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Pollos de La Aldea

Marina Frutos de Diego

Marina Frutos de Diego

Marina Frutos de Diego es la protagonista de un proyecto de soberanía alimentaria que se llama Pollos de La Aldea.

La aldea está escrita con mayúscula, porque el proyecto se enclava en La Aldea de San Miguel, pueblo de unos doscientos habitantes y distante unos veinticinco kilómetros de Valladolid. Se trata de crear una granja avícola de pollos ecológicos, cuya producción se desarrolle en un proceso integrado a través de la práctica de cultivos que sean la base alimenticia de los pollos. El proyecto es hermoso y modélico, aunque no deja por ello
de ser arriesgado.

Tiene a su favor, en primer lugar, la fortaleza humana y la buena formación de la protagonista. Marina es veterinaria de profesión y titulada en homeopatía y nutrición. También la ola de solidaridad que el proyecto ha levantado. Se está financiando mediante ayudas reintegrables, una práctica que la Asociación Fiare de Castilla y León viene ensayando desde hace tiempo. En este caso, se han solicitado cuarenta mil euros para levantar el gallinero y terminar de poner en marcha el proyecto, que ya cuenta con una parcela de 3,5 hectáreas, parcialmente cercada y dispuesta para cultivos arbóreos y de otros tipos. Cuando FIARE comience a funcionar plenamente el próximo mes de septiembre, se solicitará un crédito, que sustituya a esta ayuda reintegrable, a la que se ha recurrido para agilizar todos los trámites, al mismo tiempo que se practica la cooperación.

Pollos de La Aldea 3

Debe destacarse, en lo que se refiere a la integridad ecológica y soberana del proyecto, la edificación mediante bioconstrucción. De eso se encargan dos profesionales, procedentes de Galicia, Aitor Unau y Javier Lozano. Cuenta también con la ayuda de Juan Antonio Pinto, de la propia Marina Frutos, de algunas personas voluntarias de forma ocasional y de la empresa CIPERA, que también forma parte del círculo de FIARE. Las estructuras del entramado son vegetales, habiéndose descartado el hierro, y los muros de carga son de paja prensada, o sea, de alpacas del campo circundante. Tanto al interior, como al exterior, el muro se recubrirá de barro, que se está obteniendo a partir de adobes y tapiales viejos, procedentes de construcciones arruinadas en el mismo pueblo. En el interior y hasta cierta altura, el muro llevará un acabado de cal, que proteja al barro de los picos de los pollos.

Por lo tanto y como decíamos, nos encontramos ante un proyecto modélico, que parte de una idea de economía alternativa y sostenible, de base local y rural, que tiene en cuenta el medio ambiente en su totalidad, y que plantea cada paso en perspectiva ética, incluyendo las finanzas. El proyecto y su autora, además, se integran en un grupo de consumo de productos ecológicos y de proximidad que existe en Arrabal de Portillo, dentro de la asociación Portillo en Transición. En fin, un proyecto, un lugar y un contexto adecuados para practicar la agricultura ecológica y de proximidad, sostenible y soberana. La obra ya ha comenzado.

¿Que finanzas necesitamos en una economía solidaria y campesina?

Las alternativas a la crisis financiera y alimentaria tienen valores en común y deben caminar de la mano

Los modelos compartidos por la banca ética y la soberanía alimentaria apuestan por valores tan revolucionarios en estos tiempos como la autogestión, la participación, la cercanía a los espacios locales o la primacía del valor social frente a la rentabilidad económica. Modelos que conducen precisamente a la creación de circuitos cortos de actividad económica que se desarrollan mediante la interacción horizontal y la intercooperación.

Ese “ADN común” que vincula los proyectos de finanzas alternativas con otros movimientos configura de forma radical el tipo de relaciones que se establecen entre ellos y permite el despliegue de un conjunto de estrategias compartidas que refuerzan la potencialidad transformadora de ese “cosmos contracultural” del que se nutren y que constituye lo que podríamos afirmar que son las señas de identidad más genuinas de la Economía Solidaria.

