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Pollos de La Aldea

Marina Frutos de Diego

Marina Frutos de Diego

Marina Frutos de Diego es la protagonista de un proyecto de soberanía alimentaria que se llama Pollos de La Aldea.

La aldea está escrita con mayúscula, porque el proyecto se enclava en La Aldea de San Miguel, pueblo de unos doscientos habitantes y distante unos veinticinco kilómetros de Valladolid. Se trata de crear una granja avícola de pollos ecológicos, cuya producción se desarrolle en un proceso integrado a través de la práctica de cultivos que sean la base alimenticia de los pollos. El proyecto es hermoso y modélico, aunque no deja por ello
de ser arriesgado.

Tiene a su favor, en primer lugar, la fortaleza humana y la buena formación de la protagonista. Marina es veterinaria de profesión y titulada en homeopatía y nutrición. También la ola de solidaridad que el proyecto ha levantado. Se está financiando mediante ayudas reintegrables, una práctica que la Asociación Fiare de Castilla y León viene ensayando desde hace tiempo. En este caso, se han solicitado cuarenta mil euros para levantar el gallinero y terminar de poner en marcha el proyecto, que ya cuenta con una parcela de 3,5 hectáreas, parcialmente cercada y dispuesta para cultivos arbóreos y de otros tipos. Cuando FIARE comience a funcionar plenamente el próximo mes de septiembre, se solicitará un crédito, que sustituya a esta ayuda reintegrable, a la que se ha recurrido para agilizar todos los trámites, al mismo tiempo que se practica la cooperación.

Pollos de La Aldea 3

Debe destacarse, en lo que se refiere a la integridad ecológica y soberana del proyecto, la edificación mediante bioconstrucción. De eso se encargan dos profesionales, procedentes de Galicia, Aitor Unau y Javier Lozano. Cuenta también con la ayuda de Juan Antonio Pinto, de la propia Marina Frutos, de algunas personas voluntarias de forma ocasional y de la empresa CIPERA, que también forma parte del círculo de FIARE. Las estructuras del entramado son vegetales, habiéndose descartado el hierro, y los muros de carga son de paja prensada, o sea, de alpacas del campo circundante. Tanto al interior, como al exterior, el muro se recubrirá de barro, que se está obteniendo a partir de adobes y tapiales viejos, procedentes de construcciones arruinadas en el mismo pueblo. En el interior y hasta cierta altura, el muro llevará un acabado de cal, que proteja al barro de los picos de los pollos.

Por lo tanto y como decíamos, nos encontramos ante un proyecto modélico, que parte de una idea de economía alternativa y sostenible, de base local y rural, que tiene en cuenta el medio ambiente en su totalidad, y que plantea cada paso en perspectiva ética, incluyendo las finanzas. El proyecto y su autora, además, se integran en un grupo de consumo de productos ecológicos y de proximidad que existe en Arrabal de Portillo, dentro de la asociación Portillo en Transición. En fin, un proyecto, un lugar y un contexto adecuados para practicar la agricultura ecológica y de proximidad, sostenible y soberana. La obra ya ha comenzado.

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¿Que finanzas necesitamos en una economía solidaria y campesina?

Las alternativas a la crisis financiera y alimentaria tienen valores en común y deben caminar de la mano

Los modelos compartidos por la banca ética y la soberanía alimentaria apuestan por valores tan revolucionarios en estos tiempos como la autogestión, la participación, la cercanía a los espacios locales o la primacía del valor social frente a la rentabilidad económica. Modelos que conducen precisamente a la creación de circuitos cortos de actividad económica que se desarrollan mediante la interacción horizontal y la intercooperación.

Ese “ADN común” que vincula los proyectos de finanzas alternativas con otros movimientos configura de forma radical el tipo de relaciones que se establecen entre ellos y permite el despliegue de un conjunto de estrategias compartidas que refuerzan la potencialidad transformadora de ese “cosmos contracultural” del que se nutren y que constituye lo que podríamos afirmar que son las señas de identidad más genuinas de la Economía Solidaria.

Reconstruyendo en común el desastre alimentario y financiero

Los ámbitos concretos de la Banca Ética y la Soberanía Alimentaria presentan hoy un gran potencial para el establecimiento de este tipo de relaciones. La importancia de ambos espacios en la construcción de sociedades justas es hoy ampliamente conocido. Los desastres financieros de los últimos tiempos y las agresiones continuas al derecho por una alimentación libremente elegida y gestionada, muestran el rostro más oscuro de la influencia que los poderes económicos desatados tienen en nuestro bienestar. Frente a estas amenazas constantes, las redes de personas y organizaciones comprometidas con el desarrollo de alternativas en ambos espacios configuran un sustrato sobre el que se pueden construir dinámicas de relación que contribuyan al reforzamiento mutuo. Dinámicas que están llamadas a superar ampliamente un modelo en el que las entidades de Banca Ética se entiendan como meros proveedores externos de servicios bancarios, con obra social incluida.

