euros en el banco querré que suban, porque así me beneficio. Si debo un préstamo, preferiré que bajen.

¿Es mejor que el euro cueste más o menos dólares?

Si yo vendo sillas a Estados Unidos, querré que esté bajo, porque así venderé más, dado que serán más baratas para los estadounidenses. Pero si tengo una fábrica que compra componentes allí, preferiré que esté alto porque me saldrán más baratos a mí.

Por tanto, cuando el Banco Central Europeo sube los tipos de interés o hace que baje la cotización del euro, o al revés, aparentando que toma una decisión técnica lo que hace es decidir que miles de millones de euros pasen o a un bolsillo o a otro. Es decir, tomar una decisión política puesto que se deriva de una preferencia sobre quién se quiere que se beneficie o no de ella.

Así son todas las decisiones económicas.

Muchas veces, cuando la gente pide mejor distribución de la riqueza oímos decir: sí, pero hay que esperar, porque primero hay que producir más y luego podremos repartir, primero hay que hacer la tarta y luego repartirla.

¡Suena tan lógico que parece indiscutible, pero eso no es verdad!

Eso funciona así en repostería: para poder repartir una tarta hay que crearla antes. Pero en economía, no es así, porque a medida que vamos produciendo ya estamos repartiendo. Si producir un lápiz cuesta un euro es porque hemos retribuido por esa cantidad a todos los que han ido contribuyendo a producirlo (al que sacó la madera, al dueño de la serradora, al que lo cortó, al que lo empaquetó, etc.).

Por tanto, si eso es así, si siempre que se toma una decisión económica se toma en función de una preferencia y no de un criterio técnico, resulta que las decisiones económicas dependen siempre de nuestros principios morales, de nuestros criterios éticos: ¿somos indiferentes al crecimiento de la desigualdad? ¿nos da igual que al consumir destrocemos el medio ambiente? ¿creemos que se debe producir solo lo que pueda pagar la gente que tenga dinero o debemos conseguir que todos los seres humanos tengan acceso a los bienes imprescindibles para vivir, como la alimentación, la sanidad o la educación? ¿es justo que quienes más tienen no paguen impuestos?

Es evidente que las decisiones económicas dependerán siempre de esos principios, de la respuesta que cada uno de nosotros le demos a preguntas de esa naturaleza.

Y por todo ello es por lo que podemos decir que la economía va de la mano de la ética. Plantear las cuestiones económicas, qué política realizar, qué medidas adoptar, etc., sin plantear al mismo tiempo la cuestión moral que comportan es hacer trampa, porque significa que se decide en función de la preferencia particular de quien toma la decisión siendo ajeno a las preferencias de los demás.

La economía sin una explícita reflexión ética sobre los objetivos, sobre las consecuencias y los modos de decidir y aplicar lo decidido es una dictadura, normalmente, de los que tienen más sobre los que tienen menos o no tienen nada. Por eso hemos de reclamar siempre que, antes de tomar cualquier decisión económica, la población pueda pronunciarse sobre ella y que la que se tome sea la preferida por la mayoría. Y que, para que eso se pueda decidir con fundamento, que se pongan antes en claro sus efectos sobre las cuestiones básicas que afectan a la vida y el bienestar de las personas.

Juan Torres López, en ganas de escribir

Fuente: Coop57

Los 6 principios de la banca sostenible

¿Un banco sostenible? ¿Pero eso existe? Sí, y de hecho hay más de uno. Algunos de ellos incluso han formado una red internacional, la Alianza Global para una Banca con Valores. Actualmente 25 entidades integran esta red mundial de bancos con valores, entre ellos, Triodos Bank. Su objetivo: servir de inspiracion a otras instituciones financieras y proponer acciones para contribuir a un sistema financiero más sostenible.

