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La intermediación financiera no tiene por qué ser un negocio

Foto: Euros / G CACAKIAN

Hace poco salieron las cifras de morosidad del sistema financiero español. En Coop57 también hicimos nuestros cálculos sobre qué cifras de morosidad teníamos al cierre del ejercicio anterior. En la comparación, las diferencias fueron significativas.

En el mes de diciembre de 2013, la morosidad del sistema financiero español llegó al 13,60% del total. A este porcentaje del 13,60% deberíamos sumarle los activos adquiridos por el SAREB, el “banco malo”. Muchos apuntan que, entonces, la morosidad real se situaría alrededor del 17%. Las cifras de morosidad de Coop57 a 31 de diciembre de 2013 se situaron en el 1,98% siendo unas siete veces inferior que las cifras oficiales. Y no es una cosa aislada de Coop57, sino del conjunto del sistema financiero ético. Según cifras elaboradas por el Observatorio de las Finanzas Éticas, en 2012, el conjunto de las finanzas éticas en el estado español tuvo una morosidad del 3’36%.

¿Por qué hay una diferencia tan grande entre unas cifras y las otras?

Razones hay muchas pero todo emana del objetivo que se persigue y como se persigue este objetivo.

El sistema financiero convencional basa su actividad en la búsqueda obsesiva del máximo beneficio y esto hace que se hagan inversiones arriesgadas, que se busque el beneficio rápido y por lo tanto se participe de manera profunda, por ejemplo, en hinchar una burbuja inmobiliaria que la economía española interpretó con desafortunada brillantez (mucha parte de la morosidad viene por los créditos fallidos en este sector). Coop57 es una cooperativa de servicios financieros éticos y solidarios. Lleva a cabo una tarea de intermediación financiera al querer captar ahorro procedente de la sociedad civil para canalizarlo a la financiación de proyectos de economía social y solidaria que generen impactos positivos para el conjunto de la sociedad y fomenten la creación, articulación y crecimiento de modelos económicos y sociales alternativos. El objetivo, aun realizando actividad financiera, no es económico sino que es social, buscando una trasformación en positivo.

Hemos visto el “que”, pero en el “cómo” también hay una diferencia fundamental de planteamiento. El sistema financiero convencional tiene como mecanismo para maximizar sus beneficios buscar la máxima rentabilidad en sus operaciones y por lo tanto se entra en una dinámica de pugnar con la parte prestataria para ver quién consigue mejores condiciones para su propio interés ya que el centro de gravedad de la organización es el capital. En Coop57, como en la economía social y solidaria, el centro de gravedad son las personas y las formas de organización son participativas y democráticas. Las empresas y entidades que reciben financiación de Coop57 son propietarias de Coop57 y saben perfectamente que no se quiere “hacer negocio” con ellas, sino que el objetivo es ayudarlas a que sus proyectos puedan cristalizar con éxito. Por lo tanto, no son dos partes, una frente la otra, que pugnan por una serie de condiciones, sino que la mesa es redonda y se buscan soluciones de manera conjunta.

Pero además de todo esto, el dinero prestado a empresas y familias desde el sistema financiero convencional está en su nivel más bajo desde 2006. Desde que estalló la crisis financiera, el grifo del crédito se ha cerrado de manera significativa con lo que la banca no está respondiendo a las necesidades de financiación de las empresas y familias españolas. En este contexto, el papel que deben jugar las finanzas éticas debe ser justamente el contrario: mantener y potenciar sus servicios financieros para dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades de economía social y solidaria. A pesar de las dificultades económicas que atenazan a estas entidades, las finanzas alternativas deben seguir aumentando la concesión de préstamos para evitar que la falta de financiación acentúe su fragilidad. Todo ello, obviamente, comporta asumir riesgos. Las finanzas éticas no deben rehuir este riesgo, sino afrontarlo y, a la vez, garantizar al máximo los ahorros de las personas que han confiado en ellas. Se trata de un equilibrio difícil, que sólo puede mantenerse si se desarrollan fórmulas de implicación social y se aplican modelos cooperativos, mutualistas y de intercooperación.