Una primera dinámica de relación tiene que ver con el reto más importante que asumen los proyectos de Banca Ética, que es precisamente su modelo de construcción y consolidación. Los proyectos de Banca Ética precisan de estructuras cooperativas que sean capaces de asentar elementos esenciales de estas alternativas financieras como la cercanía al territorio, la autonomía, la participación, la relación estrecha entre tecno y socio-estructura o la atención prioritaria al impacto social de la actividad de crédito. Y esta construcción cooperativa necesita de personas y organizaciones densamente vinculadas al proyecto, y que provienen en su núcleo más comprometido de los ámbitos de militancia económica que, como decíamos, comparten con él análisis y visión.

Desde esta perspectiva, las personas y organizaciones que trabajan por la Soberanía Alimentaria constituyen uno de los agentes promotores de las finanzas alternativas con mayor potencialidad, asumiendo un rol fundamental en la consolidación de su estructura cooperativa. Una participación que trae, como ha venido ocurriendo en todo el proceso de consolidación de Fiare, el espacio de la Soberanía Alimentaria a la Banca Ética, de forma que hoy son muchas las personas y organizaciones socias que participan en nuestras estructuras locales y territoriales. Es importante resaltar que esta implicación es bidireccional, de forma que tanto la propia estructura de Fiare como muchas de sus personas y organizaciones socias participan asimismo en el reforzamiento de proyectos de Soberanía Alimentaria que llegan a Fiare a través de los distintos agentes que participan en su construcción.

 Compartiendo retos y estrategias

Partiendo de esta primera dinámica, resulta inevitable reconocer la identificación de un espacio de militancia común que desencadena actuaciones en alianza en ámbitos como la incidencia política o el trabajo cultural, desde una visión que, como indicábamos anteriormente, comparte elementos fundamentales para ambos movimientos.

Enfrentados al reto inicial de construir alternativas de carácter micro, pero con vocación de ir conquistando espacios cada vez más amplios, el trabajo político y cultural resulta imprescindible para poder rescatar un marco de valores profundamente enterrado hoy por el capitalismo neoliberal globalizado. Un trabajo cuyos destinatarios no son solo la ciudadanía en general, sino también las distintas estructuras de la Administración y otros agentes sociales a los que es necesario hacer llegar la reflexión sobre la importancia de contribuir al reforzamiento de estos espacios de alternativa.

Este trabajo cultural conjunto resulta imprescindible para la consolidación de un tercer eje de relación, que no es otro que la creación, por parte de la Banca ética, de estructuras estables de intermediación que permitan canalizar ahorro ciudadano hacia las necesidades de crédito tanto del movimiento campesino en su conjunto (en sus distintos niveles de articulación) como de las diferentes personas y organizaciones que lo componen. En esta tarea, la imprescindible vinculación de ciudadanía comprometida con la consolidación de alternativas se constituye en un reto compartido, a la búsqueda de un nicho cultural contracorriente que entienda de otra manera no solo el derecho al crédito, sino el ahorro disponible entendido como un bien común que se pone al servicio del desarrollo de la agricultura campesina sustentable y de un mundo rural vivo. Este espacio de trabajo conjunto exige la creación por parte de los proyectos de Banca Ética de distintos circuitos de intermediación, adaptados en cada caso a las necesidades de apoyo financiero de los distintos proyectos surgidos en el ámbito de la Soberanía Alimentaria. Pero exige asimismo la implicación de personas y organizaciones capaces de apoyar estos circuitos, ya sea en su condición de clientes de ahorro, suscriptores de capital o prescriptores y promotores de los proyectos.

 La militancia económica construye alternativas

Desde esta perspectiva multidimensional, el concepto de consumo responsable encuentra extensiones naturales que muestran la identidad de base de los retos que para nuestra condición de personas y organizaciones consumidoras suponen no solo determinados productos como alimentos o ropa, sino también otros servicios como productos financieros, seguros o energía, a través de los cuales contribuimos también a la construcción de Soberanía Alimentaria. Y se extiende asimismo hacia una militancia económica que nos llama a ser mucho más que consumidoras responsables, para convertirnos en constructoras de alternativas.

Como decíamos anteriormente, estas tres dimensiones pueden observarse con gran claridad en la relación estratégica entre Fiare y el espacio de la Soberanía Alimentaria y las distintas organizaciones comprometidas con ella. Fiare entendió desde su puesta en marcha que era necesario crear diferentes circuitos ahorro-crédito capaces de responder a las necesidades de crédito del mundo campesino y al desarrollo de circuitos económicos en el mundo rural. No solo circuitos estrictamente “bancarios”, sino otro tipo de actuaciones que incorporasen la capacidad de acceder a contextos de riesgo diferentes. Y no solo actividad de intermediación, sino implicación del conjunto de la red social que compone Fiare en el desarrollo de este tipo de proyectos.

Uno de los elementos más significativos en este camino común, aun corto considerando la apuesta a largo plazo de ambos espacios, lo constituye la relación establecida entre Fiare y La Vía Campesina. Una relación que va desde la realización de créditos por parte de Fiare tanto para organizaciones miembros de la Vía Campesina como para la propia estructura internacional de ésta, hasta la incorporación y participación activa de personas y organizaciones de la Vía Campesina en la estructura cooperativa del proyecto Fiare de Banca Ética, pasando por el diseño de productos de ahorro específicamente adaptados o actuaciones conjuntas en el ámbito de la sensibilización y promoción tanto de las finanzas alternativas como del movimiento campesino, con especial atención a los retos que implica la lucha por la Soberanía Alimentaria.