Se trata, por lo general, de entidades de pequeño o mediano tamaño que continúan obteniendo resultados positivos a pesar de las dificultades que atraviesa el sector financiero en gran parte del mundo. Instituciones financieras con historia, estructura y tamaños diversos, desde bancos comunitarios a cooperativas de crédito, bancos con presencia internacional o instituciones de microcréditos. La propia realidad de los países donde operan dibuja su función social: más inclusiva de personas con escasos recursos en Asia, Latinoamérica o África; más enfocada a sectores sostenibles y proyectos locales en América del Norte o Europa. Pero todos ellos comparten una base común: las personas están en el centro de la actividad financiera.

Por ello se han unido en este movimiento creciente de bancos con valores, desde la conviccion de que, desde el propio sistema financiero, cumpliendo con los mismos requisitos que exigen los reguladores bancarios a otras entidades y ofreciendo productos y servicios de calidad, es posible cambiar las cosas y seguir creciendo.

Pero ¿cómo reconocer si un banco es sostenible y no se trata de una estrategia de márketing? Para aportar un poco de luz la Alianza Global para una Banca con Valores ha definido 6 principios básicos de la banca sostenible, que están presentes en mayor o menor grado en todas las organizaciones de la red.

  1. El dinero no da la felicidad.
    Enfoque de triple resultado en sus modelos de negocio. La obtención de un beneficio razonable se reconoce como requisito esencial de la banca sostenible, pero no es un objetivo aislado ni, mucho menos, el principal. Los bancos sostenibles buscan compatibilizar el beneficio económico con el social y medioambiental. Se utilizan las finanzas para promover un cambio positivo.
  2. Es la economía real, estúpido.
    Sirviendo a la economía real y favoreciendo nuevos modelos de negocio. Los bancos sostenibles responden a las necesidades financieras de los sectores y las comunidades a las que se dirigen, dentro de los países y áreas geográficas en las que operan. Promueven el desarrollo sostenible a través de la financiación bancaria.
  3. Hoy te quiero más que ayer.
    Relaciones duraderas y valiosas con los clientes y un entendimiento directo de sus actividades económicas y de los riesgos que asumen. Los bancos sostenibles establecen relaciones sólidas con sus clientes. A la hora de conceder financiación, se implican de forma directa en la comprensión y en el análisis de sus actividades económicas.
  4. Hasta el infinito y más allá.
    Enfoque a largo plazo, solvencia y sostenibilidad. Los bancos sostenibles adoptan una perspectiva a largo plazo para asegurarse de que pueden mantener sus operaciones y resistir ante las perturbaciones externas. Aunque reconocen que nadie es totalmente inmune a las condiciones externas.
  5. Claro cristalino.
    Gobierno transparente e inclusivo
    . Los bancos sostenibles incorporan la transparencia como pilar fundamental en su actividad financiera, así como en sus modelos de gobierno y sistemas de reporte. Con enfoque inclusivo buscan mantener relaciones valiosas con sus comunidades, formadas por todos sus grupos de interés y no solamente por sus accionistas o equipos directivos.
  6. Te llevo en el corazón.
    Todos estos principios están incorporados en la cultura del banco. Los bancos sostenibles incorporan los principios anteriores en su actividad central. Dado que el proceso de implantación de estos valores requiere un esfuerzo intencionado por parte de las instituciones, desarrollan políticas de recursos humanos que reflejen este enfoque.

Otra forma de banca no sólo es posible sino que ya existe y funciona con éxito. Lo que demuestra que los valores y la búsqueda de la sostenibilidad en la banca no son un lastre para el crecimiento sino la única vía posible para mantenerlo a largo plazo.

Sonia Felipe Larios

Fuente: alterconsumismo

Banca ética o la otra forma de hacer banca (2).

Un eje importante de la acción bancaria tradicional es dedicar el dinero a actividades especulativas, alejadas de la economía productiva. Vivimos en un mundo desdoblado, donde lo real se confunde con lo irreal y, demasiadas veces, nos hace interpretar lo real desde lo irreal. Hay gente que vive con amigos de Facebook pero ignora a sus vecinos. La economía ha entrado en este desdoblamiento y se ha especializado en mecanismos especulativos elaborando productos opacos. De estos dos aspectos se habla extensamente en el Dossier citado de Economistas sin Fronteras (1).