La confianza, flexibilidad y adaptabilidad a las necesidades dinámicas y cambiantes de las entidades socias que reciben financiación son elementos claves (y no económicos) para entender las cifras de morosidad de Coop57. Desde que estalló la actual crisis financiera, en 2008, Coop57 ha concedido casi 1.000 préstamos por valor de más de 35 millones de euros. Y lo más importante: se han denegado poquísimas solicitudes de financiación. Si un préstamo no se ve claro, no se deniega directamente. Se buscan, conjuntamente, las soluciones para poder concederlo. La cifra de la morosidad no tiene sentido por sí sola si no se entiende que es baja debido a la confianza y a la capacidad de adaptarse a las necesidades de las entidades. La cifra de morosidad, cobra sentido cuando se entiende que la intermediación financiera no tiene por qué ser un negocio, sino un servicio en beneficio de la entidad que lo recibe y en beneficio de su actividad que acabará revertiendo en el interés del conjunto de la sociedad.

Cuando el objetivo es la construcción de herramientas colectivas al servicio de este colectivo, cuando las relaciones no son meramente económicas, cuando se da importancia a la confianza y al conocimiento mutuo, cuando se da importancia al hecho de disponer de una base social fuerte e implicada o de estar entrelazadas unas con otras, la efectividad de la actividad económica se demuestra mayor. Actualmente, en Coop57 tenemos 365 préstamos en activo de los que sólo 8 conforman la morosidad de la entidad. Esta efectividad se da, en gran medida, por mecanismos y lógicas no económicas.

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FIARE-BANCA ÉTICA. Tomando el control de nuestro dinero.

Nos gustaría empezar este artículo con un grito de alegría no exento de cierto amargor, ¡teníamos razón!

El sistema financiero existente hasta la fecha basado solamente en parámetros de crecimiento de balances, rentabilidad económica y beneficios exponenciales, no era coherente con la propia esencia de las personas, ni con un entorno de ciudadanos en el que nuestros actos tienen repercusiones sobre muchas otras personas cerca (y cada vez más lejos gracias a la globalización).

Al final el sistema económico-financiero ha hecho aguas. Ahora estamos intentando solucionarlo con parches temporales (inyecciones de dinero en bancos, inversión públicas, subsidios incontrolados) con la esperanza que todo vuelva a su cauce poco a poco, confiando de nuevo sólo en la lógica del mercado. Pero la solución no puede estar en la misma causa del problema; hay algo que chirría fuerte en este razonamiento.

Esto nos debería llevar a volver a tomar el control sobre nuestras decisiones financieras, ser responsables no solo en nuestro consumo de productos tangibles: comercio justo y consumo ecológico, sino también en nuestro consumo de productos financieros. Solo de esta forma, tomando el control de nuestras decisiones, tomaremos el control de la economía y podremos encontrar un sistema económico nuevo que soslaye los inconvenientes del capitalismo de libre mercado.

Este razonamiento se sustenta no solo desde un punto de vista racional y de propuesta ideológica, sino también desde un punto de vista moral. Desde una moral cristiana en el que el mensaje de la justicia social impregna el Evangelio (“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados”), debemos plantearnos cómo conseguir esa transformación para alcanzar la justicia social. Insistamos, no solo es una necesidad racional producto del desenlace de esta crisis, también es una necesidad moral que deberíamos asumir los cristianos, ahora más que nunca.

Si buscamos la construcción del Reino en este mundo hay que empezar por aquellas cosas que están a nuestro alcance, qué consumimos, a quién apoyamos y dónde invertimos nuestro dinero.

Sería pretencioso pretender tener la solución para esta crisis desde esta tribuna. Lo que si podemos afirmar es que conocemos, y ya existen, algunos instrumentos para salir del círculo del consumismo en el que estábamos y aplicar una visión cristiana y coherente con la construcción del Reino que los cristianos perseguimos. Tomemos las riendas de nuestras finanzas. Construyamos un mundo más justo también con nuestro dinero.