Esta gran variedad de actuaciones conjuntas es solo el comienzo. A medida que la capacidad operativa de Fiare vaya creciendo, deberán ir apareciendo otras respuestas posibles. Respuestas que muestren cómo la apuesta por reforzar espacios de alternativa mediante la alianza de diversos actores comprometidos con la transformación social es un modelo que, en estos tiempos, abre la puerta a dinámicas ciudadanas de gran potencial. Para Fiare resulta el único camino posible si queremos mantener nuestra identidad. Para el espacio de la Soberanía Alimentaria, un aliado necesario con el que implicarse. Sigamos caminando.

Peru Sasia es responsable de Fiare banca ética.

Fuente: Revista Soberanía Alimentaria.

Motivación para participar en Fiare.

En la Jornada sobre “Innovación Ética en la financiación de las empresas”, que organizó la Agencia de Innovación y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Valladolid el día 14 de diciembre de 2012, me pidieron que contara brevemente dónde había encontrado la motivación para participar en Fiare. Llevaba un esquema para contarlo, pero la brevedad hubo de reducirse al extremo, por lo que lo redacto para que lo conozcan las amistades.

Mi participación en Fiare es el resultado lógico de la militancia en el movimiento social. Me inserté en el pacifismo con motivo de la campaña contra la OTAN en el referéndum de 1986. Nunca milité mucho en el pacifismo, pero aprendí una cosa: que mi dinero no podía usarse para la guerra; ni un solo ahorro invertido en armas, en comercio de armas o en campañas militares. Hace más de veinte años que cotizo en alguna asociación ecologista. Tampoco ahí he sido muy militante, salvo la participación en campañas puntuales, como la lucha contra el horno incinerador de basuras en la Tierra de Campos vallisoletana o, más recientemente, contra el intento de instalar en la misma zona un cementerio nuclear. El movimiento ecologista me ha enseñado, no obstante, a entender y practicar el consumo responsable. Por eso, prefiero escuchar a Equo, que me pide no sobrepasar los ciento diez, que al PP, que me ofrece poder ir a ciento cuarenta. Milité un poco más en el sindicalismo de clase y allí aprendí, entre otras cosas, a no comprar un producto si sabía que se había producido con la explotación de los trabajadores, mucho más si eran niños y niñas. Aprendí también a mirar el mundo con los ojos de las mujeres y entender el abismo de la desigualdad de género, incrustado hasta los huesos en la sociedad. Donde más cosas he aprendido ha sido en la acción a favor de los Derechos Humanos, sobre todo, a través de la cooperación con el mundo empobrecido. Conceptos como soberanía alimentaria, entendida como el derecho de los pueblos a decidir su alimentación, comercio justo o buen vivir, forma práctica en la que los indígenas americanos concretan el feo concepto europeo del decrecimiento, esos conceptos, digo, me enseñaron que otra economía era posible, una economía solidaria y cooperativa, no sólo las formas competitivas y destructoras que nos dominan.

Por todo ello, cuando la Coordinadora de ONGDs organizó el 4 de octubre de 2008, una jornada sobre Banca Ética, no dudé en apoyar la presencia de Entrepueblos y en aceptar ser uno de sus recursos humanos desde las primeras reuniones para iniciar una banca ética en Valladolid. El afán de un pequeño grupo de personas y de asociaciones hizo posible la construcción de Fiare de Castilla y León en los primeros meses de 2009. El movimiento social me condujo, pues, a la Banca Ética Fiare, donde no sólo no se invierte en guerra ni en destrucción de la naturaleza ni en explotación laboral, sino que se construye economía solidaria y alternativa. Era lo lógico.

La participación en Fiare ha consumido algo de mi tiempo y de mi dinero, pero es mucho menos que las satisfacciones que me ha aportado, algunas de las cuales se pusieron en evidencia en los mensajes de las personas que participaron antes de mí en la Jornada del 14 de diciembre de 2012. Noté, lo mismo que el resto de la sala, la alegría que produce hablar de cosas buenas. Por eso, inicié mi intervención diciendo, como suele decir Manuel Espinilla en Entrepueblos, que había entre las personas presentes muchas que eran de Fiare, aunque no lo supieran. Esta satisfacción está muy próxima a proporcionarnos una nueva alegría: antes de que acabe el año 2013 Fiare será la quinta área de Banca Popolare Ética, cuya integración está culminándose en estos días.

Tendremos, pues, en 2013 una banca ética insertada en la economía solidaria y en manos del movimiento social transformador. No por eso, sin embargo, renunciamos a construir otras alternativas. Seguiremos desarrollando los préstamos entre particulares, como hemos hecho, por ejemplo, con la furgoneta de Ecogermen o con los avales que necesitó FeCEAV. Justo antes de hablar yo, Amparo Martín expresó las satisfacciones solidarias que había proporcionado a las gentes de FeCEAV el préstamo recibido y devuelto según todos los plazos y pasos marcados. La satisfacción procedía no del éxito del préstamo, sino de la constatación de que existe la solidaridad. Yo, que participé en el impulso de ese crédito, tuve otra satisfacción más, al comprobar el compromiso que asumía la gente de FeCEAV y de su entorno. Lo esperaba, pero sobrepasó lo esperado.