Es necesario hacer notar la importancia de este desdoblamiento, pues actúa como motor de la crisis que vivimos la hiper-especulación, unida al voraz deseo de enriquecimiento inmediato. Alain Touraine, señala en su libro “Después de la crisis” que “las crisis económicas recientes nacen generalmente de una separación creciente de la economía financiera, que, a menudo, está contaminada por la voluntad de enriquecimiento personal de los dirigentes, y de la economía real, que no es definible al margen de los conflictos sociales y de las intervenciones del Estado”. Por ello, piensa A. Touraine, el que desea un rápido enriquecimiento personal, se desplaza al nivel de la especulación, donde no existen esos conflictos sociales y se pide al Estado la no intervención dejando actuar al mercado. Sucede así, sigue diciendo A. Touraine, que “no solo se separa la economía financiera de la economía real, sino que la vida económica, en su conjunto, se separa de la sociedad, lo que amenaza con destruir las instituciones donde se construyen las normas y los modos de las negociaciones sociales”.

Me atrevo a pensar que este factor corrosivo de la vida social está en el corazón de los desgarros sociales de las hipotecas, los desahucios y sus terribles consecuencias que conducen a situaciones depresivas y, en ya demasiados casos, a suicidios por lo irresistible de la situación. Hay como una pared que impide a los bancos flexibilizar posiciones ante el conflicto social, quedando como los causantes de la crisis y, a la vez, los beneficiados. Lo que genera un profundo rechazo social. La pared refleja una gran distancia con la sociedad.

El político estadounidense Thomas Jefferson (1743-1826) pensaba “que las instituciones bancarias son más peligrosas, para nuestras libertades, que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos, y todas las instituciones que florecerán en torno a los bancos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron”.

Hay que reconocer que algo de esto nos recuerda a España.

Joseph E. Stiglitz, en su libro reciente, titulado “El precio de la desigualdad”, señala que “la forma de búsqueda de rentas más atroz –y que se ha perfeccionado muchísimo en los últimos años – ha sido la capacidad de los responsables del sector financiero de aprovecharse de los pobres y de la gente desinformada, ya que han ganado ingentes sumas de dinero depredando a esos grupos con créditos usurarios y prácticas abusivas con las tarjetas de crédito. Puede que cada persona pobre tenga muy poco, pero hay tantos pobres que quitarle un poco a cada uno de ellos supone mucho dinero. Un mínimo sentido de la justicia social – o una mínima preocupación por la eficacia general – debería haber inducido al gobierno a prohibir este tipo de actividades. Al fin y al cabo, se estaba utilizando una considerable cantidad de recursos para trasladar el dinero desde los bolsillos de los pobres a los de los ricos, razón por la cual estamos ante un juego de suma negativa. Pero el gobierno no puso fin a estas actividades, ni siquiera cuando, hacia 2007, resultaba cada vez más evidente lo que estaba ocurriendo. El motivo era obvio. El sector financiero había invertido mucho dinero en hacer lobby y en contribuciones a las campañas electorales, y esas inversiones habían dado sus frutos”.