Se trata, en definitiva, poner en sintonía nuestro dinero y nuestro corazón y aplicar al uso del dinero los criterios que aplicamos a otras cosas que hacemos en nuestra vida cotidiana. En nuestro quehacer diario intentamos construir una sociedad más justa junto con las personas de nuestro alrededor, y nos implicamos en organizaciones e iniciativas que ya funcionan, o las creamos si es necesario. ¿Por qué entonces no nos vamos a plantear que el dinero que ahorramos o que depositamos en entidades financieras se utilice para apoyar estas iniciativas y organizaciones? Y, si no existe esa alternativa, intentemos crearla.

Una alternativa hoy en día son las Entidades Financieras Éticas. Bancos que cumpliendo con todos los requisitos legales y de solvencia, al igual que los demás bancos y cajas de ahorros, tienen como base de su funcionamiento un uso ético y responsable del dinero que sus clientes.

De esta forma se cumple el doble objetivo de: 1) dar una alternativa a aquellos ahorradores o simplemente clientes de entidades financieras que queremos que nuestro dinero sea utilizado para financiar empresas y actividades que promuevan la justicia social o el necesario desarrollo de los países del Sur, y que sean respetuosas con el medio ambiente; y 2) financiar exclusivamente actividades que generen un valor social para nuestro entorno, ya sea desde la mejora del medio ambiente, un comercio más justo o la mejora de las condiciones de los más necesitados cerca de nosotros o en países lejanos.

Es la vuelta a la esencia de la Banca, recoger el dinero de los ahorradores, remunerarlo, y prestar ese dinero con un diferencial de interés que genere una liquidez suficiente para mantener la actividad. Tan sencillo… ¡y a veces lo complican tanto!

Desde FIARE Banca Ética se cumplen estas premisas aportando una alternativa seria para aquellas familias y entidades que quieren conocer dónde depositan su dinero, a qué actividades se va a prestar y que sólo van a ser actividades que buscan avanzar en la transformación social. Toda decisión de financiación pasa el doble control de una comisión de riesgos (control económico-financiero) y una comisión de evaluación ético-social (control ético). Además, todas las financiaciones aprobadas se publican en las memorias y en la página de web, como uno de los elementos de transparencia de la entidad.

FIARE Banca Ética incorpora además algunos elementos que completan la opción de toma de control por parte de las personas de sus decisiones financieras: el trabajo en red y la organización democrática. FIARE Banca Ética está promovida actualmente por más de 450 entidades sociales de casi toda España, entidades que están trabajando día a día por construir alternativas sociales, tejiendo redes densas. Son estas entidades, junto a muchas personas, quienes están participando como socios del proyecto FIARE Banca Ética (ya somos casi 4.000 personas y entidades las que han aportado capital social, y esperamos crecer bastante más). Esto aporta un valor añadido, al ser los propios actores los que toman las decisiones sobre cómo quieren construir y organizar esta entidad, tomando las decisiones democráticamente con la participación de todos los socios. Este es un instrumento más, para la toma de control sobre nuestras decisiones, tal y como comentábamos al principio.

De esta forma, con una pequeña aportación al capital de la entidad (desde 300 € las personas físicas y 600 € las entidades no lucrativas) se consigue formar parte del proyecto, pudiendo participar en la toma de decisiones. También se puede apoyar el proyecto haciéndose cliente, tanto invirtiendo los ahorros con plena seguridad, como demandando financiación. Por cierto, la entidad no tiene morosidad y tiene amplia disponibilidad de capital para prestar, dos elementos más, derivados de una gestión responsable, y excepcionales en el momento actual del mercado.

Existen otras alternativas en la banca ética en España como Triodos, pero es la dimensión participativa en las decisiones y gestión, y de trabajo en RED de FIARE Banca Ética lo que acerca más el proyecto FIARE a los valores y conceptos que hemos expuesto en este artículo.