Esta vía de los préstamos altruistas entre particulares la vamos a seguir desarrollando y hemos dado un paso adelante, cuando Fiare-CyL se reunió con una decena más de organizaciones y con más de treinta personas para hablar de ello y ayudarse mutuamente en Santa Fe los días 20 y 21 de octubre de 2012. Otro paso en esta misma dirección era el que estaba a punto de culminar, la creación por parte del Ayuntamiento de Valladolid, con el apoyo de todos los grupos políticos que lo forman, de un “Fondo para el emprendimiento social en Valladolid”. Fiare-CyL será la encargada de gestionar ese fondo, conforme a sus criterios éticos. Esto quiere decir que tendremos cuarenta mil euros para conceder pequeños créditos, con la garantía, a diferencia de otros, de que estos microcréditos serán éticos y contribuirán a crear valor social o no serán posibles. Como despedida he de decir que si en 2008 ya estaba motivado, ahora con tanta gente que es de Fiare, sabiéndolo o no, lo estoy mucho más.

Marcelino Flórez.

Economía solidaria y Soberanía Alimentaria.

La actividad económica ha existido siempre, la pregunta es ¿qué leyes económicas deben regirla? Curiosamente debemos rescatar valores que hoy las escuelas de negocios dirían ‘antieconómicos’.

Son muchos los términos con nombre y apellido que van apareciendo en nuestra sociedad en los últimos años: agricultura ecológica, banca ética, comercio justo, etc. ¿Qué ha ocurrido para presuponer que, según esto, el comercio es de naturaleza injusta, la agricultura daña el medio ambiente o la banca está lejos de ser ética? Añadamos uno más, economía solidaria.

“Economía” es una palabra compleja, que nos hemos acostumbrado a escuchar y leer y a lo que hay que sumar que quizá los medios de comunicación la han vaciado de contenido, o al menos simplificado en exceso. Y ahora necesita adjetivos, porque hay muchas economías. Economía real, economía verde, economía solidaria…

Economía de visión limitada

Sin entrar en detalles, si observamos muy rápido la evolución del término economía a lo largo de la historia, veremos que ha ido variando, independientemente de sus múltiples disciplinas y escuelas, arrastrada, como todo, por las circunstancias históricas, pero también por la particular visión que los valores capitalistas le han ido dando, incluso bastante antes de que este sistema se consolidara como tal.

El concepto de economía surgió ligado a la naturaleza, a la tierra. Podemos decir que se trataba de una ciencia social que administraba los recursos naturales al servicio de los individuos y de la sociedad, y era consciente de la complejidad que esto entrañaba. Se entendía a sí misma como parte inseparable de la biosfera, y por tanto, tenía en cuenta que sus actividades generaban impactos, productos y residuos, tanto a nivel físico como social.

Para los fisiócratas, la corriente económica que mantuvo este enfoque, la agricultura era el único proceso que generaba producción y riqueza: de una semilla se obtenía una planta y de ésta frutos y varias semillas. Los procesos industriales, sin embargo, sólo modifican, sin multiplicar ni añadir nada (Quesnay, citado por Carpintero, 1999).

Con la revolución industrial y la evolución del comercio, la ciencia económica completa su focalización en lo monetario, en los valores de cambio. Se produce una ruptura muy importante, al quedar fuera del sistema económico dominante los procesos sociales y naturales y dejar de entenderse como una disciplina integral e integradora, para estudiar un sistema cerrado donde todo tiene traducción monetaria.

La economía convencional, compartimentada como todas las ciencias modernas, externaliza, por tanto, todos los procesos naturales y los residuos que provoca toda transformación o uso de productos, los deja fuera de su contabilidad. Se aísla de la realidad y se cree apartada del sistema social y del medio ambiente, confundiendo valor y precio, riqueza con dinero y, sobretodo, no midiendo sus consecuencias.

Así, los resultados de lo que hoy conocemos como economía no es extraño que ignoren los impactos sociales y ambientales de los que a mitad del siglo XX se empieza a alertar. La reciente globalización, además, desestructura los procesos económicos y sociales de los territorios, supeditando aún más el desarrollo a la generación de riqueza, entendida como acumulación de capital.

La economía como ciencia, lejos de regular o explicar actividades económicas, se pone al servicio del capitalismo, y, como dicen algunos autores, nos encontramos en el s.XXI rodeados por una econocracia o sistema econocrático que sirve a una ideología muy distante de la equidad y la justicia. Por cierto, y como no podía ser de otra manera, sumido en estos momentos en una crisis global.

La economía solidaria

La  sociedad de la información nos ha permitido ser más fácilmente conscientes de las causas y consecuencias del modelo económico imperante, el capitalismo, extendido por doquier: pérdida de cultura, degradación ambiental, abandono de ciertas actividades generadoras de tejido social local (como la agricultura a pequeña escala), acumulación de poder y monopolios de grandes empresas transnacionales, pérdida de derechos laborales, discriminación por sexo, condición física, etc.