Krugman, en su libro “Acabad ya con esta crisis”, cuenta que los 25 administradores de los fondos de cobertura mejor pagados en EE.UU. ganaron más que los 80.000 maestros de Nueva York. “Porque los verdaderos beneficios no han ido a parar a trabajadores con estudios universitarios en general, sino a un puñado de personas muy adineradas. Es habitual que un profesor de instituto tenga una licenciatura y, muchos, un post-grado; pero no han vivido, por decirlo suavemente, el tipo de incremento de ingresos que sí han conocido los administradores de fondos de cobertura”. Y no es una anécdota, afirma Krugman, esta acumulación desorbitada de poder económico pues se suele concretar en presiones políticas para que los Gobiernos actúen según sus intereses. Es más, “cuando los especuladores sin escrúpulos han hecho ganar dinero a los inversores, en varios casos importantes no lo hicieron generando valor para la sociedad en su conjunto, sino, al contrario, expropiando, de hecho, valor a otros actores. Donde esto es más obvio es en las malas prácticas bancarias. En la década de 1980, los dueños de las sociedades de ahorro y crédito inmobiliario obtuvieron grandes beneficios asumiendo grandes riesgos; y luego dejaron la factura a los contribuyentes. Y en la década de 2000, los banqueros volvieron a hacer lo mismo: consiguieron fortunas enormes mediante préstamos inmobiliarios inadecuados y luego o bien se los vendieron a inversores incautos, o bien se beneficiaron del rescate gubernamental cuando estalló la crisis… Parte de la explicación puede encontrase en la desregulación financiera”.

En ese mismo libro, Krugman traslada una cita del escritor americano Upton Singlair que dice que “es difícil que un hombre comprenda algo cuando su salario depende de que no lo comprenda”. Lo que apunta a la dificultad de que el cambio venga desde dentro de un sector que se ha mostrado voraz en el enriquecimiento personal de sus directivos y gestores.

Joaquín Estefanía (EL PAÍS, 28.10.12) piensa que “habitualmente, las responsabilidades (de la banca) se han saldado siguiendo un itinerario conocido: 1) cuando son acusados, los bancos amenazan con una batalla jurídica interminable (tienen brigadas de bufetes de abogados trabajando para ellos); 2)se llega a un compromiso y los bancos pagan una multa sin admitir ni negar su responsabilidad; 3)prometen no volver a las andadas, pero nada más prometerlo se dedican a conductas parecidas; 4)una vez más se llevan una regañina y una multa (cuyo coste es reducido en relación con su conducta fraudulenta), y 5) los incentivos perversos permanecen… Los bancos saben que la mayoría de las víctimas de sus desmanes (que son los perjudicados) no tienen los recursos legales suficientes – ni el tiempo – para enfrentarse a la todopoderosa industria financiera sin ayudas… El economista Joseph Stiglitz… dice que una variante de la defensa de los bancos es la máxima caveat emptor, que dice: nadie debería fiarse de nosotros y quienquiera que lo haga es un estúpido”. Es el poder efectivo de las instituciones financieras.

Es necesario replantear los valores en la economía y, especialmente, en el sector financiero y bancario. La política económica ha de estar al servicio de la política social, decía hace años J. Delors, y la racionalidad del mercado ha de tener prioridad sobre la irracionalidad de sus actores, que han arrasado el modelo social. Se trata, como dice Tourain, de volver a tomar en consideración los objetivos no económicos del sistema económico. Lo que solo será posible si es la sociedad la que conforma a la economía y no al revés. Piensa Tourain que “si podemos hablar de la sustitución de los actores sociales por actores morales es en la confianza de que surja una sociedad donde el poder dominante de los financieros esté limitado por el poder de iniciativa de los dirigentes industriales y, a la vez, por aquellos que se oponen a una lógica inhumana de la economía globalizada y por las intervenciones de los Estados, preocupados por frenar la irracionalidad de las maniobras especulativas y el incremento de las desigualdades sociales y el paro”. Un ejemplo de esta tarea de los Gobiernos podría ser la afirmación del Ministro de Finanzas de Chipre: “no aceptaremos en ningún caso pérdidas para los ahorradores”; lo dice en caso de que tengan un rescate, que parece que lo van a tener. Ojalá haga verdad eso que dice y, ojalá, dijera eso mismo nuestro Gobierno.