En definitiva FIARE Banca Ética es una entidad que funciona con criterios éticos y que busca la transformación social en función de la justicia, en armonía con los valores cristianos que promovemos los seguidores de Jesús.

Os invitamos a conocer más de este proyecto en www.proyectofiare.com donde podéis ver los puntos de contacto para poder haceros clientes (depositando dinero o solicitando financiación), o información de cómo haceros socios a través de las asociaciones territoriales que canalizan la participación social. También se puede contactar en el correo info@proyectofiare.com (oficina principal, en Bilbao) y en los correos de las asociaciones territoriales (por ejemplo, fiarezc@proyectofiare.com Asociación Fiare Zona Centro, en Madrid y Castilla-La Mancha).

Alberto Puyo y Toño Martínez (tonnomartinez@gmail.com)

Fuente: Eclesalia.

Banca Ética, Finanzas Éticas, Finanzas Responsables.

¿”Finanzas Éticas”? ¿”Banca Ética”? ¿Es posible unir ambos conceptos? Es posible, hay ejemplos de ello y se trata de Finanzas que antepongan el beneficio social al beneficio monetario.

"Banca Ética"

363/365: Día de flores / anieto2k

Lo que está claro es que el sistema financiero global está en crisis. Y no solamente por la crisis en si misma, sino por el uso que se hace de nuestro dinero y por el asesoramiento mal entendido que antepone sus propios intereses al de los clientes donde lo único importante es ganar dinero por encima de sus clientes.

Es cierto, como se ha dicho que estamos en una crisis de valores, pero hay quien prefiere actuar y ponerle solución antes que quejarse.

Hay personas y asociaciones que se han organizado para desarrollar sistemas financieros alternativos más cercanos a sus valores.

Durante los últimos años hemos asistido a un crecimiento importante de personas que prefieren el beneficio social al monetario y quieren prestar su dinero a entidades que les cuentan en qué y para qué usan su dinero. Estamos hablando de un uso responsable del dinero, de su dinero, de tu dinero, de nuestro dinero.

Buenos ejemplos de Finanzas Ética, en España, son Triodos Bank, Fiare-Banca Ética y Coop. 57 que se posicionan como una alternativa a la banca tradicional. Sus orígenes y fundamentos son diferentes, pero comparten los aspectos fundamentales que conforman la banca ética.

Los datos son claros: en 2011 había 575 millones de euros en depósitos y unos 600 millones de euros en préstamos. Lo que no son cuentas son cuentos. Estos datos aparecen en el Observatorio de la Finanzas Éticas 2011.

Las características fundamentales y comunes a la banca ética se pueden resumir en tres pilares:

  1. Promueven la economía real en su entorno más cercano frente a la economía especulativa,
  2. Publican todas sus inversiones, practicando la transparencia y
  3. Orientan sus operaciones a los beneficios sociales y medioambientales

Contestando a la pregunta que iniciaba el post, si, son posible tanto las finanzas como la banca ética. Como muestra de ello y para que amplíes toda la información te dejo un reportaje muy, pero que muy interesante, emitido el pasado día 31 de diciembre en TVE2 titulado “Finanzas Éticas”. No te lo pierdas!!

Con este post abro una categoría nueva en Sherpa Financiero: Finanzas Alternativas, donde voy a ir desgranando diferentes posibilidades frente a la banca tradicional.

Ahora solo te pido que compartes este post en tus redes sociales, puede ayudar a muchos autónomos, emprendedores y pymes a conocer las finanzas éticas.

Fuente: Empire.

El gustazo de pasarse a la banca ética.

Cerrar la cuenta de ahorros en un banco tradicional y pasar el dinero a la banca ética es uno de los pocos placeres y mayores venganzas que el ciudadano de a pie, víctima de los abusos del gran capital, puede infligir a un sistema financiero más parecido a una organización mafiosa que a cualquier otra cosa. Muchos particulares observan la enfermiza codicia de los bancos con resignación, como si no fuera posible hacer nada. Y, sin embargo, hay alternativa: la banca ética.