Además de la denuncia, desde la sociedad civil consciente y activa se generan alternativas como las ya mencionadas al comienzo del artículo. Una de ellas es la economía solidaria, que devuelve a la economía su verdadera finalidad: proveer de manera sostenible las bases materiales para el desarrollo personal, social y ambiental del ser humano en cada territorio.

La economía solidaria se basa en los valores universales que deben regir la sociedad: equidad, justicia, fraternidad económica, solidaridad social y democracia directa, y está definida en la Carta de la Economía Solidaria (de REAS, Red de Economía Alternativa y Solidaria) a través de sus seis principios:

  1. Principio de Equidad. Todas las personas somos iguales a efectos de derechos y oportunidades, entendiéndose y respetándose la diferencia como una fuente de diversidad que aporta riqueza a la sociedad. Según este principio, nadie puede ser objeto de discriminación o dominación, y la igualdad será ejercida a efectos de información, retribución, solidaridad, participación, etc.
  2. Principio de Trabajo. El trabajo es mucho más que un empleo u ocupación. Se trata de un elemento clave que permite el desarrollo de las capacidades de las personas, poniéndolas al servicio de las necesidades de la comunidad y satisfaciendo sus verdaderas necesidades. Este concepto amplio le confiere dimensión humana, social, política, económica y cultural  y reconoce igualmente el trabajo no remunerado, al no ser el intercambio monetario condición determinante.
  3. Principio de Sostenibilidad Ambiental. Todas las actividades que se llevan a cabo lo hacen  con respeto por el medio ambiente, del que se sienten parte. De esta manera se promueve el consumo responsable, la conservación de la biodiversidad, la soberanía alimentaria, el decrecimiento. Se minimizan los impactos, haciendo un uso energético eficiente, reutilizando, reduciendo el consumo de recursos, reciclando y promoviendo estas prácticas entre trabajadores y personas usuarias. También, en coherencia con todo lo anterior, se pone en práctica la restauración y recuperación de espacios degradados.
  4. Principio de Cooperación. En contra de los criterios de competencia que son frecuentes en la actividad económica convencional, se defiende la cooperación, la confianza, la transparencia, como forma de optimizar el trabajo, de compartir avances y conocimientos para el beneficio mutuo. La cooperación necesita de comunicación, de interactuación, de espacios donde compartir los retos, los avances y los objetivos comunes que generan tejido económico. La economía solidaria, con su trabajo en red, genera estos espacios.
  5. Principio sin fines lucrativos. La economía solidaria, en coherencia con el resto de principios integrales, pretende la redistribución y reinversión de la riqueza generada en la propia organización o empresa, en contraposición a la deslocalización o al uso de esa riqueza para la práctica especulativa. De esta forma, reinvirtiendo, se repercute en la sostenibilidad de la actividad y en que, por ejemplo, cada vez pueda ofrecerse trabajo de manera autónoma y autogestionada a más personas a medida que la actividad prospera.
  6. Principio de compromiso con el entorno. El entorno debe ser entendido en sentido amplio, como el espacio físico, cultural, social en el que se desarrolla la actividad económica; en primer lugar en sentido local, inmediato y de cercanía y, de manera inseparable, como parte del contexto global. La integración en el entorno próximo, promoviendo su conocimiento, la información y la participación en la resolución de los problemas propios de cada lugar genera, entre otras cosas, tejido social, sentimiento de pertenencia o redes sociales, elementos muy importantes para el desarrollo de la economía solidaria.

En el Estado español, REAS se constituye en 1995 para impulsar y aglutinar las iniciativas de la economía solidaria. En la actualidad es una red de redes que reúne proyectos con larga experiencia relacionadas con la inserción social, la financiación alternativa, el consumo transformador, la formación, la industria, etc, y se encuentra fuertemente consolidado en varias comunidades autónomas.

Alimentar el actual sistema económico o al planeta.

La profundización del capitalismo con sus últimas fases neoliberales ha arrastrado el modelo de agricultura y alimentación hacia un sistema globalizado, de cadenas alimentarias larguísimas e interconectadas, dependiente del capital y finalmente pensando  en los alimentos sólo como mercancías que multiplican las ganancias. Analizar la agricultura capitalista permite, lamentablemente, entender bien las consecuencias del modelo, hoy colapsado, cuando se enfoca exclusivamente al crecimiento entendido como la acumulación de riqueza de unos pocos.

Las consecuencias de este modelo son claramente visibles por la población y cada vez más fuertemente rechazadas: pobreza, hambre y desaparición del medio rural y sus gentes campesinas, degradación de los ecosistemas, pérdida de suelos, contaminación del agua, calentamiento del planeta y una alimentación insana e insegura. Este sistema de producción intensivista, mercantilizado y que no reconoce los límites del planeta, es responsable de un futuro amenazador en forma de cambio climático, privatización de los recursos naturales, etc.