Es en este espacio reservado a los actores morales donde se sitúa la banca ética. No entra ni trabaja en el esquema donde ha aterrizado el sistema bancario tradicional. Por eso es otra forma de hacer banca. Se apega a la realidad social, provoca desarrollo local y traslada información transparente de lo que se hace con el dinero de los ahorradores, no camina por los senderos de la especulación y aporta ayuda financiera a la construcción de una sociedad más cohesionada y equitativa. Especialmente si, como en Fiare -los socios se organizan en cooperativa- participan en las decisiones nucleares de la empresa mediante las asambleas y se insertan en el territorio a través de su estructura organizativa, basada en circunscripciones territoriales. No cae la banca ética en lo que el poeta latino, Quinto Horacio Flaco, decía: “Consigue dinero ante todo, la virtud vendrá después”.


(1) Lo planteado en este artículo está recogido y profundizado en un Dossier de Economistas sin Fronteras sobre banca ética.

Marcos de Castro Sanz

Fuente: Nueva Tribuna.

Los ahorradores se organizan de espaldas a la banca en Gran Bretaña.

D-Day Monday Feb 15 1971 / brizzle born and bred

Las críticas a la banca y a sus malas prácticas durante los últimos años se han convertido en una conversación casi tan habitual como la de comentar el tiempo con el vecino mientras se coincide en el ascensor. Pero hay gente que, harta de la crítica, está dando un paso más y se está organizando para evitar que los bancos tengan ese poder casi divino que parece que se les ha otorgado. Ejemplos de esta acción ciudadana se pueden encontrar a lo largo de todo el planeta y no necesariamente en los países o comunidades más pobres. Como destacaba hace unas semanas el diario británico The Guardian, el fenómeno es todo un boom en Gran Bretaña, gracias a las cooperativas de crédito.

La idea consiste en agruparse con otros ahorradores para organizar un sistema de préstamos con el fin de asegurarse de que el destino de sus finanzas es fomentar la economía real. Pero sobre todo se evita que ese dinero vaya a la economía de casino que se ha instaurado en el sistema financiero mundial. Se impide que en pocos minutos las cuantías depositadas en una cuenta bancaria acaben en un paraíso fiscal, sirvan para apostar contra la deuda de algún país, con el consecuente perjuicio para los ciudadanos de éste, o simplemente se destinen a descorchar lujosas botellas de champán para celebrar algún negocio exitoso.

Frente a ello, el dinero depositado en una cuenta en una cooperativa de crédito se presta a otros titulares de cuentas de esa misma cooperativa. La relación no se establece de cliente a entidad sino entre miembros de una comunidad. Unos reciben el crédito que necesitan, y que en estos momentos la banca tradicional se niega a conceder, y otros reciben unos intereses ganados limpiamente y sin negocios complicados. Como explica The Guardian, en las cooperativas de crédito no hay accionistas que exigen más beneficios, ni préstamos dudosos, ni tarjetas de crédito. Tampoco hay directores generales multimillonarios con escandalosos bonus a final de año. Su sistema de organización se establece a través de personal voluntario que se organiza en comités, pero también cuentan con personal contratado para llevar la gestión diaria. “Son estos contratados los que se encargan de verificar el historial de crédito de las personas que solicitan un préstamo y quienes deciden directamente si se concede o no cuando son de pequeña cuantía”, explica Gren Bingham, el director de la London Community Credit Union. Para aquellas solicitudes de una cuantía mayor, la demanda pasa a un “comité de crédito, formado por miembros elegidos por la asamblea general”.

Según los datos manejados por The Guardian, en Reino Unido más de 500.000 personas se han sumado a esta modalidad de préstamos en este año, y más de 1,5 millones lo utilizan desde 2009. El motivo por el que tanta gente se acerca a esta nueva fórmula financiera se basa en la transparencia y la facilidad del sistema que propone. No hay créditos desorbitados, sino ayudas para financiar gastos reales. La regla general, según explica Bingham, es que se puede pedir prestado hasta tres veces el saldo que se tiene en la cuenta de ahorro. “Aunque es muy complicado dar una cifra media de lo que se presta. Yo diría que lo normal está en un máximo de 7.500 libras esterlinas (9.254 euros), aunque se pueden hacer excepciones en función del comportamiento de ese usuario en préstamos anteriores”, explica el director de London Community Credit Union.