Reconstruyendo en común el desastre alimentario y financiero

Los ámbitos concretos de la Banca Ética y la Soberanía Alimentaria presentan hoy un gran potencial para el establecimiento de este tipo de relaciones. La importancia de ambos espacios en la construcción de sociedades justas es hoy ampliamente conocido. Los desastres financieros de los últimos tiempos y las agresiones continuas al derecho por una alimentación libremente elegida y gestionada, muestran el rostro más oscuro de la influencia que los poderes económicos desatados tienen en nuestro bienestar. Frente a estas amenazas constantes, las redes de personas y organizaciones comprometidas con el desarrollo de alternativas en ambos espacios configuran un sustrato sobre el que se pueden construir dinámicas de relación que contribuyan al reforzamiento mutuo. Dinámicas que están llamadas a superar ampliamente un modelo en el que las entidades de Banca Ética se entiendan como meros proveedores externos de servicios bancarios, con obra social incluida.

Una primera dinámica de relación tiene que ver con el reto más importante que asumen los proyectos de Banca Ética, que es precisamente su modelo de construcción y consolidación. Los proyectos de Banca Ética precisan de estructuras cooperativas que sean capaces de asentar elementos esenciales de estas alternativas financieras como la cercanía al territorio, la autonomía, la participación, la relación estrecha entre tecno y socio-estructura o la atención prioritaria al impacto social de la actividad de crédito. Y esta construcción cooperativa necesita de personas y organizaciones densamente vinculadas al proyecto, y que provienen en su núcleo más comprometido de los ámbitos de militancia económica que, como decíamos, comparten con él análisis y visión.

Desde esta perspectiva, las personas y organizaciones que trabajan por la Soberanía Alimentaria constituyen uno de los agentes promotores de las finanzas alternativas con mayor potencialidad, asumiendo un rol fundamental en la consolidación de su estructura cooperativa. Una participación que trae, como ha venido ocurriendo en todo el proceso de consolidación de Fiare, el espacio de la Soberanía Alimentaria a la Banca Ética, de forma que hoy son muchas las personas y organizaciones socias que participan en nuestras estructuras locales y territoriales. Es importante resaltar que esta implicación es bidireccional, de forma que tanto la propia estructura de Fiare como muchas de sus personas y organizaciones socias participan asimismo en el reforzamiento de proyectos de Soberanía Alimentaria que llegan a Fiare a través de los distintos agentes que participan en su construcción.

 Compartiendo retos y estrategias

Partiendo de esta primera dinámica, resulta inevitable reconocer la identificación de un espacio de militancia común que desencadena actuaciones en alianza en ámbitos como la incidencia política o el trabajo cultural, desde una visión que, como indicábamos anteriormente, comparte elementos fundamentales para ambos movimientos.

Enfrentados al reto inicial de construir alternativas de carácter micro, pero con vocación de ir conquistando espacios cada vez más amplios, el trabajo político y cultural resulta imprescindible para poder rescatar un marco de valores profundamente enterrado hoy por el capitalismo neoliberal globalizado. Un trabajo cuyos destinatarios no son solo la ciudadanía en general, sino también las distintas estructuras de la Administración y otros agentes sociales a los que es necesario hacer llegar la reflexión sobre la importancia de contribuir al reforzamiento de estos espacios de alternativa.

Este trabajo cultural conjunto resulta imprescindible para la consolidación de un tercer eje de relación, que no es otro que la creación, por parte de la Banca ética, de estructuras estables de intermediación que permitan canalizar ahorro ciudadano hacia las necesidades de crédito tanto del movimiento campesino en su conjunto (en sus distintos niveles de articulación) como de las diferentes personas y organizaciones que lo componen. En esta tarea, la imprescindible vinculación de ciudadanía comprometida con la consolidación de alternativas se constituye en un reto compartido, a la búsqueda de un nicho cultural contracorriente que entienda de otra manera no solo el derecho al crédito, sino el ahorro disponible entendido como un bien común que se pone al servicio del desarrollo de la agricultura campesina sustentable y de un mundo rural vivo. Este espacio de trabajo conjunto exige la creación por parte de los proyectos de Banca Ética de distintos circuitos de intermediación, adaptados en cada caso a las necesidades de apoyo financiero de los distintos proyectos surgidos en el ámbito de la Soberanía Alimentaria. Pero exige asimismo la implicación de personas y organizaciones capaces de apoyar estos circuitos, ya sea en su condición de clientes de ahorro, suscriptores de capital o prescriptores y promotores de los proyectos.