Lo que empezó siendo una actividad muy marginal y arriesgada para quienes confiaban en ella, ha adquirido ya suficiente solidez como para que confiar los ahorros a estas entidades no sea un acto de valentía. En España son varias las bancas de este tipo que operan cada vez con mayor número de clientes y mayor solvencia. Fiare, Caixa Colonya (esta, mallorquina) o Tridos Bank (en constante ascenso) son solo algunas de las más conocidas. Su actuación se basa en el respeto a las personas, el medio ambiente, la igualdad y los derechos humanos. Por supuesto, eluden las operaciones especulativas y se ciñen solo a la economía real: compras y ventas. Por eso su fiabilidad es alta: como no especulan, no arriesgan.

No siempre los intereses que obtiene el cliente son comparables al de la banca tradicional, pero al menos quienes confían en estas entidades financieras saben que su dinero no sirve para engrosar ese monstruo financiero que desahucia a personas humildes, echándolas de su casa y robándoles su nómina, el mismo monstruo que usa el dinero de sus clientes para invertir en guerras en el Tercer Mundo o para enriquecerse a costa de desgracias ajenas. Un ejemplo: cuando se montó la campaña de donativos para los afectados por el huracán Mitch en Centroamérica hace una década, se descubrió que los bancos y cajas de Cataluña se habían quedado con 1.200 millones de pesetas en concepto de comisión, como si se tratara de un negocio más. Semejante muestra de usura y mezquindad ya sería suficiente para boicotear a quienes actúan así.

Los bancos tradicionales son los principales responsables de la crisis actual que recorta gasto en hospitales, que despide profesores y que deja a los discapacitados sin ayudas. Durante años los bancos han engatusado a la gente para que se endeudara hasta las cejas y ahora culpan a esas personas bienintencionadas por haber confiado en ellos. Imposible mayor cinismo. Si no fuera porque estas entidades –junto con las agencias de calificación y otras truculentas compañías– han alcanzado tanto poder que ya pueden tumbar gobiernos y hundir países enteros, las autoridades deberían ordenar la inmediata detención y traslado a la cárcel de un gran número de estos ´respetables financieros´, que con su actuación están desestabilizando la democracia y arruinando a millones de personas. No es concebible tanta impunidad para los autores de semejante calamidad pública.

Cajas y bancos se sustentan sobre las aportaciones de todos y cada uno de sus clientes. Nosotros, los ciudadanos de a pie, somos la gasolina que usan para sus incendios. No hace falta ser una gran empresa de elevado movimiento económico; cada pequeña libreta de ahorro cuenta. No hablemos ya de productos más nocivos, como los fondos de pensiones.

Por ello, la mejor reacción de las víctimas de esta situación es actuar contra quienes les ahogan, socavando la maquinaria desde su base. Hay otra banca, de rostro más humano, en el que no solo cuenta el beneficio a cualquier precio. Vale la pena el intento, porque es como enviar un corte de mangas a nuestro enemigo.

Joan Lluís Ferrer

Fuente: Diario de Ibiza.

La importancia de decidir dónde ponemos nuestro dinero.

En las últimas décadas, y de forma mucho más intensa en los últimos años, hemos asistido a una reconversión y concentración del sistema bancario especialmente en lo que se ha llamado al proceso de “bancarización” de las cajas de ahorro.