Igual que más PIB no significa más desarrollo, más producción agroindustrial no significa más ni mejor alimentación. De hecho, ocurre lo contrario, nunca antes se habían producido tantas materias primas, ni nunca antes ha habido tanta gente pasando hambre.  La dinámica consumista propia de estas economías capitalistas que cuestionamos, orientada por y para los mercados -también en la alimentación- hemos visto que no ayuda a satisfacer los derechos humanos básicos, además de ofrecernos alimentos dudosos en su calidad y aportes nutritivos.

Sin embargo, por suerte, el sistema agroalimentario también es un buen ejemplo de las nuevas propuestas que nacen para hacer frente a estas circunstancias. Bajo el paraguas ideológico de la Soberanía Alimentaria, cientos de iniciativas y movimientos sociales han sido capaces de transgredir los perversos paradigmas dominantes.

El más antiguo de los lemas de la Soberanía Alimentaria era premonitorio: LA ALIMENTACIÓN NO ES UNA MERCANCIA, desterrando el protagonismo que los mercados han conseguido en los últimos años. Si en la economía solidaria los valores humanos se ponen por delante de los intereses económicos, en la soberanía alimentaria, de forma análoga, se pone a la economía al servicio de la alimentación (facilitar mecanismos comerciales, financieros, etc.), nunca al revés.

Así pues, la Soberanía Alimentaria encaja como un modelo de economía social y solidaria, resituando la función de la agricultura con mucha claridad: una práctica que, de manera respetuosa con el medio ambiente y adaptada a cada territorio, produce alimentos para las comunidades locales a la vez que se convierte en un medio de vida para quienes la desarrollan, generando economías de pequeña escala y reales.

Cuando hablamos de una agricultura que recupera su sentido primario, alimentar a la población, reivindicamos también la importancia de este sector, el PRIMARIO, en las economías actuales. No podemos construir ninguna economía sostenible reduciendo el sector primario a la mínima expresión.

Sólo desde estas precisiones, ‘alimentar a las comunidades’, se alcanzará la meta de alimentar al mundo. Sólo permitiendo ‘medios de vida’ para las gentes campesinas se alcanzará la igualdad y la erradicación de la pobreza, ya que la Soberanía Alimentaria es también una fórmula para distribuir justa y equitativamente las rentas del trabajo.

Por último, la Soberanía Alimentaria, recupera valores campesinos que bien podemos aplicar en las economías solidarias, por ejemplo la austeridad. Es decir, hemos de entender la agricultura y la alimentación – y la economía- dentro de un planeta vivo y finito, evitando el derroche, el despilfarro de nutrientes y energía… recuperando el sentido común y caminando siempre en los límites de la sostenibilidad y de sus posibilidades reales que, recuperando esta consciencia, son, de verdad, ilimitadas.

La agricultura en una economía capitalista con la agricultura en una economía solidaria, comparemos:

  • Donde ahora tenemos una agricultura separada de la Naturaleza (o peor, una agricultura que se siente dominadora de la Naturaleza) recuperaremos una agricultura que es parte de la Naturaleza, y ésta, por cierto, la recompensará.
  • Dónde ahora tenemos una agricultura machista (producir más, ser la empresa más fuerte, tener el tractor más grande…) buscando el control y el poder, tendremos una agricultura feminista revalorizando las ansías del cuidar y del ofrecer.
  • Donde tenemos una agricultura que, como los trenes de alta velocidad, no paran en ninguna estación, tendremos una agricultura de cercanías, recuperando en cada estación, sea verano o invierno, los sabrosos productos locales y de temporada.
  • Donde ahora dependemos del petróleo, negro, viscoso y ¡finito!, para producir alimentos, la agricultura del futuro volverá a trabajar con el Sol, un aliado voluntario, generoso y nunca absentista.
  • Frente a la agricultura de una cosechadora que siega, trilla y contamina –tres en uno-, proponemos  una agricultura intensiva… en mano de obra, generando muchos medios de vida.
  • Frente al gran modelo de distribución, recuperemos el pequeño comercio, los mercados locales y nos organizamos en grupos de consumo para decidir qué comemos y quien lo produce.
  • Por último, frente a las cosechas uniformadas del monocultivo, se apuesta por huertos fundamentados en la biodiversidad. Patatas, ovejas, patos, guisantes, berenjenas y altramuces comparten la misma tierra, y eso les hace sanos.

Patricia Dopazo y Gustavo Duch.

Fuente: Palabre-ando.

¿Qué aporta la soberanía alimentaria?

Campo de Arroz, Guinea Bissau. Foto Sodepaz

En el proyecto Fiare de Banca Ética hemos visto con claridad desde la misma creación de la iniciativa que uno de los retos fundamentales que afrontábamos era la forma de construir políticamente el proyecto. Ahí nos íbamos a jugar no solo la legitimidad, sino sobre todo la capacidad de ofrecer una propuesta de alternativa capaz de hacer intermediación financiera de acuerdo con criterios absolutamente distintos a los que han venido desarrollando las entidades financieras tradicionales.

Ante este reto de construir políticamente el proyecto, fijamos nuestra mirada en otras propuestas de acción colectiva que tratan de articular circuitos económicos alternativos vinculando a personas y organizaciones tanto en la oferta de productos y servicios, como en la intermediación y la demanda.