 La militancia económica construye alternativas

Desde esta perspectiva multidimensional, el concepto de consumo responsable encuentra extensiones naturales que muestran la identidad de base de los retos que para nuestra condición de personas y organizaciones consumidoras suponen no solo determinados productos como alimentos o ropa, sino también otros servicios como productos financieros, seguros o energía, a través de los cuales contribuimos también a la construcción de Soberanía Alimentaria. Y se extiende asimismo hacia una militancia económica que nos llama a ser mucho más que consumidoras responsables, para convertirnos en constructoras de alternativas.

Como decíamos anteriormente, estas tres dimensiones pueden observarse con gran claridad en la relación estratégica entre Fiare y el espacio de la Soberanía Alimentaria y las distintas organizaciones comprometidas con ella. Fiare entendió desde su puesta en marcha que era necesario crear diferentes circuitos ahorro-crédito capaces de responder a las necesidades de crédito del mundo campesino y al desarrollo de circuitos económicos en el mundo rural. No solo circuitos estrictamente “bancarios”, sino otro tipo de actuaciones que incorporasen la capacidad de acceder a contextos de riesgo diferentes. Y no solo actividad de intermediación, sino implicación del conjunto de la red social que compone Fiare en el desarrollo de este tipo de proyectos.

Uno de los elementos más significativos en este camino común, aun corto considerando la apuesta a largo plazo de ambos espacios, lo constituye la relación establecida entre Fiare y La Vía Campesina. Una relación que va desde la realización de créditos por parte de Fiare tanto para organizaciones miembros de la Vía Campesina como para la propia estructura internacional de ésta, hasta la incorporación y participación activa de personas y organizaciones de la Vía Campesina en la estructura cooperativa del proyecto Fiare de Banca Ética, pasando por el diseño de productos de ahorro específicamente adaptados o actuaciones conjuntas en el ámbito de la sensibilización y promoción tanto de las finanzas alternativas como del movimiento campesino, con especial atención a los retos que implica la lucha por la Soberanía Alimentaria.

Esta gran variedad de actuaciones conjuntas es solo el comienzo. A medida que la capacidad operativa de Fiare vaya creciendo, deberán ir apareciendo otras respuestas posibles. Respuestas que muestren cómo la apuesta por reforzar espacios de alternativa mediante la alianza de diversos actores comprometidos con la transformación social es un modelo que, en estos tiempos, abre la puerta a dinámicas ciudadanas de gran potencial. Para Fiare resulta el único camino posible si queremos mantener nuestra identidad. Para el espacio de la Soberanía Alimentaria, un aliado necesario con el que implicarse. Sigamos caminando.

Peru Sasia es responsable de Fiare banca ética.

Fuente: Revista Soberanía Alimentaria.

Motivación para participar en Fiare.

En la Jornada sobre “Innovación Ética en la financiación de las empresas”, que organizó la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Valladolid el día 14 de diciembre de 2012, me pidieron que contara brevemente dónde había encontrado la motivación para participar en Fiare. Llevaba un esquema para contarlo, pero la brevedad hubo de reducirse al extremo, por lo que lo redacto para que lo conozcan las amistades.

Mi participación en Fiare es el resultado lógico de la militancia en el movimiento social. Me inserté en el pacifismo con motivo de la campaña contra la OTAN en el referéndum de 1986. Nunca milité mucho en el pacifismo, pero aprendí una cosa: que mi dinero no podía usarse para la guerra; ni un solo ahorro invertido en armas, en comercio de armas o en campañas militares. Hace más de veinte años que cotizo en alguna asociación ecologista. Tampoco ahí he sido muy militante, salvo la participación en campañas puntuales, como la lucha contra el horno incinerador de basuras en la Tierra de Campos vallisoletana o, más recientemente, contra el intento de instalar en la misma zona un cementerio nuclear. El movimiento ecologista me ha enseñado, no obstante, a entender y practicar el consumo responsable. Por eso, prefiero escuchar a Equo, que me pide no sobrepasar los ciento diez, que al PP, que me ofrece poder ir a ciento cuarenta. Milité un poco más en el sindicalismo de clase y allí aprendí, entre otras cosas, a no comprar un producto si sabía que se había producido con la explotación de los trabajadores, mucho más si eran niños y niñas. Aprendí también a mirar el mundo con los ojos de las mujeres y entender el abismo de la desigualdad de género, incrustado hasta los huesos en la sociedad. Donde más cosas he aprendido ha sido en la acción a favor de los Derechos Humanos, sobre todo, a través de la cooperación con el mundo empobrecido. Conceptos como soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir su alimentación, comercio justo o buen vivir, forma práctica en la que los indígenas americanos concretan el feo concepto europeo del decrecimiento, esos conceptos, digo, me enseñaron que otra economía era posible, una economía solidaria y cooperativa, no sólo las formas competitivas y destructoras que nos dominan.