Estas entidades tenían, en su espíritu fundacional, una función social muy marcada si bien es cierto que esto se ha ido diluyendo con el paso de los años. Acompañados por una legislación cada vez más favorable, las cajas de ahorro han entrado paso a paso en la espiral de competencia, crecimiento y búsqueda continua del máximo beneficio provocando que mucha parte de esta función social fuera desapareciendo. Con el decreto Fuentes Quintana del año 1977, se equiparaba la operativa de las cajas de ahorro a la de los bancos y posteriormente las cajas de ahorro pudieron empezar a expandirse más allá de su ámbito de actuación territorial.
Esto ha permitido que poco a poco, las cajas hayan pasado de ser entidades pequeñas vinculadas al territorio y con unos servicios básicos específicos poco relacionados con la economía especulativa a ser entidades mucho más grandes, luchando con los bancos para liderar el sector, creciendo muy más allá de su territorio y actuando como artistas principales de los mercados más especulativos.
Sin embargo, las obras sociales seguían dando salida a proyectos socialmente interesante por bien que a veces la actividad financiera de las cajas de ahorro era contradictoria con el espíritu de su obra social.

Ahora que nos encontramos en una situación de práctica extinción de este actor en el sistema financiero seguramente todavía cobra más importancia el hecho de que entidades financieras se dediquen a trabajar en beneficio de la sociedad.
La mejor alternativa para el ahorrador que quiere que los su dinero también sirvan en beneficio de la sociedad, son las entidades de finanzas éticas.

Las entidades de finanzas éticas trabajan para ser una herramienta más para el desarrollo de nuestra sociedad poniendo a la persona en el centro de la actividad y priorizando la satisfacción de necesidades humanas. Combinar la rentabilidad económica y la rentabilidad social buscando la maximización de esta segunda.

Por tanto. el objetivo de la banca ética es recoger recursos de la ciudadanía y de los diferentes agentes económicos para dirigirlos a la financiación de proyectos con fuertes impactos sociales y medioambientales aplicando criterios éticos en las decisiones de inversión, organizándose con estructuras de propiedad democráticas y llevando a cabo políticas radicales de transparencia. En definitiva recuperar el uso social de nuestro dinero y entender que éstos, bien dirigidos, pueden ser una herramienta muy potente de transformación social hacia realidades más justas y sostenibles.

En un momento como el actual, donde el sistema bancario tradicional tiene muy restringida el grifo del crédito, las entidades de finanzas éticas se ven desbordadas en peticiones de financiación. Esta demanda es positiva ya que esto significa que se podrán financiar más proyectos que trabajan por la transformación social en positivo, se reducirá el porcentaje de excluidos financieros y en definitiva aumentará la capacidad de incidencia de las entidades de finanzas éticas.

Pero, evidentemente, sin un aumento del volumen de ahorro recogido por parte de estas entidades no se podrá dar respuesta a todas las demandas de financiación. Por lo tanto, es más necesario que nunca que todos hacemos de altavoz de las finanzas éticas y convencemos a nuestros entornos, familia, amigos, empresas o entidades a depositar los ahorros en las entidades de finanzas éticas. De esta manera tendremos la tranquilidad de saber por qué se están utilizando nuestro dinero y ayudaremos a un mejor desarrollo del bienestar colectivo de nuestra sociedad.

Xavi Teis Batlle es economista y técnico de FETS (Financiación Ética y Solidaria), entidad que promueve las finanzas éticas en Cataluña.

Fuente: Ara emprenem

En defensa de la banca ética.

En el contexto de surgimiento de la indignación, que se plasmó con el movimiento 15-M, unos de los vectores determinantes fue la construcción de la usurpación por parte de los intereses privados -de ese fantasma que recorre el capitalismo y que se llama mercados– de los espacios de poder políticos que deberían ser expresión de la soberanía civil. Esto se percibió de forma muy clara en lo relativo a los mercados financieros y a los excesos -por no llamarlos canalladas- que cometieron para aumentar su lucro a costa de lo que fuese, sin ética ni moral, y ni siquiera con el disimulo de la legalidad.

Todo esto favoreció un conocimiento más real de cómo funciona el sistema financiero convencional. Por un lado, poco a poco fuimos aprendiendo cómo incluso los Estados-nación son parte de la carnaza que la especulación financiera, cual parásito, es capaz de reducir a la mínima expresión de cuerpos anoréxicos. Por otro, empezamos a conocer cuáles eran las prácticas en materia hipotecaria, en la de inversiones, en lo que hace a las políticas salariales que afectan a los directivos e incluso en lo que se refiere a la implicación en el tráfico de armas.