Hoy sabemos en Fiare que Banca Ética y Soberanía Alimentaria compartimos un nicho cultural común, una misma manera de entender cuáles son los desafíos que el neoliberalismo está planteando a nuestras sociedades, y cuáles son los mecanismos posibles para hacerles frente. Por eso hemos apostado con firmeza por mantener una triple vinculación con los movimientos en defensa de la Soberanía Alimentaria.

En primer lugar, porque ellos deben ser (y son) parte importante de la construcción de Fiare, en segundo lugar, porque con ellos compartimos valores y estrategias en el marco de la Economía Solidaria, y en tercer lugar porque ellos deben ser unos de los destinatarios preferentes de nuestra actividad de crédito. La creación de circuitos de ahorro–intermediación–crédito orientados a reforzar el ámbito de la Soberanía Alimentaria es hoy un desafío al que en Fiare sabemos que tenemos que responder.

Peru Sasia. Proyecto Fiare.

Fuente: Revista Soberanía Alimentaria.

Financiando la pobreza en el mundo.

En este artículo se analiza de forma específica la corresponsabilidad de las Cajas de Ahorros españolas en la violación de la soberanía alimentaria a partir de las relaciones que mantiene con actores de anticooperación, a través de la participación accionarial en empresas transnacionales o la facilitación de financiación a proyectos. Un vínculo que, como se va a poder comprobar, produce efectos de tipo totalmente opuesto al de los de su obra social.

La misión fundacional de las cajas

Los siguientes elementos son las características básicas a las que debía responder la misión fundacional de las Cajas de Ahorro: Son entidades de crédito constituidas bajo la forma jurídica de fundaciones de naturaleza privada. Tienen finalidad social y están enraizadas en el territorio, gestionando el ahorro de particulares y facilitando acceso al crédito a personas y al tejido productivo a través de la intermediación financiera en condiciones razonables de riesgo. Las Cajas tienen una política activa hacia colectivos en riesgo de exclusión social, llevando los servicios financieros a la mayoría de los rincones del Estado y, evitando de esta forma la usura. Además, al no tener ánimo de lucro, pueden destinar hasta el 50% de sus excedentes líquidos al Fondo de Obra Social. El otro 50% lo tienen que destinar a reservas para reforzar su capitalización y solvencia.

Inmersas en un mundo como el financiero, que ha experimentado un crecimiento desorbitado y muy por encima de la evolución de la economía real, las Cajas de Ahorro parece que hayan olvidado su misión fundacional o se hayan alejado mucho de su camino, dejándose arrastrar por un objetivo de crecimiento que ha pasado por delante de todo lo demás. ¿Cómo si no podemos entender que cada vez haya más Cajas de Ahorro con participaciones de empresas transnacionales, invirtiendo en promociones inmobiliarias y vinculadas con negocios armamentistas o que vulneran los derechos humanos en países empobrecidos?

Como ya se viene denunciando hace tiempo, las Cajas de Ahorro en las últimas décadas se han ido alejando progresivamente de su espíritu fundacional antes definido y que ahora con los procesos de privatización o de ‘bancarización’ desaparecerán, lamentablemente, del todo.

Algunos ejemplos de participación de Cajas de Ahorro españolas en proyectos que vulneran la Soberanía Alimentaria.

  • Las Cajas financiando la pobreza en el mundo:

CatalunyaCaixa lanzaba el 12 de enero de 2011 el depósito ‘100% Natural’. En la documentación promocional informaban que dicho depósito permitía obtener hasta un 7% de rentabilidad anual a partir de la evolución del rendimiento de tres materias primas: el azúcar, el café y el maíz. Después de las primeras denuncias Veterinarios sin fronteras, COAG y Mundubat iniciaron una campaña de recogida de firmas para exigir su retirada ya que dicho tipo de producto financiero contribuye a la especulación alimentaria y al incremento exagerado de los precios de los alimentos golpeando con fuerza a los sectores sociales más débiles en todo el planeta. Después de haber acumulado más de 2000 firmas, se consiguió que CatalunyaCaixa se comprometiera a retirar por escrito este depósito en su oferta comercial y a descartar la comercialización de nuevos productos que operen con alimentos.

  • Las Cajas y los transgénicos:

Según el informe “Las malas compañías de Ibercaja” de Amigos de la Tierra, Ibercaja destina parte de su Obra Social a financiar el aparato propagandístico de las multinacionales de los transgénicos a nivel mundial. Apoya económicamente desde hace varios años los informes anuales del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas (ISAAA), que recogen los intereses del lobby de la industria de los transgénicos y son acusados de manipular y exagerar su expansión para influir sobre los decisores políticos. A parte del ISAAA, Ibercaja también financia a Ibercib, un centro de información en innovación biotecnológica que supuestamente distribuye información objetiva acerca de la industria de los transgénicos. Además, Ibercaja cuenta con el Fondo de Inversión ‘Ibercaja Petroquímico’ que incluye desde hace varios años inversiones en prácticamente todos los gigantes agroquímicos implicados en el negocio transgénico: Bayer, Syngenta, Monsanto, Du Pont o Dow Chemical.