Una de las particularidades de las cooperativas que están surgiendo en Gran Bretaña es que todos sus miembros viven relativamente cerca. Su filosofía es que el dinero se mantenga entre los miembros de la comunidad y repercuta en el área donde viven. De esta forma, se ayuda a un comerciante a abrir un nuevo negocio, o a alguien a remodelar su casa, etc. El circuito del dinero se reduce y sus propietarios pueden obtener doble beneficio, el de los intereses que consiguen a cambio de prestarlo y el de los resultados efectivos que esa inyección económica produce en sus barrios.

Es habitual que este tipo de organizaciones realicen jornadas de puertas abiertas en algún local de la comunidad para contar a todo el mundo lo que están haciendo y los beneficios de esta modalidad de inversión. Se diferencian de otros movimientos ciudadanos como Occupy Wall Street o el 15-M español en que no levantan ninguna bandera reivindicativa, ni corean ninguna crítica. Simplemente apuestan por contar pacíficamente lo que consideran una beneficiosa fórmula de gestión financiera.

Este incremento de la auto-organización por parte de los ahorradores está poniendo nerviosos tanto a los políticos como los banqueros. Unos porque temen perder la legitimidad, los otros porque ven cómo se les escapa el negocio. Y es que, aunque parezca complicado, el dinero que se mueve en este tipo de instituciones tiene “las mismas garantías que el resto de entidades financieras del país”, según asegura Bingham. “Estamos bajo la cobertura del Financial Services Compensation Scheme (FSCS). Un sistema que asegura el 100% de los depósitos en una institución financiera hasta las 85.000 libras esterlinas (105.000 euros)”, explica. Esto vendría a ser algo parecido al Fondo de Garantía de Depósitos español, que asegura hasta 100.000 euros las cantidades depositadas en las entidades financieras.

Mientras los políticos debaten qué hacer, los banqueros ya están reaccionando. La publicidad de las grandes corporaciones financieras se ha propuesto como objetivo recuperar la credibilidad perdida. Los anuncios en Reino Unido están salpicados de palabras como “responsable”, “inversión” o “local”, e insisten en transmitir el mensaje de “le estamos escuchando”. ¿Tal vez antes no lo hacían? ¿o es que ahora no les queda más remedio? Una encuesta realizada por la consultora YouGov asegura que el 79% de los británicos no cree que la banca se preocupe de los clientes.

Pilar Blázquez  es Responsable de estudios, Comunitae.com

Fuente: The Huffington Post

Guía didáctica de sensibilización para 2º bachillerato (Economía: motor de cambio)

ECONOMÍA: MOTOR DE CAMBIO – UNIDAD DIDÁCTICA 2º BACHILLERATO.

Esta guía didáctica es una propuesta educativa realizada por Fiare y forma parte del proyecto de sensibilización El lugar del dinero y las finanzas en nuestra sociedad y su influencia en la Justicia Económica Global, financiado por la Diputación Foral de Bizkaia en el marco del programa de concesión de subvenciones para la realización de proyectos de cooperación, sensibilización y educación al desarrollo.

Lo que se pretende con él es sensibilizar al alumnado de 2º de Bachillerato sobre el lugar del dinero y las finanzas en nuestra sociedad, y su influencia en la Justicia Económica Global, así como de la necesidad de alternativas al modelo económico tradicional. Este material didáctico está pensado y diseñado para personal docente que trabaje con alumnado de 2º de Bachillerato.

Descárgate:

Fundación Fiare.

Video – Entrevista a Nuria del Río – Finanzas éticas.

Nuria Del Río, pertenece al consejo asesor de Coop57 a nivel estatal.

Resumen de la entrevista a Nuria del Río, del consejo asesor de la cooperativa financiera Coop57 acerca de las finanzas éticas. Banca ética y economía solidaria: otras finanzas son posibles.

Fuente: Barrio Canino.