Esta toma de conciencia favoreció el interés por lo que se viene a conocer como finanzas éticas o banca ética. Poco a poco se facilitó la visualización de distintas y complementarias iniciativas sociales, que con una sinergia creciente van englobando un proyecto amplio y plural en relación con sus valores y sus compromisos. En este sentido podemos explicar de forma breve y sencilla -y, por tanto, y con certeza, insuficiente- que en Europa se han dado dos modelos de finanzas alternativas. Si bien coinciden en la necesidad de reorientar la financiación hacia un modelo económico socioambientalmente responsable, exhibe diferencias grandes en su ADN. Esos dos modelos se conocen como el anglosajón y el mediterráneo o participativo. El anglosajón es aquel que, con diferentes fórmulas jurídicas, hace que una empresa o fundación sea la propietaria de la herramienta financiera, que ofrece a sus clientes la posibilidad de que sus ahorros estén al servicio de una sociedad más justa: se establece entonces una relación exclusiva de clientela, y no de base social. El modelo participativo, asumiendo los valores de la economía social, decide poner en marcha, en cambio, una herramienta financiera que sea propiedad de la sociedad civil, de personas y movimientos sociales, y que atienda a las necesidades que el compromiso por la regeneración de nuestra sociedad reclama.

En este segundo modelo, el participativo, pueden distinguirse tres niveles de intervención: el micro, el meso y el macro. El nivel micro lo configuran pequeñas o medianas asociaciones sin ánimo de lucro. Este nivel se conoce también como parabancario, ya que no está regulado por el sistema financiero. En la mayoría de los casos se trata de asociaciones autogestionadas en las que sus socios y socias aportan, por medio de participaciones, un dinero para su uso como fondo solidario. Con este dinero se realizan préstamos a proyectos que necesiten financiación y que aportan un valor positivo en la sociedad (organizaciones no gubernamentales, cooperativas de producción agroecológicas, proyectos culturales, etc.). En muchos casos se asume un alto riesgo, ya que por medio de pequeños préstamos se potencian proyectos de autoempleo que la banca convencional ha denegado: pensemos en parados o paradas de larga duración, en inmigrantes que no tienen aval económico ni patrimonial… Y se crea una relación de corresponsabilidad y cercanía entre las asociaciones.

El segundo nivel, el meso o intermedios, lo aportan asociaciones o cooperativas en las que los miembros son, o suelen ser, entidades jurídicas del mundo de la economía social que lo que hacen es asociarse para establecer una red de financiación sin tener que acudir a la banca convencional, dotándose al efecto de un mayor grado de autonomía y libertad. Así se crean sinergias entre estos colectivos y se fortalece su modelo económico.

Por último tenemos el nivel macro, o institucional, que dota a todo este modelo de finanzas alternativas de una estructura bancaria con capacidad real. El nivel macro, estrictamente de banca ética, se sustenta fundamentalmente en una estructura de participación y propiedad en la que participan los otros niveles de los que acabamos de hablar.

Los tres modelos mencionados han estado, unas veces en forma de declaraciones, otras a través de la construcción de sinergias organizadas, en esos espacios de autonomía que han sido las plazas y las asambleas de barrio o ciudad en el 15-M. Y es que en el proceso de crecimiento de la conciencia crítica, una de las mayores aportaciones del 15-M, la banca ética ha estado presente en los debates y propuestas de la gente del común. Desde la crítica al sistema financiero convencional hasta la cada vez mayor demanda de conocimiento sobre los modelos de banca alternativa. Poco a poco se ha ido verificando una doble relación. Por un lado se ha hecho valer la apuesta por la responsabilidad del ejercicio de la ciudadanía, en términos gramscianos, de conciencia y protagonismo: se trata de ser protagonistas de nuestras sociedades y de articular los mecanismos liberadores sin esperar a que alguien los cree. Por otro se ha revelado el entusiasmo de verse capaz de constituir una herramienta en un campo que siempre había sido cedido, en una u otra medida, a la lógica capitalista (sobre todo tras la certificación del drama de las cajas de ahorro, que en vez de ser patrimonio del movimiento obrero se convirtieron -no se sabe cuándo- en herencia de la oligarquía capitalista). Estos dos elementos, la concepción teórica y la acción práctica, se han dado mientras personas y colectivos se sumaban a estas alternativas, al tiempo que éstas se han nutrido de nuevos desafíos que los colectivos han demandado de ellas.