Por todo ello, cuando la Coordinadora de ONGDs organizó el 4 de octubre de 2008, una jornada sobre Banca Ética, no dudé en apoyar la presencia de Entrepueblos y en aceptar ser uno de sus recursos humanos desde las primeras reuniones para iniciar una banca ética en Valladolid. El afán de un pequeño grupo de personas y de asociaciones hizo posible la construcción de Fiare de Castilla y León en los primeros meses de 2009. El movimiento social me condujo, pues, a la Banca Ética Fiare, donde no sólo no se invierte en guerra ni en destrucción de la naturaleza ni en explotación laboral, sino que se construye economía solidaria y alternativa. Era lo lógico.

La participación en Fiare ha consumido algo de mi tiempo y de mi dinero, pero es mucho menos que las satisfacciones que me ha aportado, algunas de las cuales se pusieron en evidencia en los mensajes de las personas que participaron antes de mí en la Jornada del 14 de diciembre de 2012. Noté, lo mismo que el resto de la sala, la alegría que produce hablar de cosas buenas. Por eso, inicié mi intervención diciendo, como suele decir Manuel Espinilla en Entrepueblos, que había entre las personas presentes muchas que eran de Fiare, aunque no lo supieran. Esta satisfacción está muy próxima a proporcionarnos una nueva alegría: antes de que acabe el año 2013 Fiare será la quinta área de Banca Popolare Ética, cuya integración está culminándose en estos días.

Tendremos, pues, en 2013 una banca ética insertada en la economía solidaria y en manos del movimiento social transformador. No por eso, sin embargo, renunciamos a construir otras alternativas. Seguiremos desarrollando los préstamos entre particulares, como hemos hecho, por ejemplo, con la furgoneta de Ecogermen o con los avales que necesitó FeCEAV. Justo antes de hablar yo, Amparo Martín expresó las satisfacciones solidarias que había proporcionado a las gentes de FeCEAV el préstamo recibido y devuelto según todos los plazos y pasos marcados. La satisfacción procedía no del éxito del préstamo, sino de la constatación de que existe la solidaridad. Yo, que participé en el impulso de ese crédito, tuve otra satisfacción más, al comprobar el compromiso que asumía la gente de FeCEAV y de su entorno. Lo esperaba, pero sobrepasó lo esperado.

Esta vía de los préstamos altruistas entre particulares la vamos a seguir desarrollando y hemos dado un paso adelante, cuando Fiare-CyL se reunió con una decena más de organizaciones y con más de treinta personas para hablar de ello y ayudarse mutuamente en Santa Fe los días 20 y 21 de octubre de 2012. Otro paso en esta misma dirección era el que estaba a punto de culminar, la creación por parte del Ayuntamiento de Valladolid, con el apoyo de todos los grupos políticos que lo forman, de un “Fondo para el emprendimiento social en Valladolid”. Fiare-CyL será la encargada de gestionar ese fondo, conforme a sus criterios éticos. Esto quiere decir que tendremos cuarenta mil euros para conceder pequeños créditos, con la garantía, a diferencia de otros, de que estos microcréditos serán éticos y contribuirán a crear valor social o no serán posibles. Como despedida he de decir que si en 2008 ya estaba motivado, ahora con tanta gente que es de Fiare, sabiéndolo o no, lo estoy mucho más.

Marcelino Flórez.