  • Las Cajas y la industria porcina:

Campofrío Food Group es la compañía de elaborados cárnicos líder de Europa y una de las cinco más importantes del sector en el mundo. Está participada en un 4,17% por Banca Cívica (antes la Caja de Burgos) y controlada en un 37% por Smithfield Foods, que es el mayor productor de porcino en el mundo. Su modelo de ganadería intensiva aplicado en el Estado español se basa en grandes fábricas cárnicas que maltratan a los animales hacinándolos en naves. Dicho sistema lleva a las y los pequeños ganaderos a la quiebra y contaminan el agua y el aire, poniendo en peligro la salud de los residentes locales y de los consumidores.

  • Las Cajas y la pesca:

Pescanova es la principal empresa pesquera de España, la tercera de Europa y la octava en el mundo. Sus filiales en Namibia, Argentina, Chile y Centroamérica, son responsables de la sobreexplotación de bancos de pesca locales, de la contaminación y destrucción de ecosistemas, de incumplimientos de los derechos laborales de sus trabajadores y trabajadoras y de la destrucción de las estructuras económicas locales basadas en la pesca artesanal. Las Cajas de Ahorros que participan accionarialmente en Pescanova son: Novacaixagalicia con un 9,7% (antes Caixa Galicia y CaixaNova). A través de la sociedad Liquidambar Inversiones Financieras SL. que detenta el 5,014% de Pescanova, también están vinculadas: Caja Castilla-La Mancha, Caja Salamanca y Soria, Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM), Caja de Burgos, Caja de Ahorros y Monte de Piedad de las Baleares, Caja San Fernando y Unicaja, cada una de ellas con un 13,33% de Liquidambar.

La filial del Grupo Calvo en El Salvador está sobreexplotando bancos pesqueros en las aguas salvadoreñas al utilizar redes de gran tamaño y dispositivos de agregación de peces que atraen no sólo grandes cantidades de atunes, sino también, otros tipos de especies. Además, se tiene constancia de la vulneración de los derechos laborales de las personas trabajadoras por medio de conductas antisindicales y suspensiones de contratos. Las Cajas de Ahorros que participan en el Grupo Calvo son Novacaixagalicia (antes CaixaNova) con un11%, Banco Base (antes Caja Castilla La Mancha) con un 5,5% y Banca Cívica (antes Caja de Burgos) también con un 5,5%.

  • Las Cajas y el papel:

Por medio de la filial EUFORES, la compañía española fundada en 1957 la Empresa Nacional de Celulosa, ENCE, gestiona actualmente en Uruguay más de 120.000 hectáreas, principalmente plantaciones de eucaliptos. Las plantaciones han sustituido terrenos de uso agrícola y ganadero, destruyendo el empleo, secando los pozos con los cuáles se abastecía la población de la zona, obligando a los habitantes de los barrios y a los pequeños productores agrícolas a desplazarse ya que la empresa no les ofrece puestos de trabajo adecuados. Las plantaciones también están causando el desplazamiento de apicultores ya que la empresa les obliga a retirar sus colmenas. La empresa fue denunciada en el Tribunal Permanente de los Pueblos de Viena por violar los derechos ambientales al tratar de abrir una nueva planta de tratamiento de pasta de celulosa en Uruguay. También ha sido denunciada y condenada en España por contaminar de forma continuada la Ría de Pontevedra entre 1964 y 1994, afectando a pescadores y marisqueros de la zona. Actualmente sigue incumpliendo la legislación europea y española en materia de vertidos. Con lala reestructuración de las Cajas de Ahorros tenemos que el Banco Base que integra Cajastur y Caja Castilla-La Mancha tiene el 6,34% de las participaciones de ENCE y Marenostrum (Caja de Murcia y Caja de Granada) suma el 2,5% de las acciones.

  • Las cajas y el territorio:

La empresa Hansa Baja Investments lleva 3 años buscando permisos para ejecutar el Proyecto de Cabo Cortés, un gran complejo turístico-residencial de casi 40 Km2 en el municipio de Los Cabos, en México. Este proyecto invadiría el litoral costero del Parque Nacional Marino Cabo Pulmo y es ilegal, puesto que incumple el Plan de Ordenamiento Ecológico del municipio y viola las normas de protección de los Sitios Ramsar y de los lugares que son Patrimonio de la Humanidad. Hansa Baja Investments está participada por CAM (Caja del Mediterráneo) en casi un 30% y además, le ha otorgado préstamos para proyectos inmobiliarios por valor de 700 millones de euros.

Conclusiones

Como se ha podido comprobar, las Cajas de Ahorros se han alejado de su misión fundacional al invertir nuestro dinero en proyectos con los que nunca nos hubiéramos querido relacionar. Se han convertido en actores corresponsables de las vulneraciones de derechos humanos y los impactos ambientales vinculados a la soberanía alimentaria que provocan las empresas transnacionales. Sin la participación financiera de las Cajas de Ahorro difícilmente estas empresas podrían desarrollar sus actividades.

Jesús Carrión y Marta Serra son miembros del Observatorio de la Deuda en la Globalización www.odg.cat

Fuente: Revista Soberanía alimentaria, biodiversidad y culturas.

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