Si atendemos al modelo participativo de banca ética en el Estado español, y en concreto el proyecto FIARE, podemos ver cómo las sinergias entre demandas reivindicativas y modelos participativos de construcción social armónica se cohesionan y fortalecen. La concepción propia del modelo participativo -a mi modo de entender único modelo real de banca ética- responde a esta cohesión: la banca ética la configuran proyectos de intermediación financiera que ofrecen los servicios bancarios habituales a personas y organizaciones. Unas y otras quieren atender a las consecuencias sociales de la actividad de crédito que se desarrolla con su dinero y reclaman que dicha actividad beneficie exclusivamente a los proyectos que contribuyen a la regeneración de nuestras sociedades. Se trata de ir mucho más allá del designio de no invertir en la industria militar, en actividades denigrantes con la biosfera o discriminatorias por género: se trata de potenciar la sociedad que queremos.

Así pues, de forma convergente con las demandas emanadas de las plazas, los proyectos de banca ética son propuestas de reocupación de la esfera pública por parte de personas y organizaciones que reclaman su derecho -y reconocen su deber- a articular sistemas de intermediación de acuerdo con una lógica alternativa a la propia del capitalismo neoliberal. Se vinculan con otras propuestas de la economía social en la búsqueda de la transformación desde la perspectiva de la igualdad, la libertad y la fraternidad. En definitiva, perfilan una respuesta bancaria que antepone el valor de la persona y de lo social -lo colectivo, el bien común- a la primacía del capital; invierten esta lógica en la construcción de valores sociales y ponen el acento en la cuestión social entendida en el sentido más amplio.

Es por esto por lo que el 15-M, en la construcción de su discurso -un proceso vivo y dinámico que no puede estar exento de contradicciones, pluralidad y heterogeneidad-, debe apostar por los espacios de autonomía de la sociedad civil, por la construcción de modelos autogestionados y por la visibilización de proyectos que nazcan del ejercicio de la soberanía ciudadana. La banca ética tiene que estar en manos de aquellas personas y entidades comprometidas con la regeneración de nuestras sociedades injustas, y ésta es una de las banderas del 15-M. Como quiera que esas personas y entidades saben de las necesidades de la sociedad, el movimiento debe alimentarse, como una herramienta más, con ellas, dotándose al respecto de una estructura de propiedad y desarrollando una estrategia de crecimiento respetuosa en manos del músculo asociativo que se vaya perfilando.

Como movimientos cívicos, el 15-M y la banca que nos ocupa, partiendo de una mirada ética de la intermediación financiera, se encuentran con un horizonte irrenunciable: el derecho al crédito como derecho de ciudadanía. La banca ética llega a una conclusión paradójica: no puede limitarse a desarrollar una intermediación financiera garantizada, pues, como ocurre en muchas otras propuestas de alternativas, es necesario tejer circuitos solidarios de producción-distribución-consumo que impliquen redes ciudadanas en una acción colectiva contra corriente. Por si sola la banca ética no da respuesta a todas las injusticias. Es una herramienta al servicio de muchas otras respuestas que se están dando. Y que se recogen en este libro.

Raúl Asegurado Pérez es trabajador social y sociólogo. Altermundista, activista social y político, es presidente de FIARE Galiza y socio fundador de AIS O Peto.

Fuente: ¡Espabilemos!